Y así quieren liberar a Cuba

Quien no quiere a su familia, no quiere a su pueblo,
y no quiere el bienestar de la sociedad. Lo digo
y lo afirmo, es un concepto humano.”

Todos sabemos que en Cuba gobierna una cúpula que realmente está muy lejos de los valores que tanto se divulgaron después de 1959. La ineptitud de los gobernantes de antes y de ahora es la que ha llevado al país a una hecatombe de carácter económico. A ello se suma el bloqueo o embargo estadounidense, el cual tiene carácter extraterritorial con sus leyes Torricelli y Helms-Burton, algo que la mayoría de los países democráticos de este mundo no aceptan, y de ahí que, desde hace tres décadas, EE. UU. sale mal parado con este bloqueo en el seno de las Naciones Unidas.

Cuba necesita cambios de todo orden a fin de poder salir de la miseria que golpea a la mayoría de la población. El gobierno actual no va a ningún lado y su sustitución por algo más viable es de imperiosa necesidad, pero a la fuerza todo puede terminar en un innecesario derramamiento de sangre.  

Es cierto que la cúpula gobernante vive aferrada al poder y no lo quiere soltar. Sus errores cotidianos tienen un solo culpable, ese es el mismo bloqueo, cuando en realidad hay de parte y parte. El sistema económico cubano es una especie de Frankenstein fracasado, el que le da de comer sólo a las familias de la cúpula.

¿Se irán algún día del poder? Eso todos esperamos.
¿Será el pueblo capaz de quitarse de arriba a esa cúpula inoperante? La pregunta es mejor decir ¿cómo?
¿Debemos instigar a los que están dentro a alzarse? Sería inmoral si no participan todos los que así piensen. Es muy fácil promover la insurrección con palabras de gente acomodada desde algún lugar en el extranjero. Así que quien quiera alzarse, levántate y haz lo que creas más necesario para llegar al escenario de combate en Cuba. Así podrás decirle al pueblo, al combate correr.

Somos muchos fuera del país y son muchos, por no decir la totalidad, los que nunca irán a ningún lado a pelear. Unos por viejos, otros por entender que sus vidas ya están encaminadas y nada tienen que hacer en Cuba. En fin, cada cual tiene sus razones, las que debemos respetar.

Este es el primer punto de la agenda, queda un segundo. Las familias están pasando hambre y no tienen medicinas. ¿Debemos ayudarlos o no? Mi posición es que, si somos humanos, incluso aquellos que se dicen religiosos, pues estamos en la obligación de ayudar cómo sea posible, siempre que se pueda, por vías que no beneficien a los parásitos en el poder, algo nada fácil, máxime que es un país, donde casi todo está centralizado y los tentáculos de la cúpula llegan a cualquier rincón del país, pero así y todo hay que tratar de ayudar a nuestros familiares.

Dicho lo anterior, le digo a los tres “políticos” de la Florida, dos de ellos no nacidos en Cuba, que es muy fácil estar gritando: no remesa, no envío de comida o medicina para nuestros familiares. Todo eso, repito, se dice desde una mansión con aire acondicionado y con el resto de las comodidades, lo cual es sencillamente INHUMANO. ¿Quieren derribar el régimen? Adelante, preparen lanchas con pertrechos y vayan a pelear a Cuba, pero no nos digan que tenemos que sacrificar a nuestros familiares, los que en su momento harán lo que estimen más conveniente.

La unidad familiar se describe en diversos escritos como el núcleo social y el mayor apoyo emocional, fundamentado en el amor, el respeto y la superación conjunta de obstáculos. Se destaca como un espacio para aprender a convivir y una «escuela» donde se forman los vínculos más fuertes.

En cuanto al bloqueo de entrega de petróleo, me uno a las palabras y pronunciamientos recientes de las Naciones Unidas a esos efectos. Querer eliminar a un gobierno, ahogando a su vez a un pueblo, no tiene nada de ético y humano. Sostengo que un diálogo puede conducir a soluciones impensables en el pasado. El régimen no puede seguir atrincherándose, pues al final eso tampoco es humano. Dialogar y llegar a acuerdos es la única vía, pero sin bloqueos.

Ricardo Labrada
19 febrero 2025

¿Conversaciones con Raulito?

La noticia de que Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro, más conocido como el cangrejo, está en conversaciones con Marco Rubio, me sabe a burla, sea cierta o incierta.

Ese personaje, por lo que he visto en fotos y videos, es un maestro en eso de beber y aproximarse a chicas jóvenes. No le conozco ningún título, excepto que su abuelo le dio grados militares y le ha servido como guardaespaldas.

