“La tragedia suprema no es la opresión
y la crueldad de los malos, sino el
silencio de los buenos al respecto.”
Martin Luther King Jr.
Puede dar asco leer esto, pero es necesario que la gente gane conciencia de cómo está este mundo, como los bandoleros se hacen del poder y le hacen la vida imposible a gente que no le ha hecho daño a nadie, que su único pecado es ser trigueñitos, morenitos y hablar esa bella lengua que es el español, y querer asilarse.
El testimonio viene de tres ciudadanos venezolanos Andry Hernández Romero, Jerce Reyes y Andry Blanco Bonilla, los que fueron despachados desde EE. UU. a la cárcel conocida como CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo), donde el abuso es pan nuestro de cada día.
Dicen que desde que llegaron les pegaron con todo y les dejaron morados en el cuerpo, abuso psicológico y negación de las necesidades como los alimentos y un baño decente donde defecar y orinar.
Ellos, venezolanos, fueron deportados aun tercer país, al Salvador, como parte de los esfuerzos de la actual administración estadounidense de “limpieza”, étnica, por supuesto, a través del Acta de Enemigos Extranjeros, aunque ellos no tenían vínculos algunos con bandas criminales, y maltratados por el solo hecho de tener tatuaje. Para su suerte y después de miles de vejaciones fueron liberados el 18 de julio del presente año y enviados a Venezuela. Eso se hizo en un trato entre el gobierno de EE. UU. y el de Venezuela.
Hernandez Romero es un joven de 32 años, homosexual, el que buscaba asilo en los EE. UU. Él afirma que durante el período de prisión fue llevado a un lugar apartado y solitario, obligado a arrodillarse y mamarle el pene a uno del personal de la prisión, mientras otros alrededor lo manoseaban y le tocaban sus genitales.
Reyes dijo que el abuso llegó al extremo cuando le exigieron que se suicidara, algo que no llegó a ser de milagro. La pesadilla era diaria, solo el pensamiento en su familia y sus creencias religiosas le salvaron de esta locura.
Bonilla, por su parte, dijo que no olvidará la forma en que los recibieron en la CECOT. El oficial al mando les dijo: “Bienvenidos a la CECOT, bienvenidos al infierno”. Los guardias tenían libertad para golpear, mientras que los médicos allí escribían falsos reportes.
Ahora que están de regreso en casa con sus familias, ellos tres están demandando al gobierno de EE. UU. y a su aliado, el presidente del Salvador, Nayib Bukele.
Mis comentarios aquí no valen, pues me vienen a la cabeza todas las maldiciones que a uno no deben ocurrírsele. Sería bueno que lo leyeran aquellos que quieren santificar al dictador salvadoreño y su régimen de prisión. El Salvador es pagado por ese servicio por el gobierno de EE. UU. y con miles de dólares por cada uno de los deportados.
Ya ven, Venezuela tiene una tiranía, no hizo caso al resultado de sus elecciones, pero juega con cabeza en este rollo. Maduro es el humano esta vez. Al final la tiranía se fortalece gracias a la maldad de otras encubiertas.
Nota: Información brindada por NBC News del 28 de julio 2025.
RL
28 julio 2025