“La trompeta de Gedeón (1980)” y las imperfecciones de la justicia

El Derecho nació como una necesidad
del hombre para lograr la paz social.”
Abogado Manuel Riera-Escudero

En Cuba tenemos un dicho que se usa mucho para cuando las cosas se hacen a la carrera, matando y salando, lo cual con frecuencia da por resultado una chapucería. Sucede que en justicia la chapucería termina en injusticia, al final se condenan personas inocentes. Más ocurre cuando las condiciones de la defensa del acusado no están garantizadas.

En una tiranía nada de esto tiene importancia, pues los llamados tres poderes no están separados, manda uno, y los juicios son casi sumarios, ya que las sentencias vienen preparadas y el reo es condenado a lo que se le ocurra a la oficina encargada de fabricar la acusación final.

En democracia eso no puede ser así y es lo que esta peli nos demuestra claramente. Les anticipo que pensé que, por el título del filme, me hice idea que el argumento giraba alrededor de Gedeón, juez y guerrero del Antiguo Testamento, hijo de Joás, de la tribu de Manasés, famoso por ser elegido por Dios para liberar a Israel de la opresión de los madianitas, pero nada de eso, muy a propósito el reo de la peli tenía Gedeón por apellido, personaje interpretado por el legendario y entonces ya viejo Henry Fonda.

Hubo un robo en un lugar de Florida y enseguida le cayeron encima a Gedeón, hombre que tenía dos sentencias anteriores por robo igualmente y había cumplido prisión por breves períodos, pero Gedeón esta vez vino preparado a juicio, donde todo fue matando y salando. Ningún abogado defensor, los testigos eran del “yo creo” o “a mí me parece”. El fiscal, como siempre, listo para ganar un pleito fácil y el juez con pocas ganas de trabajar. Gedeón reclamó abogado defensor, pero aquello fue oídos sordos para el juez.

Pobre Gedeón, lo condenaron y lo mandaron a prisión, pero no se dejó vencer y aprovechó esa estancia para leer cuanto libro lo pudiera orientar respecto a sus derechos, por lo que no dudó en apelar la sentencia con la debida argumentación, y lo hizo al más alto nivel.

¿Qué pasó después? No se los voy a decir, les invito a que vean el filme, disponible en Youtube.com, pero si les doy una información importante. En 1961 había 33 Estados de EE. UU., donde se les garantizaba a los reos la debida defensa, mientras que en el resto era algo irregular o inexistente. En este último caso caía el Estado de Florida, nada de defensa, incluso en prisión había acusados a los que nunca se les llegó a hacer el debido juicio. Sencillamente se pudrían en prisión. ¿Quiénes eran los desafortunados? Mayormente negros, mestizos, latinos y algún que otro rubio.

El caso de Gedeón llegó a la Corte Suprema, la que con sus reservas analizó el caso, al inicio sin mucha importancia, pero como Gedeón lo había redactado todo muy bien, había que dar un veredicto para este y otros casos. Fue aquí donde apareció en pantalla el estelar actor boricua José Ferrer, quien atendió el asunto legalmente y elaboró una solicitud-recomendación al efecto.

Se trata de una peli dirigida por Robert L. Collins basada en el libro escrito por Anthony Lewis, filme que no parece haber tenido mucho presupuesto. Imagínense una peli de 1980 en blanco y negro. No obstante, la calidad de las actuaciones y la trama de la peli merece que sea vista como una evidencia histórica de la evolución de la justicia en algunos Estados de la Unión.

Esteban Hernández
3 febrero 2026