La civilización persa

Sea que los hombres mienten o dicen la
verdad, todo es con un mismo objetivo.”
Darío el Grande

La civilización persa se refiere inicialmente al Imperio Aqueménida, el cual fue expansivo, el más grande del mundo antiguo y fundado por Ciro el Grande en el 550 a.C. Su territorio abarcaba desde Grecia hasta el río Indo. Se caracterizó por su organización, administración centralizada pero tolerante, infraestructura, y por su papel como rival de la antigua Grecia. 

Los persas eran un pueblo iranio indoeuropeo que se asentó en la meseta iraní. Originalmente eran nómadas, dedicados a la agricultura y al pastoreo. Sus comunidades eran clanes, los que vivían bajo el dominio del Imperio Medo, fundado en el siglo VII a.C., cuyo pueblo indoiranio habitaba la llamada región de Media, situada al oeste y sur del mar Caspio. Medos y persas compartían cultura, lengua y religión. Su población había migrado del norte de Irán a finales del segundo milenio a.C. Su organización comunitaria era en clanes como los persas, se destacaban por ser ganadores, agricultores y hasta realizaban obras metalúrgicas, sobre todo con el oro.

La religión de los medos era monoteísta, la del profeta persa Zaratustra o Zoroastro, basada en la adoración del dios supremo Ahura Mazda (Señor Sabio). Los medos lograron dominar a los persas y a toda la región desde el siglo VII a.C., cuyo territorio abarcaba parte de Irán y Anatolia, con capital en Ecbtana.

Entre las costumbres del imperio persa estaba la práctica de la poligamia. Los hombres de alta sociedad podían tener varias esposas y concubinas. El objetivo era tener una enorme descendencia como señal de prosperidad y poder. Los zoroastristas, la mayor parte de la población, los que adoraban a Ahura Mazda, y los judíos en el territorio practicaban la circuncisión. Estos últimos vivían en libertad al escapar del territorio babilónico. Todas estas creencias desaparecieron al estar prohibidas una vez los musulmanes conquistaron al imperio en la época sasánida en el siglo VII.

En el Imperio aqueménida se hablaban varias lenguas, siendo el persa antiguo la lengua oficial de la corte y la administración. Además, el arameo funcionaba como una lengua franca o de comunicación entre las distintas satrapías. Otros idiomas hablados y escritos en el imperio fueron el elamita, el acadio (principalmente el dialecto babilónico) y, en algunos casos, el griego. Históricamente, los persas usaron sistemas de escritura como el cuneiforme o el Pahlavi. Con la conquista de los árabes, adoptaron el alfabeto de los nuevos ocupantes, pero en una versión modificada del alfabeto que incluye cuatro letras adicionales para sonidos específicos del persa: پ (pe), چ (che), گ (gaf) y ژ (zhe). En conclusiones, el alfabeto árabe es usado actualmente para el persa (farsi) y el dari.

Este Imperio utilizaba un sistema monetario bimetálico basado en el darico de oro, moneda estándar introducida por Darío I, la que tenía un peso de alrededor de 8.4 gramos y una pureza de oro del 98-99%. También se usaba el siclo de plata, moneda que funcionaba en paralelo con el dárico. Un siclo equivalía a 20 dáricos en valor, aunque la relación exacta podía variar. Como se ve, el sistema utilizaba tanto el oro como la plata para sus monedas, lo que proporcionaba estabilidad y flexibilidad a la economía. Su uso era para pagar impuestos y salarios, así como financiar el comercio y la construcción de obras públicas.

Cronológicamente el naciente Imperio fue gobernado por Ciro I, rey de Anshan que se dedicó a consolidar el poder de los persas el Grande, también llamado Ciro I, le siguió Cambises I (Kambujiya, nombre antiguo persa). Ciro II o Ciro el Grande logró derrotar a Astiages, el último rey medo, y unificó a los medos y los persas, estableciendo su dominio en la meseta central de Irán y más allá en el 550 a.C. Posteriormente los persas, con Ciro el Grande como emperador, conquistaron Lidia (actual Turquía occidental) y Babilonia, y extendieron su imperio a su alcance desde el Mediterráneo hasta la cordillera del Hindu Kush en la India. El Imperio Aqueménida fue uno de los más grandes y poderosos de la historia, su territorio llegó a comprender unos 20 países, entre ellos los de Irán, Irak, Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Turkmenistán, Uzbekistán, Afganistán, Pakistán, Grecia, Turquía, Siria, Líbano, Israel, Palestina, Jordania y Egipto. Ciro el Grande murió el 4 de diciembre del 530 a. C., a orillas del río Sir Daria y enterrado en Pasargada. 

A Ciro el Grande le siguió Cambises II hasta el 552 a.C., luego Dario I (522-486 a.C.), cuyo reinado de 36 años resultó ser el punto álgido del imperio, al expandirse las fronteras, y realizarse grandes construcciones, entre ellos la capital ceremonial de Persépolis, actualmente sitio arqueológico (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) en Irán, a unos 70 km de Marvdasht e igual distancia al noreste de la ciudad de Shiraz. También durante el mandato de Dario I se formaron alianzas con los fenicios a fin de apoderarse de Grecia en la segunda guerra Médica, en la que los fenicios proporcionaron sus barcos. Así y todo, persas y fenicios fueron derrotados en la batalla de Salamina en 480 a.C., lo que obligó a los persas a retirarse de Grecia.

