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¡Hola Amigos!

Mucho se habla en estos días sobre el bloqueo o embargo económico impuesto por EE. UU. a Cuba, tema que, a entender del que suscribe, se debe analizar en toda su dimensión. Lo que aquí diga, puede no gustar, pero así es como lo veo. Los bloqueos o embargos, llámenle como deseen, no son los mejores medios de confrontación. El impuesto a Cuba fue injusto desde el inicio, luego se recrudeció, la Vermicelli, la Helms-Burton, y al final, solo sufrimiento del pueblo cubano, mientras que el gobierno permanece en sus trece y observando cada cuatro u ocho años los cambios de administración norteamericana. El 45to. presidente ha sido el que más sanciones ha aplicado, algunas de ellas dañando a sus aliados de la Unión Europea, pero el resultado ha sido el mismo, un pueblo sufriendo y la cúpula gobernante en sus trece. Si bien digo que es injusto, al menos en aquello que se refiere a todo aquello que no sea armas o sustancias químicas prohibidas, no se puede entender que sea el bloqueo el único causante de las penurias de la población cubana. El 1 de mayo de 1973 Fidel Castro dijo en el discurso de aquel día: “En la biblia existe el famoso ejemplo del hombre que vendió sus derechos de nacimiento por un plato de lentejas. El pueblo cubano nunca venderá su causa por ningún plato de lentejas.” Se refería al hecho que Esaú, hijo mayor del patriarca Isaac y de Rebeca, vendió sus derechos de nacimiento a su hermano Jacobo por un cuenco de lentejas. Esa frasecita del plato de lentejas se repitió varias veces a lo largo de las décadas de los 70 y 80, que la tomé como sinónimo del embargo americano. En realidad, no se reclamaba nada entonces, ni siquiera el tema era llevado a las Naciones Unidas para discusión. Cuba recibía de todo de la URSS, incluido pienso animal y hasta arroz de Crimea. Las cosas se tornaron distintas desde la llegada, primero de Yuri Vladímirovich Andrópov, luego de Mikhail Sergueievich Gorbachov. No obstante, Cuba siguió recibiendo lo esencial hasta que llegó 1991 y la desaparición de la URSS. Fue entonces que el plato de lenteja se convirtió en un tema importante, no era para menos. La economía cubana no mostró ninguna solidez una vez terminadas las entregas soviéticas. Vino el mal llamado Período Especial, que de especial no tenía nada. Las desgracias y penurias no son especiales. Era el momento de realizar cambios en la economía del país, no se hizo nada, la neuropatía afectó a millares de personas en el país, los apagones de doce y más horas eran a pupilo, de comer lo que se encontrará, el mercado negro prosperó, un dólar valía 150 pesos, los precios de los productos del país se montaron en las nubes debido a una inflación desmedida, llegó la protesta popular del Maleconazo en 1994, casi de inmediato se permitieron las ventas del agro privado, se legalizó la tenencia de divisas extranjeras, sobre todo el dólar, y se activó el turismo. Todo insuficiente, el mercado se reanimó, pero no del todo, el Estado continuaba de ente centralizador de una economía artificial. Entonces el plato de lentejas o el embargo se convirtió en tema de las Naciones Unidas desde 1992. Durante 29 años la mayoría de los países miembros en la ONU ha votado lógicamente en contra de esa medida, incluso EE. UU. se abstuvo en una ocasión. La pregunta es: ¿Acaso las desgracias cubanas se deben todas al bloqueo? Desde finales de los 60 hasta 1991 no afectó, luego reapareció, los errores de manejo económico interiormente permanecían corregidos tímidamente, la centralización desmedida estaba en pie, controlarlo todo, las fuerzas productivas por el suelo y las producciones por debajo de su potencial. Llegó el gobierno de Hugo Chávez al poder en Venezuela, país con enormes yacimientos de petróleo, había aparecido un nuevo tutor, pero los manejos de la economía seguían ahí. Para colmo en 2002 la industria azucarera fue reducida con el cierre del 70% de sus centrales, reducción enorme de la capacidad de producción, y un 60% de las tierras de la caña se destinó a otros cultivos, buena parte de las mismas luego no cultivadas y cubiertas de la maleza marabú. Año tras año Cuba ha venido registrando reducción continua de su producción azucarera. Mucho personal que trabajaba en los centrales quedaron sin empleo y con pagos de bajos subsidios. La industria principal del país destruida. En Cuba siempre ha existido un refrán “Sin azúcar no hay país”, que la actual administración ha validado largamente, peor aún era haber calificado al “azúcar como la ruina del país”. Desde mediados de los años 60 se planeó la producción de 10 millones de toneladas de azúcar en 1970, toda la economía se volcó en ese inútil empeño, ya que ni a nueve millones de toneladas se llegó, un poco más de 30 años después nos dicen, los mismos que planearon aquella iniciativa, que el azúcar, en buen cubano, no es nada, además de calificar de disparate a la actividad azucarera. Ha habido y existe mucho autobloqueo. Hubo protestas populares el 11 de julio en más de 14 localidades del país, horas después el gobierno autorizaba a viajeros -solo hasta el 31 de diciembre- la importación de alimentos, productos de aseo y medicamentos sin límites ni pagos de aranceles. ¿Por qué levantó la restricción? De ser sensata y razonable, no tenía por qué eliminarla, ¿No es así? Además ¿Por qué hasta el 31 de diciembre y no por siempre? Como dije al principio, sea bloqueo externo de EE.UU. o autobloqueo, ambos han obligado a una gran mayoría de los cubanos a coexistir y sobrevivir en un entorno de pobreza crónica. No le veo la punta pedir a EE.UU. más bloqueo, tampoco creo que el asunto haya que llevarlo en una dirección, o sea exigirle solo a Washington. Hay que también exigir democracia en Cuba y reformas inmediatas que puedan traducirse en una mayor producción y abastecimiento a la población.   

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