“Las victorias pertenecen a los más perseverantes.”
Napoleón Bonaparte
El evento máximo del béisbol a nivel mundial es el clásico, el que lejos de debilitarse, gana más aficionados en varias partes del mundo. Cada tres años se presentan equipos de las primeras potencias de este deporte, los que compiten, ganan y decepcionan según el caso. Se nota que más peloteros de calidad quieren representar al equipo de su país en estas lides.
Para esta versión, se veía claramente cuatro equipazos, cualquiera de ellos capaz de llevar el triunfo. Estos fueron Japón, ganador del anterior evento, EE. UU., el subcampeón, República Dominicana y Venezuela. El resto de los países podía dar pelea, pero no al extremo de ganar el torneo, entre ellos Puerto Rico y Corea del Sur.
Japón vino con casi todas sus estrellas, incluido Shohei Ohtani, al que los Dodgers no le permitieron que lanzara, pero que al bate hace un daño enorme, además de su destreza para robar bases. La ofensiva también contaba con Munetaka Murakami (CWS), Kazuma Okamoto (TOR), Seiya Suzuki (CHC), Masataka Yoshida (BOS) y Sheita Morishita, mientras que el pitcheo contaba con Yoshinobu Yamamoto (LAD) y Yusei Kikuchi (LAA), realmente no tan poderoso este renglón como en anteriores versiones. El zurdo Shota Imanaga decidió concentrarse en su entrenamiento primaveral, mientras que el derecho Yu Darvish se sometió a una cirugía en el ligamento colateral ulnar con refuerzo interno en su brazo derecho. Los Dodgers tampoco permitieron la participación del derecho Roki Sasaki, quien batalla para encontrar forma para imponerse en las Mayores. Así y todo, Japón sale a ganar con el equipo que disponga.
EE. UU. trajo una lista extensa de lanzadores buenos y otros so so, entre ellos Paul Skenes. Logan Webb y Joe Ryan, y los relevistas David Bednar, Garrett Cleavinger, James Griffin Jax, Mason Miller. Entre los so so estaban Matt Boyd, Michael Wacha, Brad Keller y el ya retirado Clayton Kershaw. Estaba además Tarik Skubal, un Cy Young para lanzarle exclusivamente al equipo de Gran Bretaña. Creo que el cuerpo de pitcheo no era de otra galaxia para ser representativo del país más poderoso en el mundo del béisbol. Sin embargo, al campo tuvieron una artillería de alto calibre con Aaron Judge, Kyle Schwarber, Byron Buxton, Bryce Harper, Will Smith, Cal Raleigh, Alex Bregman, Bobby Witt Jr. y Gunnar Henderson. Esos hombres son todos de cuidado y pueden desaparecer la pelota en un santiamén.
República Dominicana, al modesto entender del que suscribe, trajo el equipo más ofensivo del torneo, una verdadera aplanadora. Imagínense a Fernando Tatis Jr., Ketel Marte, Juan Soto, Vlad Guerrero Jr., Junior Caminero, Manny Machado, Geraldo Perdomo, Austin Wells y Julio Rodríguez en una alineación, como para meterle miedo a Drácula de haber aparecido. El pitcheo tenía calidad, pero no al nivel de la ofensiva. Así y todo, poseían al zurdo Christopher Sánchez, los derechos Luis Severino, Sandy Alcántara, y relevistas como Wandy Peralta, Seranthony Domínguez, Gregory Soto entre otros.
Los venezolanos siempre han presentado equipos con buena ofensiva, todavía se recuerda cuando Miguel Cabrera y Pablo Sandoval alineaban en escuadras anteriores. La de ahora, a pesar de la ausencia de José Altuve, fue muy completa, integrada por William Contreras, Salvador Pérez, Luis Arráez, Maikel García, Andrés Giménez, Eugenio Suárez, Gleyber Torres, Ezequiel Tovar, Joaquín Acuña Jr., Wilber Abreu y Jackson Chourio. El pitcheo dependió de los zurdos Eduardo Rodríguez y Ranger Suárez, José Buttó, Daniel Palencia, Andrés Machado entre otros. Como en el caso de República Dominicana, pitcheo más modesto que la ofensiva.
En todo torneo hay decepciones y sorpresas. Si se habla de sorpresa, ahí está el equipo italiano, el que contra viento y marea logró sus cuatro triunfos en la etapa clasificatoria, lo que incluyó juegos ganados sobre EE. UU. y al México, al cual eliminó de la justa. Los azzurri jugaron acopladamente y merecieron las victorias para pasar a la etapa de octavo de finales. Su pitcheo tuvo la suerte de disponer del estelar Aaron Nola, así como Michael Lorenzen y Alek Jacob entre otros, mientras que la ofensiva estuvo liderada por Sam Antonacci, Joe Berti, Andrew Fischer, Vinnie Pasquantino y Dominic Canzone. Venezuela no se conformó con pasar a la siguiente fase, sino que eliminó a Puerto Rico y se metió en la semifinal. Fue un triunfo para Italia y Europa, primera vez que un equipo de esta región lograba semejante éxito. Mucho se habla del trabajo de su director, el venezolano Francisco Cervelli, el cual fue realmente muy preciso. No obstante, creo que el resultado responde a un trabajo de décadas de la federación nacional de este deporte, la que desde un poco antes de 1969 dio rienda a la práctica del béisbol en varias ciudades, trajeron entrenadores, sobre todo de Cuba, organizaron sus torneos nacionales y participaron en innumerables copas mundiales e intercontinentales de este deporte. Italia es una potencia mundial en fútbol de siempre, por lo que la práctica del béisbol no logra esa masividad que tiene el primer deporte mencionado, ni tampoco el volibol y el baloncesto, por lo que para salir adelante ha tenido que competir con otras disciplinas para atraer deportistas y afición.
