La distopía de George Orwell en su obra “1984”

La más refinada sutileza del sistema: inducir
conscientemente a la inconsciencia, y luego
hacerse inconsciente para no reconocer que se
había realizado un acto de autosugestión.”
Afirmación de George Orwell en “1984”

Con anterioridad se ha reseñado en el blog la novela satírica “Rebelión en la Granja” del autor George Orwell, quien en realidad se llamaba Eric Arthur Blair, hombre nacido el 25 de junio de 1903 en Motihari, India, entonces ocupada por Gran Bretaña, y que de siempre tuvo una actitud opuesta al totalitarismo y al falso socialismo, lo que no fue óbice para que participara en la guerra civil de España en el bando de los republicanos.

La obra “1984” de Orwell, escrita entre 1947 y 1948, o sea un año antes del fallecimiento del autor, es una novela que revela con bastante acierto el mal que afectan a todas las tiranías o regímenes totalitarios.  

Lo primero es describir a esos monstruos de la megalomanía en la figura del Gran Hermano, ese ente omnipotente, el que jamás se equivoca, el que lo sabe todo, el hombre de la clarividencia, así someta a su pueblo a pasar hambre y necesidades.

Lo segundo, un pueblo, al que Orwell llama proles, al que se le da una buena dosis de información tergiversada, que hace oídos sordos, poco le importa lo que digan los de arriba, ya que su problema es sobrevivir, entiéndase comer, vestir y dormir.  

Al hablar de la información, esta viene con un nuevo lenguaje, la neolengua, algo que hace recordar cuando decir Señor o Señora es como un pecado, ya que todos son compañeros. Distintas palabras vienen a ser usadas con otros sinónimos o nuevos términos inventados. Lo anterior es antiguo, por lo que hay necesidad de cambiar el léxico e igualmente la forma de pensar de la población.

Los Ministerios mueven a risa, el de la Paz es de la Defensa, aunque de defensa tiene poco, ya que su objetivo es hacer la guerra. El Ministerio del Amor se encarga del amor eterno al partido, si para ello es necesario la tortura, bienvenida sea. Este organismo mantiene una férrea vigilancia sobre toda la población por distintos medios y todo aquel que se salte las reglas deberá ser castigado. El Ministerio de la Verdad se encarga de la información, la que puede venir tergiversada, quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado. De esa manera el pasado desaparece o se tergiversa a conveniencia. El pasado real es peligroso, por lo que hay que borrarlo de una vez y por todas. Por último, el Ministerio de la Abundancia, una especie de organismo de planificación de producción, el que a diario proporciona cifras increíbles de niveles alcanzados de producción, los que lógicamente son falsos por lo general.

Orwell describe al mundo en tres áreas dominadas por las superpotencias, estas son Oceanía, Eurasia y Asia Oriental. La idea es demostrar que la geopolítica define el dominio de los territorios. Algunos analistas, con acierto, plantean que Orwell llegó a esa conclusión cuando se vieron los acuerdos del Tratado de Teherán de noviembre de 1943. Stalin, Churchill y Roosevelt allí reunidos decidieron como se ocuparía y desmembraría Alemania, quien ocuparía Polonia, como se repartirían el resto de los territorios una vez concluida la guerra. No estaba lejos de la realidad, ya que terminada la llamada Guerra Fría, todas las superpotencias tienen iguales sistemas políticos en el orden económico y luchan por ocupar territorios aquí y allá, a veces solapadamente, otras veces sin esconderse para hacerlo. Todas buscan la manera de apropiarse de los recursos existentes en el Planeta.  

La trama de “1984” tiene a un personaje principal, Winston Smith, funcionario del Ministerio de la Verdad o el encargado de tergiversar la información, quien comienza a disentir del sistema silenciosamente. Se agrega un componente amoroso cuando aparece Julia, linotipista en el mismo Ministerio, enamorada de Winston, los que inician una relación prohibida. Como dijera otro analista, la represión del Gran Hermano, el hombre de los bigotes tupidos, era tal que podría suponer la prohibición futura del orgasmo.

La pareja logró tener acceso a información del enemigo, un tal Emmanuel Goldstein, nombre muy judío, que muchos lo identifican con la figura de Trotsky, el político ruso-judío asesinado en México por orden de Stalin. Pecado casi mortal, el resto de las angustias y penas tendrán que leerlo en el libro, donde el antihéroe se llama O´Brien, hombre de conocimientos y con una mentalidad sádica en extremo, el que ejecuta toda su crueldad en la llamada habitación 101. El Gran Hermano y su maquinaria eran capaces de destruir a sus enemigos potenciales corporalmente y también cualquier amor, que no fuera la idolatría al megalómano de referencia.   

Escrito por Ricardo Labrada, 9 febrero de 2021

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