“¡Majestad! ¡No niegues la ayuda a tu pueblo!
¡Derriba el muro que se alza entre ti y tu pueblo!
Dispón y júranoslo, que nuestros ruegos sean cumplidos,
y harás la felicidad para Rusia; si no lo haces,
estamos dispuestos a morir aquí mismo. ¡Solo tenemos
dos caminos, la libertad y la felicidad, o la tumba!”.
Petición al zar en el domingo sangriento de 1905
Hacía años que había visto esta peli, pero deseaba verla de nuevo y entrar en detalles, algo que hice con el DVD del filme. Se trata de una cinta sobre la revolución de 1905 y la revuelta en junio de ese año cuando el zar ordenó disparar a la población sin misericordia, en la que cayeron niños, ancianos, mujeres e inválidos.
El director Serguei Eisenstein, oriundo de Riga, actual capital de Letonia, destacada figura del cine ruso y soviético fue quien realizó este filme, que para su época fue toda una hazaña.
La peli está dividida en varias partes, las que van poco a poco mostrando la situación, por un lado, del pueblo ruso-ucraniano en la ciudad de Odessa; por otro, la de la fuerza naval del país. En pocas palabras, miseria y desprecio, sea para el pueblo como para los marineros. Esa política déspota e inhumana de los que gobernaban entonces fue la que unió al pueblo con la fuerza naval, algo que sucedió nuevamente doce años después cuando la insurrección del pueblo y fuerza naval con el buque Aurora en octubre de 1917 en Petrogrado.
No nos confundamos, Eisenstein solo abordó la insurrección de la revolución de 1905 en la peli, la que, como ya apunté, el zar la aplastó criminalmente.
Lo interesante de la peli es el arte del director para reflejar con nitidez la insatisfacción de los marineros (matrosi) por las pobres condiciones de trabajo y la alimentación de perro que recibían. Les daban carne llena de gusanos a comer, lo cual provocaba no pocas broncas entre los marineros hasta con el médico del acorazado. Los marineros no comieron más carne a partir de las primeras discusiones a bordo.
Con igual precisión aparecen los locales, con sus diferencias. Un bando era el de los pobretones, la mayoría, mal vestidos y con semblante de gente inconforme e infeliz. El otro minoritario era aquel bien vestido, sean damas o caballeros, los que miraban con desprecio al pueblo que los circundaba.
Descontentos en alta mar y en ciudad, se unieron para protestar por las condiciones de vida, la explotación y la ley marcial impuesta. El lugar de esa unión fue la conocida escalinata Potemkin, la que el suscribe pudo subir y bajar en las dos ocasiones que visitó Odessa. Esas escaleras fueron construidas en el siglo XIX y las mismas terminan en su parte baja en la misma costa. IA informa que posee 192 escalones, mide 142 metros de largo y es famosa por su perspectiva y anchura variable, midiendo unos 21.7 metros en la base y estrechándose a 13.4 metros en la parte superior, creando una ilusión óptica que la hace parecer más larga y alta, especialmente por su icónica aparición en la película de referencia.
Los soldados de la guardia zarista dispararon sin cesar y el filme muestra como mueren hasta niños de escasa edad y algún que otro menor sobre un coche, el cual va cuesta abajo cuando la madre del niño recibe un balazo mortal.
La fuerza naval movilizó a otros de sus buques para enfrentarse al acorazado Potemkin, pero le salió el tiro por la culata cuando los buques, supuestamente al ataque, dieron señales de: “estamos con Uds., hermanos.”
Por tratarse de una peli silente y la trama que probablemente no atraiga a muchos a verla, solo la recomiendo para los verdaderos cinéfilos y que deseen observar con detalle el arte de Eisenstein. También es recomendable para aquellos interesados en conocer este triste pasaje de la historia de un país, que en aquel entonces salía del feudalismo con algunos rasgos de capitalismo. La peli dura 70 minutos, por lo que no es tanto el tiempo que se le deberá dedicar para verla, aunque ese tiempo de pantalla para aquella época era como hablar de un largometraje.
Esteban Hernández
23 diciembre 2025
