“El boxeo puede resultar en muertes y
producir graves daños cerebrales.”
Traffic Light System Boxing CIC
¿Me gusta el boxeo? No lo niego. Haber nacido en una tierra de boxeadores destacados lo empuja a uno a ver los combates y aprender mucho de las técnicas que se utilizan.
En Cuba tuvimos campeones mundiales en el boxeo profesional antes que se prohibiera con otros deportes a partir de 1961. El gobierno sabía que había semilla buena para hacerla prosperar en eventos internacionales y llevarse una buena cantidad de medallas de todos colores. No voy a hacer mucha historia al respecto, solo afirmar que existe, sin disponer de aulas o pupitres, una escuela cubana de boxeo, la que se impuso antes y se impone ahora. Sigo muy de cerca a los boxeadores cubanos profesionales, los que en Cuba llaman cinchetes, palabra mal usada, ya que debe ser chincheta, tipo de clavo metálico con cabeza ancha y plana, y punta afilada. Muy buenos púgiles sin duda.
Sin embargo, vi una peli, la que jamás había visto, protagonizada por Tony Curtis y Ernest Borgnine, cuya trama tiene que ver con el boxeo. No es la única que existe, hay otras más, como “Kid Galahad (1937)” de Michael Curtiz con Edward G. Robinson y Humphrey Bogart, “The contender (1944)” de Sam Newfield con Buster Crabbe en el papel de un conductor de camiones que se convierte en boxeador para ganar dinero y poder pagar la educación militar de su hijo; “Cuerpo y alma» (1947), dirigida por Robert Rossen con John Garfield de pugilista, hombre humilde, el que al final se ve envuelto en una telaraña de crimen y corrupción; “El ídolo de barro (1949)” de Mark Robson con Kirk Douglas y Arthur Kennedy, trama sobre un boxeador ambicioso; y “Más dura será la caída (1956)” del mismo Robson con Bogart y Rod Steiger, en la que un hombre fuerte sudamericano, pero nada hábil en el boxeo, es usado como carnada en combates organizados con vencedores y vencidos prefijados. Hay más filmes, como aquellos protagonizados por Paul Newman (Rocky Graziano), Robert De Niro (Jake La Motta), Tony Lo Bianco (Ricky Marciano) y Will Smith (Muhammad Ali) entre otrAS
De la peli que quiero comentar es del drama “Campeón sin victoria (The square jungle 1955)” de Jerry Hopper protagonizada por Tony Curtis y Ernest Borgnine, donde nuevamente se ve a un muchacho joven que se gana la vida haciendo trabajos de poca monta y que desea mejorar económicamente en unión de su viudo padre, un hombre al que la pobreza lo llevó por senderos nada correctos, por lo que a ratos se veía enredado con la justicia local. Su hijo decidió boxear a sabiendas que tenía en sus puños y así poder ordenar un poco la vida de su padre.
Como siempre, doy una descripción breve y dejo que los lectores busquen la peli, si es que la desean ver, y saquen sus conclusiones. En YouTube la encontrarán, pero hablada y subtitulada en inglés.
Ahora hay aspectos de la peli, en las que no coincido. Entiendo que cuando una persona sube al cuadrilátero es para ganarle al adversario y no pasarle pétalos de rosa por la cara. El pugilista le debe dar hasta que el contrario caiga, mientras más golpes das, mejor puntuación obtendrás. Si el adversario viene con problemas de salud, lo cual el púgil contrario puede no saberlo, el resultado fatal que ocurra corre a cargo de aquellos que arreglaron el desafío y del árbitro principal.
El director Hopper no puede ponerme a un boxeador victorioso como asesino. Lo fatal le toca al árbitro principal, quien debe parar la pelea cuando hay superioridad evidente, aparte que si los organizadores de la pelea lo sabían ellos son culpables también. Es ahí donde discrepo del director y del guionista George Zuckerman. Nadie censura al boxeador vencedor, se censura a los árbitros y mafia detrás del telón. Tampoco nadie se retira del boxeo por dejar muy mal a un rival o hasta matarlo.
El boxeo profesional no ofrece protección adecuada a los púgiles, no lo duden. Eso no es el boxeo aficionado, donde una herida puede ser más que suficiente para parar la pelea. Tres caídas en un pleito también justifican detener el combate. El boxeo profesional parece como si gozara al ver la sangre correr.
No nos ceguemos, el dinero que corre con esos combates son millonarios y halar público, llenar las gradas y televisar de costa a costa el pleito es todo un negocio con buenos réditos. Si se muere alguien, flores para el entierro y cerrado el asunto.
