¿La resurrección de Nerón?

Sólo me queda aparecer y cantar para
que haya paz una vez más en la Galia.”
Nerón

Claudio emperador se casó cuatro veces en su vida. Su primera esposa fue Plaucia Urgunalina, luego Elia Petina, seguido de Valeria Mesalina hasta el año 48 d.C. La siguiente y última esposa del emperador Claudio fue Agripina la Joven (Agrippina Minor), con quien se casó en el año 49 d.C.

Agripina, al momento de su matrimonio con su tío, tenía ya un hijo, Nerón, cuyo padre biológico fue Cneo Domicio Enobarbo (Gnaeus Domitius Ahenobarbus), un cónsul romano perteneciente a una familia patricia de alto rango, el que murió cuando Nerón tenía tres años, por lo que, posteriormente fue adoptado por su padrastro, el emperador Claudio. Agripina la Menor era mujer ambiciosa y ejerció una gran influencia política, así logró posicionar a su hijo Nerón como sucesor. Se cree que Agripina envenenó a Claudio para acelerar el ascenso de Nerón al trono. Entre tantas intrigas en la Roma imperial, puede que haya sucedido este homicidio.

Una vez Nerón en el poder, con la ambición de Agripina incontrolable, sus relaciones con su hijo se fueron deteriorando, al extremo que Nerón la consideró una amenaza para su poder. Tras un intento fallido de hundir un barco diseñado para naufragar, en el que Agripina navegaga, Nerón envió soldados a la villa de su madre en Antium (Anzio) para consumar el crimen, según relata el historiador Tácito. Tras sobrevivir el hundimiento, Nerón ordenó matarla, por lo que fue asesinada a cuchilladas en su dormitorio por soldados, incluyendo al prefecto de la flota, Aniceto. El anormal emperador intentó justificar el matricidio ante el Senado, alegando que ella conspiraba contra él y que se había suicidado tras ser descubierta.

El emperador era un individuo que conocía de sus limitaciones mentales, lo cual le creó un enorme complejo de inferioridad. Solía tocar la lira y alardeaba de componer piezas, las que los aduladores decían que eran fantásticas, las que al oído de cualquiera eran intolerables, pero, en honor a la verdad, jamás dijo ser mejor emperador que Octavio Augusto, Tiberio o su padre adoptivo Claudio.

Nerón padecía de delirios de grandeza artística, proyectos constructivos desmesurados, paranoia y un comportamiento teatral que ponía sus deseos personales por encima de las necesidades del Imperio Romano. En la entrada de su palacio, mandó construir una estatua de bronce gigante de sí mismo, de unos 30-35 metros de altura, representando al dios Sol, lo que subraya su auto deificación. Se consideraba a sí mismo un gran artista (poeta, cantante, actor y auriga) por encima de ser emperador. Participaba en concursos artísticos y exigía aplausos, obligando al público a permanecer en el teatro durante sus largas actuaciones. No pedía aplausos en el senado, era el público quien lo tenía que aplaudir.

Era tanta su megalomanía que poseía un teatro privado, el que se encuentra en las cercanías de lo que es hoy el Vaticano, donde practicaba música y poesía, lo que demuestra su necesidad de exhibirse continuamente. Entonces no existía el golf como deporte o entretenimiento.

Era todo un asesino, no le bastó con acabar con la vida de su madre, también lo hizo con su mujer Popea Sabina, a la que mató de una patada estando Popea embarazada, y después la deificó al exigir le construyeran templos y se le rindiera culto, una muestra de incoherencia y soberbia. Popea era su segunda esposa, la primera fue Claudia Octavia, hija del emperador Claudio y hermanastra de Nerón, a la que ordenó desterrar a la Isla Pandataria y luego asesinarla. Lo hizo al acusarla de adulterio y falsa esterilidad.