El sucesor fue Dario II (423-404 a.C.), quien aportó apoyo financiero a Esparta en la guerra de Decelia o Jonia (413 a.C.) en contra de Atenas. El último emperador aqueménida fue Dario III, el que gobernó en el período de 404-330 a.C., cuando fuera derrotado por Alejandro Magno en las batallas decisivas como la de Gaugamela. Las fuerzas persas tenían superioridad numérica sobre las griegas, así y todo, Alejandro Magno supo manejar las batallas, al extremo que los persas perdieron la mitad de sus tropas, las que poseían medio millón de soldados.

Se sabe que Alejandro Magno trató con cortesía a la familia real de Darío III, pidió la mano de su hija Barsine. El objetivo era dar una imagen de reconciliación entre vencedores y vencidos.

Fue así como el Imperio Aqueménida desapareció y su territorio estuvo bajo el dominio helenístico durante dos siglos. El Imperio Seléucida vio su nacimiento en Persia poco después de la muerte de Alejandro Magno (alrededor 312 a.C.). Su fundador fue Seleuco I Nicátor, uno de los generales de confianza de Alejandro. El área ocupada abarcaba Tracia y Anatolia en el oeste, a través de Siria y Mesopotamia, hasta la frontera con la India en el este. Sus principales ciudades fueron Antioquía en Siria y Seleucia en Mesopotamia, nuevas urbes parte de la helenización iniciada por Alejandro Magno. El imperio fue desvaneciéndose con el tiempo, algo que aprovecharon los romanos para ir ocupando gran parte del territorio del imperio hasta que Pompeyo los venció finalmente en el 64 a.C.

No todo lo aqueménida desapareció, el Imperio Parto tiene su origen en 247 a.C. cuando la dinastía arsácida, que surgió tras la retirada del Imperio Seléucida (herederos de Alejandro Magno) de la región. Este imperio llegó a dominar la meseta iraní, Mesopotamia y partes de Asia Central y Armenia durante casi cinco siglos. Realmente fue un rival por excelencia de la expansión romana en la región. Su debilitamiento fue debido a conflictos internos hasta que en 224 d.C. hubo una rebelión encabezada por el rey persa Ardashir I, el que derrotó al último rey parto, Artabán V, dando paso al Imperio Sasánida, que unificó Irán bajo una nueva dinastía.

El Imperio persa Sasánida, así llamado por el monarca Ardashir I en honor a su abuelo Sasan,llegó a ocuparlos territorios de Irán, Irak, Azerbaiyán, Armenia, Afganistán y partes de Turquía y Siria, además de partes de Pakistán, el Cáucaso, Asia Central y Arabia. Este imperio se caracterizó por una estructura de gobierno más centralizada y una sociedad más estratificada. La sociedad ideal se basaba en una monarquía fuerte y organizada en cuatro clases: sacerdotes, guerreros, escribas y campesinos. La cultura y la filosofía griegas tuvieron una gran influencia en este nuevo dominio. Los sasánidas valoraban mucho la cultura de otros imperios y naciones.

Este imperio duró hasta el 651 d. C., la segunda dinastía imperial persa más longeva, después de los arsácidas o Imperio parto. Entre 633 y 654 se desarrolló la invasión árabe en el territorio del Imperio sasánida, lo que fue parte de las primeras conquistas musulmanas iniciadas por Mahoma en 622 d.C. La creencia zoroástrica prevalente en Persia, de hecho, religión oficial de la región desde la época del Imperio aqueménida, dio lugar a la persecución de los zoroastrianos por parte de los invasores musulmanes, lo que provocó que muchos de esos creyentes huyeran a otros territorios, entre ellos la India. Lo que los romanos no pudieron lograr, doblegar al Imperio Sasánida fue alcanzado por los musulmanes, lo que puso punto final a la civilización persa y su imperio.

La civilización persa aportó mucho conocimiento en el mundo de las ciencias. Algunos grandes científicos de la civilización persa fueron Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi (780-850), considerado el padre del álgebra, y Avicena (Ibn Sina, 980-1037)), un influyente filósofo y médico. Sobre estos científicos, el lector encontrará artículos detallados sobre la obra de estos. Otros destacados científicos persas incluyen a Abu Rayhan al-Biruni (973-1050), polímata que contribuyó en varias disciplinas como a la astronomía, las matemáticas, la geografía y otras ciencias; y Al-Razi (841-926), un renombrado médico y químico que descubrió el ácido sulfúrico, el etanol y el alambique. También se destacó Ŷabir ibn Hayyan (721-806), científico dedicado a la alquimia, astronomía, arquitectura, metalurgia y medicina. 

Fuentes

Anon. 2015. Achaemenian Dynasty. Encyclopædia Britannica Ultimate Reference Suite, Chicago.

Conquista musulmana de Persia – Wikipedia, la enciclopedia libre.

Ricardo Labrada
21 marzo 2026

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