Hay ejemplos claros en la historia del boxeo de lo que digo. El villareño Benny Paret llegó a ser campeón mundial de los pesos welter cuando en una pelea revancha venció al estadounidense, nacido en Islas Vírgenes, Emil Griffith. La primera pelea entre ambos fue en abril de 1961, en la que Griffith lo noqueó en 13 asaltos, luego Paret le ganó en 15 rounds en setiembre del mismo año. El mánager del cubano era Manuel Alfaro, el que permitió que Paret peleara en los pesos medianos con Gene Fullmer, el que puso al cubano al rojo vivo de la paliza que le dio. El fallo fue de Alfaro, seguro no vive para contar que lo movió a hacer esa burrada. Ese mismo Alfaro le permitió a Paret, el campeón mundial de los welters, subir al ring nuevamente con Griffith. La pelea con Fullmer había sido en diciembre de 1961. El cubano se quejaba de dolores de cabeza por la paliza recibida, pues el Alfaro lo llevó a defender la faja de campeón 104 días después del combate con Fullmer, 24 de marzo de 1962 en el Madison Square Garden.
Griffith tenía fama de homosexual, algo que Paret sabía y en más de una oportunidad se burló por eso del mismísimo Griffith, un foul en toda regla y una forma de elevar la animosidad entre ambos rivales. La pelea fue desde el inicio ventaja para Griffith, pero en el sexto Paret lo llevó a la lona, nada se levantó y se recuperó. El asalto de la desgracia fue el duodécimo cuando Griffith le bajó 29 golpes consecutivos, y el árbitro judío Ruby Goldstein se hizo el de la vista gorda, a Alfaro tampoco se le ocurrió tirar la toalla.
Lo sacaron del ring inconsciente y así permaneció diez días hospitalizado hasta que murió. La culpa no fue de Griffith, fue del árbitro y el mánager de Paret.
Un año después hubo otro campeón mundial fallecido en combate. Se trata de Davey Moore contra el cubano Ultiminio Ramos, quien, por cierto, ya tenía un muerto en sus primeros años como boxeador en Cuba, el llamado “Tigre blanco”, a quien Ultiminio castigó fuertemente y le provocó la muerte a su adversario días después.
La realidad es que Moore no estaba en perfectas condiciones de salud cuando subió al cuadrilátero. Era para haber postergado ese bout, pero los ambiciosos del negocio poco o nada le importaba lo que pasara en la pelea. El primero negado en suspender la pelea en Los Ángeles fue el mismo Moore, el que pronosticó su victoria. La realidad es que el matancero, el que luego residió en México (no me le quiten la ciudadanía, tan cubano como Pérez Prado y Otto Sirgo), la noche del 21 de marzo de 1963 en el estadio Chávez Ravine, la sede de los Dodgers, envió a Moore a la lona en el quinto asalto. El árbitro entendió resbalón, fíjense, pero Ultiminio le volvió a conectar fuerte al extremo que el protector saltó de la boca de Moore. No obstante, el estadounidense se recuperó y pudo emparejar algo las acciones con buenas conexiones. Llegó el décimo, Moore sangraba por la nariz, Ultiminio lo choca con un izquierdazo y Moore cae de rodillas, a lo le siguió una ráfaga de golpes, que la prensa deportiva estadounidense ha minimizado. De la paliza, Moore cayó de espalda y su cabeza chocó con la cuerda más baja. En un acto de coraje, se levantó, pero ya era para detener el combate, Moore era el clásico punching back. La campana lo salvó y no salió a pelear en el undécimo, más ya no se podía hacer por parte de Moore. Tres días duró Moore después de la pelea.
Ultiminio declaró lo mismo que yo pienso: “En el ring, los boxeadores somos socios. Le entramos al tiro. No para herir o matar, sino para demostrar habilidad y ganar.” Murió Moore ni el árbitro paró la pelea, ni hubo toalla, ¿qué culpa tenía Ultiminio? Ninguna.
Así que el argumento de esta peli de Hopper con Tony Curtis tiene un fundamento muy débil y no refleja que la crueldad de este boxeo no está en los púgiles, pero sí en todo ese tejido de negociantes alrededor del negocio.
Fuentes
Anon. 2018. Ultiminio Ramos: aprender a vivir con la tragedia. Art De-Ko, 31 de agosto. https://artdeko697981504.wordpress.com/2018/08/31/ultiminio-ramos-aprender-a-vivir-con-la-tragedia/
IMDB.com. Campeón sin victoria. https://www.imdb.com/es-es/title/tt0048654/?ref_=nm_flmg_job_1_accord_1_cdt_t_110
Martínez Marino. 2020. La muerte del boxeador cubano Benny Paret: una tragedia imposible de olvidar. El Nuevo Herald, 22 marzo. https://www.elnuevoherald.com/deportes/boxeo/article241413671.html
Esteban Romero
24 octubre 2025
