Un repaso al asunto de la producción de cultivos ilícitos en Sudamérica

La hoja de coca es nuestro sustento… pero sólo nos
ha traído agotamiento, notoriedad y desilusión”.
Eduardo Espinosa, agricultor colombiano

La información vertida en este artículo es la que el autor posee de una reunión regional sostenida en Perú en diciembre de 2007 sobre el tema “Integración de estrategias para la reducción de la droga”, evento en el cual el que suscribe con otro colega, ya fallecido, representamos la FAO.  También de otras informaciones recogidas en mi trabajo habitual como encargado de control de plantas indeseables en la FAO.

Los participantes en esa reunión fueron delegaciones del país anfitrión, Bolivia y Colombia. Como se ve, Venezuela no participó, pues no tiene producción de coca como tal. Igualmente, presentes estaban los delegados de la agencia alemana GTZ, de la Unión Europea, de la UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito) y obviamente delegados de EE. UU., cuyas agencias no fueron reveladas o no llegué a oír.

Fue reunión para buscar alternativas de cultivos para reemplazar la coca cultivada en la región. No obstante, hubo algunos despistes, pues algún que otro trató de desviar la reunión para discutir el narcotráfico, con lo cual la FAO allí no tenía nada qué hacer.

No piensen que les voy a entregar informe técnico completo, lo cual no es ético, pero sí darles una idea de cómo son las cosas al respecto. Tengan en cuenta que mucho ha evolucionado y ha habido reducción de área de cultivo y producción de coca desde ese entonces, datos actualizados que no poseo.

Ante todo, la coca como planta es un arbusto que crece silvestre en la zona andina de siempre. Este vegetal contiene 14 alcaloides, entre ellos la coca, que viene a ser menos de 1%. Las poblaciones indígenas en la sierra mascan las hojas como vigorizante, además de quitar el hambre. Sea en Perú como en Bolivia, con los que he hablado me han dicho que es una maravilla para energizar el cuerpo. En casi todos los países andinos uno puede tomar té de coca y hasta caramelos con este alcaloide, y les aseguro que ayuda a sobrellevar la gran altura en esas áreas. Este uso no debe entenderse como estupefaciente.

Si bien Perú y Colombia entendían la necesidad de buscar cultivos alternativos, no fue así en el caso de Bolivia, la que buscaba ampliar el uso de la hoja de coca. Los bolivianos se aparecieron en la reunión con varios sacos de hojas de coca, cuyo objetivo no llegué a entender.

¿Cómo se llega a la cocaína? El productor debe tener una buena masa de hojas de coca, la que posteriormente se llevara a pasta, para lo cual se usa queroseno. Según me dijo un colega boliviano, los robos de camiones con depósitos de queroseno son muy usuales en esas zonas. Con buena cantidad de hojas y queroseno se puede obtener una pasta. Hacen falta 375 kilos de hojas cosechadas -lo suficiente para llenar una camioneta- y así obtener 2,5 kilos de pasta base de cocaína -la forma intermedia- que a su vez dará un kilo de cocaína pura en la forma conocida de polvo blanco.

Pero para llegar al polvo blanco se requiere de laboratorios. Perú procesa la cocaína en lugares cercanos a la frontera con Brasil, aunque alguna que otra pasta pasaba de este país a Brasil y Paraguay. Digo pasaba, pues no sé ahora como están las cosas.  

Según datos de 2011, la producción de coca global era de un 10 por ciento de Bolivia, un 29 por ciento de Perú y un 61 por ciento de Colombia.

Cuando la coca aún no se cultivaba, la receta fue usar el herbicida glifosato en la selva. Inicialmente las avionetas pasaban a baja altura y así la estela de arrastre (drift) era menos y no afectaba cultivos en áreas vecinas. Glifosato es herbicida total y no selectivo. Las guerrillas en Colombia comenzaron a dispararles a las avionetas, por lo que estas elevaron la altura de vuelo con el correspondiente arrastre más amplio y afectando áreas vecinas. Si se sigue o no aplicando, no lo sé, pero su aplicación trajo serios problemas en las fronteras del Putumayo colombiano con Ecuador, ya que el arrastre llegaba a áreas ecuatorianas.

La coca se convirtió en cultivo con la plantación de esquejes de la planta, la que elevó la producción de hojas y por consiguiente, de cocaína. Las guerrillas obligaban a los agricultores a plantar esquejes y luego entregarle parte de la ganancia de la venta de las hojas de coca, lo que llamaban vacuna. No creo haya habido agricultor que haya decidido no pagar la vacuna.  Esa práctica era común en la región alrededor de Cali en Colombia, según me dijo un agricultor, y no era solo con hojas de coca, era también con el ingreso por otros cultivos.

El desarrollo del cultivo de la coca llegó a un plano más alto cuando se comenzó a sembrar semillas, lo cual era más fácil y rápido. No dudo, es lo que pienso, que se haya desarrollado una coca transgénica resistente al glifosato. Lo cierto es que sea silvestre o cultivada la coca, la aspersión herbicida se mantuvo. ¿Qué hacen ahora? No lo sé, pues las autoridades colombianas han apretado los controles y no son favorables a usar químicos en esta operación.  

La plata aportada por la coca es superior a la del cualquier otro cultivo, por lo que es difícil convencer al agricultor en la idea de reemplazarlo. Eso fue lo que dije en esa reunión, que conste.

El tráfico de la coca es otra cosa, y ahí juegan mafias exportadoras-importadoras-distribuidoras locales y regionales. Combatir su producción es necesario, pero igualmente su venta interna en los países, aparte de educar más a las poblaciones en los efectos negativos para la salud que estas sustancias provocan en el organismo humano.  

Hasta aquí es lo que les puedo decir, más no es apropiado. Venezuela en aquella época no era parte de este negocio, si lo es ahora, ni lo niego ni lo afirmo, solo sé que este país tiene mucho petróleo, las mayores reservas del mundo.

Ricardo Labrada

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