La gestión del Conde de Santa Clara como capitán general en Cuba

Entre los gobernadores coloniales dignos
de la recordación de los cubanos, merece un
lugar el Conde de Santa Clara.”
Fernando Portuondo (historiador cubano)

Por Ricardo Labrada

La obra de Don Luis de las Casas en Cuba tuvo una continuidad con el nuevo Capitán General, el teniente general Juan Procopio Bassecourt y Bayas, Conde de Santa Clara y Barón de Maials.

El noble en cuestión nació en Barcelona el 22 de abril de 1740, era hijo del Conde Santa Clara (I), el que fue gobernador del Fuerte Montjuic en Barcelona. Al igual que su padre, el joven Juan Procopio tuvo una amplia carrera militar, que lo llevó a participar en campañas en Portugal y Argel. Llegó a ser brigadier de infantería en 1783, luego agregado a la plaza de Barcelona debido a problemas físicos para participar en combates. Así y todo, fue nombrado mariscal de campo en 1789, luego fungió como gobernador de Ceuta en 1793 y de Gerona en 1794. Fue gobernador y corregidor de Barcelona en 1795 hasta que en 1796 fue designado para sustituir a Don Luis de las Casas como capitán general de Cuba.

Su llegada a la isla coincidió con el inicio de una nueva guerra de España con Inglaterra, situación que lo obligó a prestar enorme atención al aspecto militar, mientras que aquellos de carácter económico fueron delegadas al llamado Consulado, el que estaba bien preparado al respecto.

Se puede decir que, durante el mandato del Conde de Santa Clara, la Habana se convirtió en el área más fortificada de América. Una construcción importante fue la llamada Batería de Santa Clara, al oeste de la capital, lugar que actualmente ocupa el famoso Hotel Nacional de Cuba.

Sin embargo, sería injusto omitir las labores de embellecimiento de la capital cubana que se ejecutaron durante el período del mandato de Juan Procopio, así como la creación de nuevos pueblos, como fueron Madruga y Nueva Paz.

Durante la guerra contra Inglaterra, a España no le quedó más remedio que usar barcos de naciones neutrales, sobre todo norteamericanos, para el movimiento de las mercancías cubanas. Lo interesante de todo es que España a ratos prohibía este comercio con otros barcos, pero las autoridades de la Isla, incluido el mismo Conde de Santa Clara respondían con oídos sordos. Solo así podía la economía de la isla crecer y, además, beneficiar a la metrópoli colonial.

Ya para ese entonces en Cuba había 400 ingenios, pero la mayoría de los mismos se concentraban en el tramo de Guanajay a Matanzas, lo cual se justificaba por la existencia de mejores vías y transporte para la caña cortada.

Si bien la economía creció a finales del siglo XVIII, no todo fue color de rosa en cuanto a la producción tabacalera y ganadera. La primera tuvo necesidad de la intervención directa del gobierno para poder estimularla, lo cual se logró con bastante éxito en la zona de Vuelta Bajo.

El crecimiento económico en Cuba aumentó el número de hacendados ricos en el país, los cuales eran tan opulentos como cualquier otro peninsular. Sin embargo, la clase media fue cada vez más pobre, en cuyos hogares abundaban más los catres que las camas.

La gestión del Conde de Santa Clara en Cuba es considerada como la última administración positiva en la isla. Después de eso vino el siglo XIX lleno de sublevaciones lógicas y opuestas a la mala administración y a la desigualdad existente.

Al término de la gestión del Conde de Santa Clara en Cuba en 1799, su puesto en Cuba fue ocupado por Salvador de Muro y Salazar, marqués de Someruelos, mientras él pasaba a Capitán General de Cataluña. Algunas fuentes históricas hablan del nombramiento del Conde de Santa Clara como gobernador de la Florida. Sin embargo, en los listados existentes de estos mandatarios en esa península, el nombre de Juan Procopio Bassecourt y Bayas no aparece.

El conde Santa Clara murió el 14 de abril de 1820 en Barcelona.

Fuentes

Ozanam Didier. s/a. Juan Procopio de Bassecourt y Bryas. Real Academia de la historia. https://dbe.rah.es/biografias/34736/juan-procopio-de-bassecourt-y-bryas

Anon. s/a. Bassecourt, Juan Procopio de (1740-1820). Portal de Archivos Españoles. http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/65621

Portuondo Fernando. 1965. Historia de Cuba 1492-1898. Editorial Pueblo y Educación, pp. 239-255.

14 junio de 2022

“Vivir para vivir (1967)”, la adversidad de una pareja

La mujer perdona las infidelidades, pero no las olvida.
El hombre olvida las infidelidades, pero no las perdona.”
Severo Catalina (1832-1871, periodista y escritor español)

Por Esteban Hernández

No había pasado ni un año del estreno de “Un hombre y una mujer (1966)” de Claude Lelouch, cuando este director francés emprendió otro proyecto con un éxito casi similar al de la cinta de 1966.

Cuando la vi por primera vez quedé bastante impresionado por la trama y las actuaciones de sus protagonistas, además de otra banda sonora de encanto de Francis Lai. El título en Cuba fue de “Vivir por vivir”. La preposición pour en francés, igual sucede con per en italiano, se puede traducir como por o para. Realmente para este título para es lo más indicado.

Lelouch escogió tres protagonistas, dos muy experimentados, como Annie Girardot e Yves Montand, así como la entonces joven californiana y de belleza exuberante, Candice Bergen. La trama pasa superficialmente por encima de los problemas bélicos que afectaban al mundo en esa época, para lo cual aprovecha el papel que interpreta Montand como el periodista Robert Colomb, el que, además de su trabajo, aprovechaba para sus aventuras románticas con su amante Candice, mientras que la dócil y siempre fiel esposa, Catherine (Annie Girardot), quedaba siempre en casa a la espera de su buen esposo, el que llegaba y a las pocas horas volvía a volar por “trabajo”.

Las infidelidades pueden ocurrir repetidamente y el último en saberlo es el afectado usualmente, pero al final se sabe y queda por ver cómo esa persona reaccionará. Su respuesta puede ser contundente y romper la relación con la amante, como hacer ver que nadie sabe lo que tiene hasta que no lo pierde. Es en ese laberinto de descubrimientos y decisiones que se mueve la trama del filme, la que tiene su moraleja indudablemente.

Si hubiera que destacar la actuación de uno de sus protagonistas, no dudo en poner por delante a Annie Girardot, actriz que igualmente convenció con anterioridad con su actuación en el drama de Luchino Visconti, “Rocco y sus hermanos (1960)”. La Girardot interpretó su papel de manera natural y con eficiencia. Cuando una actuación representa cabalmente a un personaje verdadero es porqué lo hizo con la debida profesionalidad. Montand se mostró generalmente muy circunspecto en los diálogos, pero no se quedó muy atrás con su interpretación.

La calidad del filme quedó evidenciada al ser nominado para OSCAR como mejor película extranjera en 1968, premio que en igual categoría obtuvo en los Globos de Oro. La banda sonora de Lai obtuvo varios premios, no era para menos, ya que su calidad es indiscutible. Es un tema que fluye suavemente y no cansa a uno de escucharlo.

11 julio de 2022