Arnaldo Socorro, mártir o manifestante

Los gobiernos optan constantemente entre decir
mentiras o librar guerras, y el resultado final es siempre
el mismo. Una opción siempre aventajará a la otra.

Antes que termine el mes de septiembre de 2023 tenía el propósito de hablar sobre la persona de referencia, cuyo nombre aparece en el título arriba indicado. Les voy a contar previamente algo que supe directamente al haber conocido a Arnaldo en mi adolescencia. Creo no equivocarme si digo que Arnaldo Socorro Sánchez llegaba a la Habana alrededor de 1957 o 1958, venía de Unión de Reyes. Su apellido no lo sabía ni tampoco que venía de ese pueblo matancero, de haberlo sabido seguro estoy que era pariente de un tío político, cuyo nombre era Ramón Socorro y también de Unión de Reyes.

Esa familia Socorro era pobre, lo que se puede afirmar, ya que se asentaron a vivir en una ciudadela en la calle Merced No. 267 esq. a Bayona, Habana Vieja. Yo vivía a dos cuadras del lugar e iba casi diariamente por tener amigos de la escuela primaria con los que jugábamos pelota, cuatro esquinas y competencias de correr la vuelta a la manzana. Arnaldo era ya un joven y por eso no participaba en nada de eso, pero a veces bromeaba con el grupo.

Corría octubre o inicios de noviembre de 1960 cuando una tarde tuvimos una discusión sobre las milicias cubanas y una posible intervención de los marines del norte. Él que suscribe tenía 13 años, pero ya entonces era un firme defensor de lo nuevo surgido en enero de 1959. ¡Qué trabajo me cuesta escribir la palabra revolución! Por su parte, Arnaldo era todo lo contrario, me hablaba de las destrezas de los marines, los que con facilidad rendirían a hombres inexpertos en cuestiones de guerra. Fue una discusión acalorada, nada más, ni yo lo convencí, ni él me convenció a mí. Como siempre he sido lector asiduo, me daba cuenta de que Arnaldo también leía, probablemente Selecciones, me dije. Ni idea tenía que él era miembro de la Juventud Católica. Al final la discusión quedó ahí sin ninguna transcendencia, él sabía cómo pensaba y yo otro tanto sobre él.

En abril de 1961 me incorporé a las brigadas alfabetizadoras, fui a parar lejos, lejos, Duaba Arriba en las elevaciones de las Cuchillas del Toa, en la actual provincia de Guantánamo. Alrededor de finales de septiembre o inicios de octubre de ese año recibí una carta de mi abuela paterna, la que me hablaba de la muerte de Arnaldo en una manifestación y encontronazo entre fieles a la iglesia y revolucionarios. Añadía que Arnaldo había muerto como un mártir en ese momento. Creo haber leído dos veces esa parte, no podía creer que Arnaldo hubiera muerto defendiendo lo que él criticaba. Ingenuamente me dije que de ser como decía abuela, la revolución era grande y capaz de asimilar en poco tiempo a aquellos que no simpatizaban con el proceso. Me dolió saber, fuera como fuera, hubiera muerto, un hombre joven y con un mundo de vida por delante. No obstante, la duda me quedó, pero sin borrarla, a nadie pregunté a mi regreso a la Habana en diciembre de ese año.

Pasó mucho tiempo y en Valencia, España, conocí a un cubano trinitario, con el que tengo amistad. No doy su nombre, pues no le he pedido permiso para hacerlo. Toca la casualidad que él había participado en esa protesta del 10 de septiembre de 1961 e incluso lo detuvieron por buen rato. Inmediatamente recordé lo ocurrido con Arnaldo, él con mucha firmeza me dio el nombre completo, no sabía, ya dije, que era Socorro, y me aseguró que lo había matado un policía, al que desaparecieron del lugar de los hechos, mientras que convertían a Arnaldo en mártir. La información recopilada habla de un miliciano que disparó con una metralleta, probablemente las de producción checa, cuyos disparos alcanzaron a Arnaldo por la espalda.

