Visita al Gran Ducado de Luxemburgo

Cuando las niñas silban, la Santísima Virgen llora.”
Viejo proverbio luxemburgués

En Europa hay varios estados pequeños en superficie, dos insulares: Malta y Chipre; además de seis en el área continental: Luxemburgo, Liechtenstein, San Marino, Andorra. Mónaco y el Vaticano. Visitar cualquiera de esas naciones es una verdadera curiosidad. El que suscribe había visitado todos esos países, con la excepción del Ducado de Luxemburgo, por lo que decidimos llegar a ese lugar y conocer de muchas cosas que poseen y nos habían dicho.

Un honor que la duquesa, María Teresa Mestre Batista, sea cubana nacida en Miramar, la Habana, en 1956, con título universitario en Ciencias Políticas obtenido en la Universidad de Ginebra, donde conociera al Duque consorte, Enrique de Luxemburgo. Esto es una curiosidad de este país, el que tiene una superficie, 2586 km2, que supera fácilmente al resto de los pequeños países continentales en Europa e igualmente al área que conforman las tres islas de Malta. Su población es alta para tan poca área y rebasa los 600 mil habitantes, lo que arroja una densidad de 233,7/km2. Luxemburgo tiene el honor también de ser parte del grupo de seis naciones integrantes pioneras de la Unión Europea, incluso Luxemburgo fue el máximo promotor de esta asociación.

Las fronteras de este país son compartidas con Francia, Alemania y Bélgica. En Luxemburgo se habla el francés, el alemán y el luxemburgués, este último, al parecer, derivado del alemán. Uno oye hablar a los ciudadanos en distintas lenguas, aunque el francés es el que parece prevalecer para mi suerte. Los luxemburgueses son muy educados y amables, no me lo dijeron, lo pudimos comprobar en esta visita. El transporte público, tranvías y buses, íntegramente gratuito en el país

Como el viaje se previó con visitas a Bélgica, lo más prudente fue tomar el tren y tan pronto llegamos a Bruselas tomamos tren hacia Luxemburgo. El viaje dura unas 3 horas y 10 minutos, el tren para en varios pueblos/ciudades de Bélgica, incluso la penúltima parada del tren está aún en territorio belga. No hay tren expreso, si hay tren cada hora después de las 5 a.m.  durante la jornada, y el precio para los de la tercera edad como nosotros, es realmente módico. Todo bien, pero abríguese y lleve paragua, Luxemburgo es húmedo en verano, llueve con frecuencia y las temperaturas máximas oscilan alrededor de los 20 grados Celsius. Imaginemos por un momento como debe ser el otoño y el invierno.

Así y todo, fue todo un placer visitar a este pequeño país, donde hay muchos sitios bellos, sobre todo de carácter medieval. La ciudad de Luxemburgo, capital del Ducado, tiene parte alta, considerado el balcón más alto de Europa, y parte baja. Este relieve accidentado obligó a la construcción de puentes a fin de acortar distancias.

De la estación de trenes salimos para tomar el tranvía, el que nos llevó a un área muy cercana al centro. De allí pasamos por la plaza de Armas y nos detuvimos en el Cercle Cité, edificio donde se hacen exposiciones periódicamente. Caminamos un poco más y fuimos a parar al Palacio Ducal, al lado del cual está la modesta Cámara de Diputados. Recordemos que Luxemburgo es una monarquía constitucional como otras en Europa.

Un poco que a rumbo fuimos a dar con la iglesia protestante de la Trinidad, la cual presenta un altar muy atractivo con un crucifijo delantero.  De allí caímos en una plazoleta con edificios de fachadas blancas, una especie de ciudadela de la justicia, la llamada Meseta del Espíritu Santo, donde apreciamos tinajones de colores. A un lado de esta meseta hay esculturas modernas y fuente muy originales. Aclaro que la Corte de Justicia de la Unión Europa radica en Luxemburgo, la que nos conformamos con verla de lejos.

A lo largo de la meseta indicada, que me hago idea sea parte del llamado Chemin de la Corniche o el extenso balcón de la ciudad, pudimos ver algo de la parte baja de Luxemburgo incluido el Valle Petrusse con una extensión de 17 km, sistema de casamatas más largo del mundo.

