La encrucijada ucraniana

Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no
tendrás que temer los resultados de cien batallas.”
Sun Tzu

Hablemos de Ucrania y su situación. Aclaro, para evitar equivocaciones o malas interpretaciones, que siento afecto por la población de los tres países eslavos que componían la difunta Unión Soviética, o sea Bielorrusia, Rusia y Ucrania, en los que viví años. Por lo que hacia ellos siento agradecimiento y cariño por el conocimiento profesional que allí pude adquirir.

Esta agresión del Kremlin a Ucrania la rechacé desde sus inicios, guerra fratricida de hecho. Ya la URSS no existe y Ucrania es un país soberano e independiente. Es cierto que esas tres naciones mencionadas guardan muchas costumbres, cultura e historia en común, pero si en diciembre de 1991 decidieron separarse por antojo del futuro presidente de Rusia, que conste, que no es el actual, entonces hay que respetar las decisiones y acuerdos firmados.

En Ucrania no hay ninguna discriminación a los rusos. En Kiev se habla ruso como en Moscú. Hay partes que históricamente han sido más ucranio hablantes como es el caso de Ucrania occidental, la llamada Galitizia, con ciudades como Lviv o Lvov (en ruso), pero es raro ver a alguien que no hable ruso. Lo más que me ha sucedido aquí en España es que le hable a un ucraniano, precisamente occidental, en ruso y este me responda en su lengua, la que entiendo, pero hablo muy poco. Naturalmente, perdió su tiempo, pues la conversación continuó él con su mova (lengua) y yo con la rusa. No me cabe en la cabeza esa narrativa de nazis en Ucrania y gente discriminada por hablar ruso.  

Vayamos al tema que quiero tratar y tiene bastante que ver con el presidente de Ucrania, Wolodímir Oleksándrovich Zelenski. En ruso sería Vladimir Alexandrovich Zelenski, ciudadano judío-ucraniano, nacido en Krivii Rig (en ruso Krivoi Rog, Cuerno Sinuoso) en 1978. A este presidente, reconozco, que le ha tocado bailar con la más dura. Ganó las elecciones en 2019 y asumió su cargo, como si fuera un presidente cubano del pasado, un 20 de mayo de ese año. Zelenski, apellido que significa Verdoso, es un artista y comediante muy exitoso, nada conocido en el mundo de la política. Su victoria electoral fue sobre Petró Poroshenko, quien había ganado las elecciones de mayo de 2014, justamente poco después de la destitución de la marioneta del Kremlin, el presidente Víctor Yanukovich, lo que sucedió el 22 de febrero de 2012. El Vitia huyó a Donetsk y luego voló a Rusia, de lo contrario la habría pasado mal. La llamada protesta Maidán (plaza) estaba en pleno apogeo en las calles del centro de Kiev (Kreschatik), la cual iba en contra de la decisión de Vitia Yanukovich de no integrar a Ucrania en la Unión Europea. Temporalmente Oleksandr Turchínov fue nombrado presidente interino por la Rada, parlamento ucraniano, hasta que se celebraran las elecciones.

Vaya casualidad, Yanukovich huye y el Kremlin invadió a Crimea el 20 de febrero de 2014. La península indicada es muy importante para Rusia desde el punto militar, allí radica la base de Sebastopol, la que nunca se desmanteló y Ucrania cumplió su acuerdo de no tocarla. Crimea fue territorio ucraniano desde 1956, un regalito que le hizo Nikita Sergueivich Jhruschov, el cual la actual administración del Kremlin violó y para justificarlo organizó un referéndum, cuyo resultado ya era conocido desde antes de hacerse los preparativos de este espectáculo.

El 24 de febrero, los cubanos, antes, ahora ya es hasta fecha triste, celebran el inicio de la guerra de independencia en 1895, pues los rusos sin saberlo probablemente atacaron a Ucrania un día como ese de 2022. La invasión se inició con un ataque coordinado por tierra, mar y aire en múltiples puntos de Ucrania, con el objetivo primario de tomar la capital, Kiev, algo que el Kremlin no logró. Su atención principal, aparte de Kiev, eran las regiones de Ucrania oriental y tomar cuanto litoral pudieran.

Llevamos más de tres años de guerra y el Kremlin no ha podido vencer y dominar a Ucrania como así pretendía. Los ataques son recíprocos, pero Rusia es una de las dos primeras potencias militares y lleva siempre la de ganar, aunque su armamento, algo obsoleto, de la época de Kaganovich, no ha mostrado ese gran poderío.

El gobierno ucraniano recibió desde los inicios de la confrontación el apoyo de los países de la Unión Europea y de la OTAN. EE. UU. se convirtió en el principal abastecedor de armas, pero las cosas cambiaron a partir del 20 de enero de 2025. Ahora EE. UU. vende su armamento a la Unión Europea, la que paga y luego se lo entrega a Ucrania. A su vez, la administración en Washington D.C. busca a toda prisa un acuerdo para lograr la paz a cualquier precio. Es como el preso a quien van a soltar, pero este saldrá a la calle sin ropa encima.