Veamos ahora como la prensa ya en manos del gobierno informó de este hecho y lo que asevera la parte manifestante. Así que traten de entresacar para entender, pues viene todo mezclado. El Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de La Habana, Eduardo Boza Masvidal, pidió permiso días antes para una procesión el 10 de setiembre de 1961. El MININT informó que el permiso había sido concedido, el obispo negaba que se le hubiera dado, por lo que entonces decidió cancelar la procesión, pero una parte de los activistas católicos se congregaron alrededor de las cinco de la tarde en la Iglesia la Caridad en la Habana. Según Bohemia, al obispo se le había entregado el permiso en sus manos por parte del Capitán Isidoro Malmierca, subsecretario del MININT, hombre que fuera después ministro de Relaciones Exteriores desde 1976 a 1992. Malmierca le advirtió al obispo que no se tolerarían protestas en contra de la revolución. El MININT alegó que desde hacía varios días la iglesia estaba movilizando creyentes para su simulada procesión, Para encender más la mecha, según Bohemia, un cura de nombre Agnelio Blanco, secretario del obispo, les enseñó a los feligreses un documento, en el que se negaba el permiso para la procesión. Los manifestantes han alegado tiempo después que el cura Blanco estaba en ese momento en Isla de Pinos, por lo que eso era todo mentira. Bohemia incluso acusa a Blanco de ser el causante de la muerte de Arnaldo. El MININT por su parte mostraba copia del permiso a la prensa, pero lo que no dijeron es que se podía iniciar la procesión sólo a partir de las 7 de la mañana de ese día. Así que las informaciones eran contradictorias, Boza dijo no haber querido hacer nada, pero a las 6 de la tarde de ese día, los congregados en la Iglesia de la Caridad comenzaron a gritar consignas en contra del gobierno y salieron a las calles. Arnaldo era el portador del cuadro de la Virgen manos en alto. De inmediato se organizó una contramanifestación de los simpatizantes de la revolución. Cuando nadie se lo esperaba apareció un miliciano y el resto ya fue dicho. Los manifestantes no tenían armas de fuego, el tiroteo vino de parte de las fuerzas represivas. Bohemia, por su parte, notificaba que, el miliciano Regino Valdés González, del batallón 165, resultó herido, y otro miliciano, Juan A. Soler, fue apaleado por los contras y lo dejaron completamente inconsciente, pero en ningún momento Bohemia habló de armas de fuego en manos de los manifestantes e incluso habló de la muerte de Arnaldo como una persona que pasaba por ahí. No sé cómo alguien puede pasar por un lugar así por de así cuando hay revuelta y disparos, rara afirmación.  

Días después se organizó un desfile de revolucionarios, vean las fotos de la manifestación, para protestar por la muerte de Arnaldo a manos de la contrarrevolución, la que entonces llamaron clericanalla falangista. El acto de despedida fue presidido por Jesús Soto, secretario de la CTC en 1961, el que en su discurso dijo:  

Este obrero será bandera con la cual levantaremos mayores energías para continuar en la construcción del socialismo triunfante.”

Jesús Soto en la despedida del duelo de Arnaldo Socorro

La masa allí congregada no se cansó de pedir paredón para los curas y todos sus seguidores. Eso da sentimiento, un pueblo pidiendo la muerte para el adversario. Nos acostumbramos a eso y el paredón era la medicina. No hace mucho un ente de justicia de la actual administración de Cuba le recordó a todo aquel que protestara que, la pena capital estaba incluida y vigente entre las leyes revolucionarias imperantes. Los nazis advertían de forma similar y los fascistas en Italia también.

A la semana de estos hechos, más de 130 sacerdotes y diáconos, fueron expulsados del país y enviados a España en barco.

Hurgando un poco más, he leído que a la familia de Arnaldo la amenazaron para que no se pronunciara. De sobra sabían los que convivían con él que Arnaldo no tenía simpatía alguna por el proceso revolucionario y que todo era un teatro montado a conveniencia, pero no podían hablar. Su hermano mayor, Felipe, corrobora lo que aquí he dicho, por lo que creo que Arnaldo fue un mártir, pero de sus propias creencias y no del nuevo régimen que se implantaba en Cuba. De Arnaldo nadie habla en Cuba, ni se acuerdan de su existencia, los que están arriba dirán “¿quién se acuerda?”, hasta dudo que muchos de los dirigentes más jóvenes hayan conocido de ese desenlace fatal y cómo un contra se le convierte en mártir de una causa ajena a quien murió.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.