Todavía recuerdo cuando Raúl Castro visitó Francia, y el nieto, desconocedor de las normas de la diplomacia, iba detrás de Raúl en actos oficiales cuando los únicos que podían pasar era el presidente Hollande y el mismo Raúl. Daba risa ver a Hollande ordenándole al nieto que no podía pasar por donde él y Raúl iban. .

La noticia de que Raulito estaba conversando con Marco Rubio la dio el periodista Marc Caputo en Axios, la que se diseminó como la pólvora. El conservador ABC en España se apresuró a publicar la noticia, mientras que el liberal canal de TV LA6 igualmente la reprodujo con varias fotos y videos de Raulito acompañado de bellas damas.

Si es cierto, esto es una burla y poco serio de parte de la cúpula gobernante en Cuba, aunque soy del criterio que Rubio no vaya a discutir nada con un Don Juan de los Palotes. Él debe saber con quién habla y hasta dónde puede llegar en esas conversaciones.

De no ser cierto, es otra burla, un verdadero bulo, espero que así sea. Imagínense Uds. darle esa responsabilidad a un personaje como Raulito. Al parecer ya la Habana desmintió que hubiera tales conversaciones.

“El gran silencio (1968)”, la crueldad de los cazarrecompensas

Nacer en la montaña
criarme en una cueva
arrestar fugitivos
es todo lo que anhelo.”
Duane “dog” Chapman
(delincuente y actor a la vez)

Filmes sobre cazarrecompensas hay varios. Recuerdo uno protagonizado por Randolph Scott del director André De Toth, titulado “El cazador de recompensas (1954)” (The Bounty Hunter). Hay otro, “»The bounty killer (1965)” del director Spencer Gordon Bennet con la participación de varios destacados actores como vaqueros en el pasado, entre ellos Rod Cameron, Bob Steele, Buster Crabbe y Johnny Mack Brown entre otros, en la que Dan Duryea es un cazarrecompensas inventado por las realidades del entorno en el que se desenvuelve. Casi siempre se trata de mostrar alguna bondad y gran coraje de estos personajes, pero la realidad es otra. La palabra bounty traducida al español significa generosidad, la cual realmente no existe en la personalidad de esos individuos.

Imagínense un país, donde cinco dólares era un capital en su época, y las recompensas por cazar bandidos ascendían a 500-1000 dólares, pues abundaban pistoleros, verdaderos delincuentes rastreando a otros bandoleros buscados por la ley.

El director romano Sergio Corbucci, el mismo que dirigiera “Django (1966)” con Franco Nero en el papel principal, realizó otros Oeste Spaghettis, entre ellos “El gran silencio (1968)”, el cual trata de recordar una masacre ocurrida en Utah en 1898, algo que en realidad no sucedió. De hecho, es una historia ficcional, pero que probablemente trató de mostrar algo de lo sucedido en ese estado, antes territorio mexicano, el cual se convirtió en parte de la Unión en 1846. La masacre de Mountain Meadows tuvo lugar en 1857, batalla entre los colonos mormones (Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días), ya establecidos en el lugar y llegados a Salt Lake precisamente en 1847, y un grupo de emigrantes Baker-Fancher, en la que la peor parte le tocó a estos últimos, donde murieron 120 personas incluido niños y mujeres. No tengo idea si los mormones se quieran acordar de este incidente y si se arrepienten ante Dios por el daño infligido.

Corbucci trató de presentar una masacre 1898 en Utah, vista en el filme como algo verídico, lo cual no es cierto, pero que tiene su valor, pues representa claramente la inhumanidad de los cazarrecompensas y los problemas que confrontaban la población rural del lugar, desalojados de sus tierras, vivienda, sin comida y agua para su subsistencia. No les bastaba a los malvados privar a esa población de los medios básicos de vida, había que exterminarlos.

Lo otro es que no es un Oeste más, diría que es un anti-Oeste. Nos hemos acostumbrados a ver que en ese género el vaquero bueno, bien vestido, con un caballo precioso, el que sufre de adversidades, al final vence a los villanos y se queda con la más bella dama del lugar. “La ley del silencio” es otra cosa y el final es muy distinto. La peli muestra una autoridad moral ambigua, donde los que ejercen la violencia lo hacen con algún tipo de justificación ideológica o legal, además de sensación de aislamiento y fatalismo en un entorno fronterizo. ¿Justicia? Mejor vean el filme y sacan sus conclusiones, disponible en Amazon prime.