Puerto Rico vino corto de ofensiva. Bateadores del calibre de Carlos Correa, Francisco Lindor, Javi Báez y Kike Hernández no pudieron hacer el equipo por razones de lesiones. Igual pasó en el pitcheo con el estelar José Berríos. Dieron batalla y lograron clasificar para semifinales, pero encontraron a un Italia desconocido y muy combativo en el terreno, equipo que los eliminó. Realmente nunca le vi posibilidades de avanzar más de lo que lograron. Igual suerte corrió México, equipo que esta vez no contó que esa labor destacada de Randy Arozarena en el anterior clásico. Su ofensiva fue modesta, aunque es prudente recalcar que defensivamente se lució varias veces, sea fildeando como tirando a las bases. México dio batalla, pero Italia los eliminó en la fase clasificatoria.
Ya del Cuba he hablado con anterioridad, muy lejos de ser la potencia que fue en el pasado, más que todo por razones políticas. Por un lado, el gobierno, a través de la federación nacional, hace una selección negativa de los que se quedaron por H o por B, mientras que otros perdonados no desean jugar en ese equipo al entender que representan no al país sino al gobierno. Mientras esta situación persista, no esperen que el Cuba prospere.
De las otras novenas que vi juegos fue la de Corea del Sur y Taipei, ambas muy lejos de poderse meter entre los mejores cuatro conjuntos. Taipei se vio muy desmejorado, mientras que Corea no mostró esa clase de anteriores clásicos.
A la semifinal llegaron Italia para jugar contra Venezuela y EE. UU. contra República Dominicana. Venezuela se impuso con bateo muy oportuno de Maikel García, Luis Arráez, Eugenio Suárez y Wilber Abreu. Esta vez los venezolanos no dejaron espacio para que Italia se les acercara. Sabían que los azzurri le podían hacer la gracia, por lo que Omar López manejó bien sus piezas para garantizar la llegada a la final.
Un punto y aparte merece el juego de EE. UU. y República Dominicana, partido de mucho pitcheo, donde la ofensiva lloraba por su ausencia. Las tres carreras del juego fueron producto de jonrones solitarios, el decisivo del joven Roman Anthony, pero los dominicanos siempre batallaron y en el noveno Mark DeRosa apeló al estelar relevista Mason Miller, el que a pesar de tirar su bola pesada como de costumbre, le conectaron un imparable y el corredor pudo llegar a tercera con dos outs. Le tocaba el turno al torpedero del Arizona, Geraldo Perdomo, al que se metió en conteo de 3-2. Vino una bola claramente baja, por lo menos dos pulgadas por debajo del marco, y el árbitro estadounidense, Corey Blaser, cantó strike, una verdadera puñalada a la hora buena, algo vergonzoso, pues no es que la bola haya caído en la zona de duda, era bola por la franca milla. La base por bolas no decidía el juego, pero le daba una oportunidad a los dominicanos que entrara su tanda al bate y pudiera al menos empatar. No entiendo cómo los dueños e inventores del béisbol se permiten el lujo de poner árbitros de su país en los juegos que participa su novena. Inadmisible e imperdonable, sencillamente carente de lógica. ¿Acaso no hay árbitros boricuas, cubanos, nipones, coreanos y otros para poder servir en ese juego? Tampoco me gustó la intervención del director del equipo, Albert Pujol, con los periodistas después del juego, el que no le dio importancia al asunto cuando se le preguntó al respecto. En este caso, me reservo lo que pienso, pero Pujols no debe ser más director de este equipo.
Si bien Venezuela no dejó lugar a dudas en su victoria sobre Italia, se puede decir que, aunque con apretado marcador, supo llevarse la victoria sobre el combinado estadounidense. El zurdo Eduardo Rodríguez lanzó el mejor juego de su carrera. Los del Norte sencillamente no batearon, el pitcheo venezolano los dominó, anotaron dos por jonrón de Bryce Harper, pero piezas como Aaron Judge y Kyle Schwarber se atracaron a ponche, con tres per cápita. Muy merecido triunfo venezolano, primera vez que se llevan el título de este evento, eso a pesar de que siempre han presentado equipos muy completos ofensiva, defensivamente y en el pitcheo.
Pensando en voz alta, quisiera antes de terminar, exponer que se puede hacer para mejorar la calidad de estos eventos. Para empezar lo que dije de los árbitros. No tiene razón de ser que en juegos haya árbitros del mismo país que juega en el terreno. Eso no debe producirse más. El nombre de Corey Blaser será recordado siempre negativamente por la toda la afición latina y probablemente de otros países por tener una zona de strike muy bajita. Sí se equivocó, para llevarlo bien, tiene mucho que aprender y ese porcentaje de más de 96 de eficiencia lo pueden bien echar en la letrina los ciber métricos, pues de ser cierta esa cifra, entonces habría que pensar otra cosa con ese conteo.
Un juego de béisbol lo gana cualquiera, sobre todo cuando el marcador es cerrado, tampoco una victoria define que tal o más cual equipo sea superior al vencido. Dicho lo cual, sería aconsejable que la semifinal cruzada y la final incluyera series de 3 juegos a ganar 2. Así nos iremos más contentos y convencidos que el que ganó fue el mejor. Supongo que para ese nuevo clásico ya esté en vigor la revisión de lanzamientos dudosos y así facilitarles la vida a los árbitros. De haber estado esta regla en práctica, el conteo de Blaser se habría ido por tierra y los dominicanos habrían continuado su batalla por la victoria.
Esteban Romero
24 marzo 2026
