“El gran silencio (1968)”, la crueldad de los cazarrecompensas

Nacer en la montaña
criarme en una cueva
arrestar fugitivos
es todo lo que anhelo.”
Duane “dog” Chapman
(delincuente y actor a la vez)

Filmes sobre cazarrecompensas hay varios. Recuerdo uno protagonizado por Randolph Scott del director André De Toth, titulado “El cazador de recompensas (1954)” (The Bounty Hunter). Hay otro, “»The bounty killer (1965)” del director Spencer Gordon Bennet con la participación de varios destacados actores como vaqueros en el pasado, entre ellos Rod Cameron, Bob Steele, Buster Crabbe y Johnny Mack Brown entre otros, en la que Dan Duryea es un cazarrecompensas inventado por las realidades del entorno en el que se desenvuelve. Casi siempre se trata de mostrar alguna bondad y gran coraje de estos personajes, pero la realidad es otra. La palabra bounty traducida al español significa generosidad, la cual realmente no existe en la personalidad de esos individuos.

Imagínense un país, donde cinco dólares era un capital en su época, y las recompensas por cazar bandidos ascendían a 500-1000 dólares, pues abundaban pistoleros, verdaderos delincuentes rastreando a otros bandoleros buscados por la ley.

El director romano Sergio Corbucci, el mismo que dirigiera “Django (1966)” con Franco Nero en el papel principal, realizó otros Oeste Spaghettis, entre ellos “El gran silencio (1968)”, el cual trata de recordar una masacre ocurrida en Utah en 1898, algo que en realidad no sucedió. De hecho, es una historia ficcional, pero que probablemente trató de mostrar algo de lo sucedido en ese estado, antes territorio mexicano, el cual se convirtió en parte de la Unión en 1846. La masacre de Mountain Meadows tuvo lugar en 1857, batalla entre los colonos mormones (Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días), ya establecidos en el lugar y llegados a Salt Lake precisamente en 1847, y un grupo de emigrantes Baker-Fancher, en la que la peor parte le tocó a estos últimos, donde murieron 120 personas incluido niños y mujeres. No tengo idea si los mormones se quieran acordar de este incidente y si se arrepienten ante Dios por el daño infligido.

Corbucci trató de presentar una masacre 1898 en Utah, vista en el filme como algo verídico, lo cual no es cierto, pero que tiene su valor, pues representa claramente la inhumanidad de los cazarrecompensas y los problemas que confrontaban la población rural del lugar, desalojados de sus tierras, vivienda, sin comida y agua para su subsistencia. No les bastaba a los malvados privar a esa población de los medios básicos de vida, había que exterminarlos.

Lo otro es que no es un Oeste más, diría que es un anti-Oeste. Nos hemos acostumbrados a ver que en ese género el vaquero bueno, bien vestido, con un caballo precioso, el que sufre de adversidades, al final vence a los villanos y se queda con la más bella dama del lugar. “La ley del silencio” es otra cosa y el final es muy distinto. La peli muestra una autoridad moral ambigua, donde los que ejercen la violencia lo hacen con algún tipo de justificación ideológica o legal, además de sensación de aislamiento y fatalismo en un entorno fronterizo. ¿Justicia? Mejor vean el filme y sacan sus conclusiones, disponible en Amazon prime.

Corbucci aprovecha el momento para usar el filme como una alegoría política moderna de la década de los años 60, sobre abuso de poder y corrupción institucional. En aquel entonces murieron líderes como Martin Luther King y Malcolm X. Además, la visión crítica de Corbucci sobre el mito del Oeste quedó evidenciado en esta peli.

El actor francés Jean-Louis Trintignant es el principal del filme, en el cual no habla por ser mudo en escena. Eso sí, él aparece como una especie de Charles Bronson en el Oeste “Érase una vez en el Oeste (1968)” (Hasta que llegó su hora) de Sergio Leone, casi idénticos, mientras que el malvado le tocó al polaco Klaus Kinski, muy apropiado de siempre para estos papeles de hombres sin escrúpulos y sádicos.

No sé si en Utah nieva mucho, pero Corbucci rodó la peli en las Dolomitas del Trentino italiano, donde sí cae abundante nieve en el invierno. Los caballos no podían correr como en otros filmes del género. Personalmente conozco el lugar y me di cuenta por la forma de las montañas en pantalla, muy lejos de ser aquellas que se muestran en Oeste rodados en Norteamérica.  

Esteban Hernández
13 febrero 2026

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