Corbucci aprovecha el momento para usar el filme como una alegoría política moderna de la década de los años 60, sobre abuso de poder y corrupción institucional. En aquel entonces murieron líderes como Martin Luther King y Malcolm X. Además, la visión crítica de Corbucci sobre el mito del Oeste quedó evidenciado en esta peli.

El actor francés Jean-Louis Trintignant es el principal del filme, en el cual no habla por ser mudo en escena. Eso sí, él aparece como una especie de Charles Bronson en el Oeste “Érase una vez en el Oeste (1968)” (Hasta que llegó su hora) de Sergio Leone, casi idénticos, mientras que el malvado le tocó al polaco Klaus Kinski, muy apropiado de siempre para estos papeles de hombres sin escrúpulos y sádicos.

No sé si en Utah nieva mucho, pero Corbucci rodó la peli en las Dolomitas del Trentino italiano, donde sí cae abundante nieve en el invierno. Los caballos no podían correr como en otros filmes del género. Personalmente conozco el lugar y me di cuenta por la forma de las montañas en pantalla, muy lejos de ser aquellas que se muestran en Oeste rodados en Norteamérica.  

Esteban Hernández
13 febrero 2026

“La trompeta de Gedeón (1980)” y las imperfecciones de la justicia

El Derecho nació como una necesidad
del hombre para lograr la paz social.”
Abogado Manuel Riera-Escudero

En Cuba tenemos un dicho que se usa mucho para cuando las cosas se hacen a la carrera, matando y salando, lo cual con frecuencia da por resultado una chapucería. Sucede que en justicia la chapucería termina en injusticia, al final se condenan personas inocentes. Más ocurre cuando las condiciones de la defensa del acusado no están garantizadas.

En una tiranía nada de esto tiene importancia, pues los llamados tres poderes no están separados, manda uno, y los juicios son casi sumarios, ya que las sentencias vienen preparadas y el reo es condenado a lo que se le ocurra a la oficina encargada de fabricar la acusación final.

En democracia eso no puede ser así y es lo que esta peli nos demuestra claramente. Les anticipo que pensé que, por el título del filme, me hice idea que el argumento giraba alrededor de Gedeón, juez y guerrero del Antiguo Testamento, hijo de Joás, de la tribu de Manasés, famoso por ser elegido por Dios para liberar a Israel de la opresión de los madianitas, pero nada de eso, muy a propósito el reo de la peli tenía Gedeón por apellido, personaje interpretado por el legendario y entonces ya viejo Henry Fonda.

Hubo un robo en un lugar de Florida y enseguida le cayeron encima a Gedeón, hombre que tenía dos sentencias anteriores por robo igualmente y había cumplido prisión por breves períodos, pero Gedeón esta vez vino preparado a juicio, donde todo fue matando y salando. Ningún abogado defensor, los testigos eran del “yo creo” o “a mí me parece”. El fiscal, como siempre, listo para ganar un pleito fácil y el juez con pocas ganas de trabajar. Gedeón reclamó abogado defensor, pero aquello fue oídos sordos para el juez.

Pobre Gedeón, lo condenaron y lo mandaron a prisión, pero no se dejó vencer y aprovechó esa estancia para leer cuanto libro lo pudiera orientar respecto a sus derechos, por lo que no dudó en apelar la sentencia con la debida argumentación, y lo hizo al más alto nivel.

¿Qué pasó después? No se los voy a decir, les invito a que vean el filme, disponible en Youtube.com, pero si les doy una información importante. En 1961 había 33 Estados de EE. UU., donde se les garantizaba a los reos la debida defensa, mientras que en el resto era algo irregular o inexistente. En este último caso caía el Estado de Florida, nada de defensa, incluso en prisión había acusados a los que nunca se les llegó a hacer el debido juicio. Sencillamente se pudrían en prisión. ¿Quiénes eran los desafortunados? Mayormente negros, mestizos, latinos y algún que otro rubio.

El caso de Gedeón llegó a la Corte Suprema, la que con sus reservas analizó el caso, al inicio sin mucha importancia, pero como Gedeón lo había redactado todo muy bien, había que dar un veredicto para este y otros casos. Fue aquí donde apareció en pantalla el estelar actor boricua José Ferrer, quien atendió el asunto legalmente y elaboró una solicitud-recomendación al efecto.

Se trata de una peli dirigida por Robert L. Collins basada en el libro escrito por Anthony Lewis, filme que no parece haber tenido mucho presupuesto. Imagínense una peli de 1980 en blanco y negro. No obstante, la calidad de las actuaciones y la trama de la peli merece que sea vista como una evidencia histórica de la evolución de la justicia en algunos Estados de la Unión.

Esteban Hernández
3 febrero 2026