La última entrevista entre Zelenski y el mandatario de allá fue más de lo mismo. Previamente a esa reunión, el mandamás en Washington D.C. había sostenido una conversación con su homólogo en el Kremlin. Este último sentó dos condiciones para la “paz”. EE. UU. no le vendería a Europa misiles Tomahawks para ser entregados a Ucrania. Por supuesto, la dirigencia rusa sabe que ese armamento les puede hacer un hueco en la misma Plaza Roja. La otra condición es que Ucrania ceda Donetsk completamente, con “cosacos” y todo, y el Kremlin “gentilmente” le devolvería partes de Zaporizhia, Jersón y otras ocupadas, nada de devolución completa. Como era de esperar Zelenski se enojó por enésima vez con su buen “amigo” y no aceptó. De sobra, él sabía que la Rada diría un NIET más grande que el Dniéper cuando presentara la “amable” propuesta del presidente estadounidense.  

Por mi cuenta, era la tercera vez que Zelenski iba a Washington D.C. en 2025. En la primera lo ofendieron y lo menospreciaron, tanto un periodista que le preguntó por qué andaba siempre con la misma ropa. Parece que él quería que Zelenski fuera en esmoquin a la Casa Blanca, luego JD, el vice, le ordenó agradeciera todo lo que había hecho el mandatario de allá por Ucrania. Yo no sé que tenía que agradecerle, pues el primer impeachment que le hicieron al del más allá fue por retener fondos asignados por el senado como apoyo a la guerra en Ucrania. Luego el grueso de las armas, pagadas por EE. UU., fueron entregadas por la anterior administración, la de Biden. El presidente ucraniano agradeció de mala gana al actual presidente, pero en su segunda visita vino vestido con un trajecito negro y el mismo mediocre periodista lo felicitó. Zelenski no debió hacer eso, fue sumisión y no otra cosa.

Me parece que el pueblo ucraniano ha realizado hasta ahora una hazaña enfrentándose a esa agresión, miles de hombres han muerto de ambas partes, incluso mercenarios norcoreanos y cubanos en las filas del ejército ruso. Ganar la guerra no se logra buscando Tomahawk, puede que no le guste, lo que diga, a lo mejor ni se entera. Tome ejemplo de Vietnam, país que hizo la guerra con sus tropas, nada de chinos, rusos o cubanos. Aceptaban ayuda en armamentos, alimentos y medicinas, mientras que sus líderes estaban encuevados y trazando planes de lo que había que hacer diariamente para vencer a un enemigo muy bien pertrechado con todos los equipos modernos que disponía. No recuerdo haber visto a algún dirigente vietnamita en aquel momento montando avión a diario para ir a Moscú o a Pekín.

Lo lamento, pero Zelenski no se baja del avión, cuando no está en Bruselas, está en Londres o París, sino en Washington. Hasta fue a la toma de la presidencia de Javier Milei en Argentina, ¿para qué? ¿habrá ido a pedirle carne a Milei? Hace un tiempo una familiar me lo había comentado y veo que tiene toda la razón del mundo.

Vierto aquí mi opinión, pero Zelenski no debe ir más a Washington D.C. Se sabe que en la segunda visita habló con el mandamás y le sugirió la venta de millones en armas, a sabiendas que quienes pagaban por ellas eran los ciudadanos de la Unión Europea con sus impuestos. Un poco más de llamadas telefónicas y visitas de los gobernantes europeos a Kiev, de manera que Zelenski esté donde debe estar en plena guerra. Ese cuchicheo en Washington es inútil con una persona que es el único que no ha visitado a Ucrania. Joe Biden estuvo de visita el 20 de febrero de 2023 y Anthony Blinken, secretario de estado, en varias ocasiones, mientras que el actual miamense al frente de la diplomacia estadounidense no ha ido ni una sola vez. Los mandatarios europeos sí han estado en Ucrania en guerra varias veces.

Con esto hay que dejar aclarado que los aliados de Ucrania, excepto Hungría, están en la Unión Europea, Canadá, Japón, Australia y otros países de la OTAN, y que la guerra habrá que ganarla con inventivas y ataques por sorpresa en las zonas ocupadas, pero el líder del país agredido montado con tanta frecuencia en un avión no resuelve una guerra.

La supuesta paz propuesta por el Kremlin y aprobada también por la Casa Blanca no resolverá el problema ucraniano. Entregar el 20% del territorio de ese país ocupado por las tropas rusas no es paz, es rendición y sumisión, y lo peor, hoy es el 20 y mañana será el 40%, mañana también serán los territorios de los países del Báltico, Polonia, Eslovaquia, Rumania y hasta la misma Hungría, la que piensa que por su actitud será intocable en ese conflicto.  

Nuestro apoyo debe ser decididamente por la causa del pueblo ucraniano y la recuperación de su territorio. Los problemas de sus gobernantes son importantes, ya que ellos deciden al final lo que hay que realizar, pero si hay ministro de relaciones exteriores en Ucrania, no es para que el presidente lo está reemplazando a diario.

Es una batalla difícil, pero sí se puede con la astucia. La posesión de grandes armamentos, demostrado está, no siempre ganan las guerras. No olvidar en Ucrania que el amigo de mi enemigo es también mi enemigo.

Ricardo Labrada
23 octubre 2025

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