“En el béisbol, se trata de luchar por la consistencia,
si la buscas, los números estarán ahí al final.”
Tom Seaver (1944-2020, ex lanzador estrella en la MLB)
Leía la noticia y no lo podía creer, pero luego la asimilé tristemente. El gran lanzador zurdo, el matancero Jorge Luis Valdés Berrier, es uno más en la lista de deportistas cubanos que se han ido con años aún por vivir. No tengo idea de cual fue la enfermedad o que órgano de su cuerpo se afectó, pero no dudo que haya sido su hígado debido a su adicción al alcohol. Dicen algunos que el Tati, apodo dado por su madre, fue varias veces encontrado en la calle ebrio y tirado sobre una acera. Cuando un hombre llega a eso es por decepción en su vida, cuyas causas pueden ser varias, una de ellas puede haber sido olvidado y abandonado en la miseria, sin ninguna recompensa por lo mucho que contribuyó a grandes victorias del equipo cubano en eventos regionales e internacionales. A Valdés también le llamaban el majá por tener la facultad de llevar las piernas bien en alto, a la altura de los hombros
Tati era de Jovellanos, tierra de grandes peloteros cubanos, nacido el 12 de febrero de 1961, quien se inició en el béisbol lanzando en la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) a temprana edad y casi un lustro después en la Escuela de Perfeccionamiento Atlético (ESPA). El Tati se dio a conocer al integrar el equipo Cuba al campeonato mundial juvenil de Argentina (1977), donde fue compañero de juego de otros peloteros estrellas o destacados como Víctor Mesa, Pablo Hernández, José Luis Alemán, José Raúl Delgado y Ramón Castellanos. Ese conjunto obtuvo el segundo lugar de la justa, pero en 1978 ganó ese campeonato disputado en Venezuela, y Tati volvió a ser parte de la selección. Ya para ese entonces jugaba con los Citricultores, equipo con el que debutó en la XVII Serie Nacional (1977-78), y fue parte del equipo Matanzas en la IV Serie Selectiva (1974). Con los Citricultores se mantuvo hasta 1980, y a partir de 1980-81 lo hizo dentro del elenco de los Henequeneros
Tati era hombre espigado de 190 cm de estatura y condiciones le sobraban para triunfar en la pelota nacional cubana. Así que fue madurando, había debutado con 16 años en series nacionales, y en la XXI serie resultó ser uno de los lanzadores destacados, lo que le valió su inclusión en la selección nacional a los XIV juegos centroamericanos (Habana 1982). En la XXII serie nacional (1982-83) tenía 22 años y logró liderar el departamento de juegos ganados (10). Lo grande de su pitcheo, es que cuando venía con control era imbateable. Tenía inteligencia para mezclar sus lanzamientos y ponerlos justamente donde le dolía al bateador rival. Algo que aprendió a lanzar fue la bola de nudillo, lanzamiento que muy pocos pitchers logran dominar. En los tiempos de la pelota amateur cubana, anterior a 1962, el reglano Antonio “Lindo” Suárez fue uno de los que lanzó la bola de nudillo con éxito.
La calidad de Valdés se confirmó en la IX Serie Selectiva (1983), cuando fue colíder en juegos iniciados (17) (empatado con Mario Véliz), líder en entradas lanzadas (130.2) y juegos ganados (11). No obstante, su presencia en el equipo nacional fue permanente a partir de 1986 cuando integró el Cuba a los centroamericanos de Santo Domingo. A partir de entonces integró las selecciones cubanas a los juegos panamericanos en Indianápolis (1987) y Habana (1991), a los centroamericanos en México (1990), San Juan (1993)., a las series mundiales en la Habana (1984), Holanda (1986), Italia (1988), Edmonton (1990), a las copas intercontinentales en Bélgica (1983), Edmonton (1985), Habana (1987), San Juan (1989), Italia (1993), y a los juegos olímpicos en Barcelona (1992). En los juegos panamericanos en la Habana (1991) logró lanzar un juego de 0 hits 0 carreras al conjunto de Canadá. De 30 juegos lanzados en estas lides, Tati ganó 30, perdió uno y su PCL fue de 2.53. Se puede afirmar que fue el lanzador zurdo cubano que más veces integró la selección cubana, la que en la mayoría de los casos fue campeona en esos eventos.
En Serie Nacionales jugó para los Henequeneros hasta 1992, y una vez desaparecido este conjunto, integró el de Matanzas hasta 1997. Recuerdo la excelencia de su pitcheo en el playoff de 1989-90 lanzando contra la alineación del equipo de Santiago de Cuba. Henequeneros se coronó campeón en esa temporada y repitió un año después. En Selectivas jugó para el equipo de su provincia de 1980 a 1992, luego integró la selección Occidentales (1993-95) cuando las selectivas se estrecharon a cuatro equipos. En 20 nacionales ganó 234 y perdió 166 (.585) con 229 juegos completos, 46 lechadas y 22 juegos salvados, PCL 3,13, WHIP 1,30 y 1982 ponches en 3134 entradas lanzadas.
Su tercer apodo, el zurdo de oro, se lo ganó con su dedicación y logros en su carrera como lanzador de los equipos matanceros y las selecciones nacionales. Se fue temprano el gran campeón, todos le deseamos que descanse en paz, y exigimos a aquellas autoridades que se han cansado de hablar de maravillas inexistentes en la pelota cubana post 1962, poner un poco más de empeño, respeto, cuidado y respaldo económico para aquellos deportistas que, como Jorge Luis Valdés, lo dieron todo por su país y recibieron a cambio nada después de su retiro.
Esteban Romero
1 febrero 2025