En ese primer día no intentamos bajar de la parte alta. Poco después fuimos a parar a la Plaza de la Constitución, la que aparece sobre el bastión de Beck. Allí, bajo lluvia pertinaz, pudimos ver y fotografiar al llamado Monumento del Recuerdo  (Monument du Souvenir Gëlle Fra), el que recuerda a los soldados luxemburgueses caídos en combate en la Primera Guerra Mundial. Gëlle Fra significa “dama de oro” en luxemburgués.

Antes de esa visita, habíamos visto un monumento muy original a las víctimas judías durante la Segunda Guerra Mundial, llamado Kaddish, obra del escultor judío-polaco Shelomo Selinger, quien sufrió de la guerra como cualquier otro paisano, al extremo de haber sido deportado a Alemania junto a su padre, el que finalmente fue asesinado por los nazis.

El cansancio hizo mella en los cuerpos de ambos visitantes, por lo que no quedó más remedio que dejar mucho para las siguientes 24 horas, en las que comenzamos yendo inicialmente a visitar la Torre del Reloj. lugar donde radica el banco y la caja de ahorros de Luxemburgo, más conocido como Spuerkess. Allí dimos algunas vueltas y nos fuimos caminando a lo largo del puente Adolfo. Para de ahí ir a parar a la Catedral de Notre Dame, igualmente conocida como la Mariendoum, templo construido en 1613, el que está al lado de la Biblioteca Nacional. En la catedral nos llamó mucho la atención las columnas existentes.

Muy cercano a la ciudadela de la Justicia hay varios monumentos, entre ellos a los héroes de la segunda guerra y a la solidaridad. No logro recordar si fue en esa ocasión que fotografiamos el monumento a Charlotte de Witte, la gran Duquesa de Luxemburgo, el que está en la plaza Claire Fontaine.

La lluvia allí no es que dé mucha tregua, pero nos decidimos ir a la parte baja de la ciudad, inicialmente vimos el río Alzette, algo del Valle Grund y un pequeño puente, donde hay una parada para tomar un bus que nos llevó al ascensor panorámico Pfaffenthal de 75 m. de altura. El ascensor te lleva de regreso al Luxemburgo alto, pero uno puede ir más arriba mediante un teleférico, el cual está aledaño al puente rojo, el que supongo sea el más moderno en Luxemburgo.

De regreso en bus para llegar al centro, volvimos a visitar la plaza de la Constitución, ya que había escampado, receso para almorzar y de ahí llegamos a la plaza Guillermo II, segundo rey de los Países Bajos y Gran Duque de Luxemburgo en 1840, donde aparece el monumento a este monarca. En la misma plaza encontramos el Hotel de Ville o Ayuntamiento de la ciudad. Con mucho empeño encontramos la Iglesia católica de St Michel, el lugar de culto más antiguo de este país.  

De ahí, nos fuimos al llamado Pont de château (Puente de Castillo) y al peñón, donde en el 963 se levantó el castillo que se le llamó Lucilinburg, nombre y origen de lo que es hoy día Luxemburgo.

Ya en retirada volvimos al centro para caminar por la Grand Rue, la calle más comercial de Luxemburgo. Nuevamente el agua hizo de las suyas con ráfagas que nos obligó a ponernos bajo techo temporal. Más que todo queríamos ver la fuente de bronce conocida como Hämmelsmarsch (Marco de Ovejas), nombre de una vieja canción luxemburguesa.

Al interior del territorio de Luxemburgo no fuimos, tiempo no había, así que nos quedamos con el deseo de visitar al castillo de Vianden. No tenemos idea de cómo funciona el centro financiero de Luxemburgo, en realidad no fue objetivo en esta visita. No lejos de Luxemburgo, en la parte alemana se encuentra una ciudad con mucha historia alemana, Trier o Tréveris, la que conocí en el pasado. Así que si va con tiempo a Luxemburgo, alquile un coche y visítela.  

Al siguiente día regresamos a la Estación de trenes, nada grande, pero muy funcional, para regresar a Bruselas y de ahí a Brujas.

Ricardo Labrada
18 agosto 2023

Un pensamiento en “Visita al Gran Ducado de Luxemburgo

  1. Excelente como siempre, tiene que darse una vuelta por Brujas/Amberes (sí no lo ha hecho ya) y hacer un post, le va a encantar, saludos cordiales desde Bélgica 👋!!!

    Sr. Waldo Espinosa
    Burcht Bélgica

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