Siguiendo con el tema de las esposas, el adulterio de Claudia Octavia no está documentado, pero sí rumorado, mientras que la bella Popea era esposa de Otón, amigo de Nerón, la que logró cautivar al emperador y así casarse con él. Así que no hay forma de negar que Nerón no fuera un cornuto, pero lo peor es que se casó con un liberto de nombre Esporo, al cual castró, vistió de mujer y lo visitaba asiduamente, toda una mente enferma y sin rumbo. Entre la lista de sus asesinados no falta la de su hermanastro Británico.

A partir de 62 d.C. comenzó a perseguir a cuanta persona él considerara enemiga, sobre todo a miembros de la nobleza, a los que obligaba suicidarse. Él no tenía Departamento de Justicia a sus órdenes, no le hacía falta, él ordenaba y bastaba, las causas se las inventaba como buen dictador.

También tenía su propio Beautiful Bill, gastaba inmensas sumas de dinero en festivales, juegos y en sus propias actuaciones, lo que generaba resentimiento entre la aristocracia y tensión financiera en el mundo romano.

Su obsesión por remodelar Roma era ampliamente conocida, pero su locura crecía en la medida que oía hablar de los cristianos y su auge en el ambiente romano. Los cristianos eran una secta peligrosa para Nerón, eran los demócratas del momento. Por un lado, su obsesión de remodelación, por otro los “malvados” cristianos, era motivo perfecto para provocar un incendio, eliminar edificaciones y luego construir las que él deseaba, entre ellas el palacio Domus Aurea. Dicen que veía arder Roma y tocaba su lira al mismo tiempo. Era el incendio, que duró seis días y siete noches, comenzó probablemente en las tiendas del Circo Massimo, un lugar propenso a incendios, al frente del cual se encuentra el actual edificio de la FAO en Roma. Nerón no estaba en el lugar cuando comenzó, sino en Antium, futuro puerto militar, no muy lejos de la capital, donde tanto Calígula como él nacieron, y donde había un palacio imperial.

Hay fuentes que tratan de disculpar a Nerón, hasta llegan a decir que él trató de ayudar a la población romana. Allá quien lo quiera ver así. Incluso afirman ahora que el incendio en Roma fue un accidente, alimentado por la propaganda senatorial. Lo peor no es que se haya dicho entonces, sino que haya gente que piense o crea la no culpabilidad de Nerón en la actualidad.

Es cierto que en el orden militar se dedicó a gestionar guerras iniciadas antes que llegara al poder. Él trataba de concentrarse más en los problemas internos y en proteger sus fronteras. En muchos casos usó la “diplomacia” armas en manos, algo así como “conmigo todo, sin mí nada, y mejor me haces caso y no te atrevas”.

Por mi parte, me remito a la obra del escritor polaco “Quo vadis” (¿Adónde vas?), novela histórica del autor polaco Henryk Sienkiewicz, escrita entre los años 1895 y 1896, la que ilustra la naturaleza de un emperador excéntrico, megalómano, asesino sin piedad, incluso con la población cristiana.   

De Nerón se dice que murió por suicidio cuando el senado le había declarado la guerra y ya había sido declarado culpable de sus abusos. Dión Casio da otra información, Nerón murió apuñalado cuando huía de Roma, traicionado por los aristócratas romanos del Senado. En su idea demente de grandeza, al morir, dijo: “¡Qué artista muere conmigo!” (Qualis artifex pereo), todo un espectáculo a la hora de su muerte.

Este emperador pasó a ser historia, incluso objeto de polémica entre los historiadores, pero si seguimos con la visión de siempre reconocida de este personaje tristemente célebre, podemos pensar que en la historia de la humanidad ha habido muchos Nerones, algunos en países de poca importancia, carentes de desarrollo económico, pero el problema es cuando un Nerón surge en un país poderoso, el que ahora no incendia su capital, sino a otra parte del mundo, con serias consecuencias para su propia población y otras naciones por la pérdida de vidas humanas y materiales. Ese Nerón que no tiene idea y orientación de que para lograr caprichos no se puede exponer a todo el mundo a masacres y pérdidas materiales.

Por lo tanto, felicito a aquellos que firmemente le dan un No contundente a ese Nerón resucitado, malcreído, malcriado y con perretas típicas de menores de edad.

Ricardo Labrada
7 marzo 2026

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