La serie especial de béisbol de 1970

Por Esteban Romero

Había terminado la IX Serie Nacional (1969-70), en la que el conjunto Henequeneros, dirigidos por Miguel Ángel Domínguez, se alzó con el triunfo, primer banderín de un equipo matancero en series nacionales, en los que registró 50 victorias y 16 derrotas, para así aventajar a los Mineros por 1,5 juego. El héroe indiscutible de esa victoria yumurina fue Wilfredo Sánchez, el que lideró los departamentos de hits (98), carreras anotadas (46), bases robadas (34) y bateo (,351), además del excelente pitcheo del entonces joven Alfredo García, el que lideró el departamento de juegos ganados (12).

La justa invernal beisbolera había terminado unas semanas antes del inicio de los XI Juegos Centroamericanos y del Caribe, los que tuvieron lugar en Panamá del 1 al 13 de marzo de 1970, lo que lógicamente implicaba una preparación y selección cubana de béisbol para participar en ese certamen.

Por primera vez la preparación fue casi pública, en la que participaron muchos peloteros de todas las provincias. De esta manera, la afición reunida a diario en el Latinoamericano disfrutaba de los partidos y se iba haciendo una idea de quienes debían ser los integrantes de la selección final.

Como producto de ese entrenamiento, Manuel Hurtado, al que nunca se le había llevado a evento oficial como integrante del equipo nacional, fue escogido bajo la presión de la afición, la que gritaba una y otra vez: “Que lo lleven, que lo lleven”. Algo parecido sucedió con el legendario Urbano González, el que no llegó a hacer la selección al Mundial de Santo Domingo (1969), pero que esta vez, por sus resultados tan evidentes en el entrenamiento, mereció gritos similares de parte de la afición. Por primera vez Wilfredo Sánchez y Armando Capiró integraron esa selección, la que regresó a la Habana con la victoria después de haber ganado 7 y perder un solo partido, en el que Gregorio Pérez como abridor y Braudilio Vinent como relevista no llegaron a cumplir con los resultados esperados en ese partido.

La llegada a la Habana de la delegación fue por todo lo alto, Cuba había obtenido primer lugar por naciones, con un total de 210 medallas, de ellas 98 de oro. Esa victoria era un buen estimulo en plena zafra, la que buscaba llegar a los 10 millones de toneladas de azúcar. El discurso triunfalista habitual no faltó como bienvenida a los atletas. De paso se anunció que se desarrollaría un campeonato extra de béisbol, el que se llamaría “Serie de los 10 millones” y comenzaría en abril con duración hasta mediados de julio. Serían seis equipos, uno representando a cada provincia, enfrentados en 90 juegos, con series particulares de 18 partidos.

Desde un inicio fueron dos los superfavoritos, Habana, por el trabucón que traería, y Oriente, equipo que sería un Mineros muy reforzado. En la lista de favoritos no faltaba Matanzas por contar con buena ofensiva y un pitcheo mejorado. Menos esperanzas le daban a las Villas, Camagüey y Pinar del Río. Veamos las nóminas de cada conjunto:

Pinar del Río

Director: Ismael Salgado.

Auxiliares: José R. Castillo, Félix Miranda, Marcos Páez.
Receptores: Arturo Díaz, Efraín Hernández, Isbel Chamizo, Julio Sosa.
Cuadro: Adalberto Suárez, Lázaro Cabrera, Felipe Álvarez, Roberto Zayas, José Schueg, Juan Díaz Fuentes, Santiago León.
Jardineros: Héctor Mena, Miguel López, Tomás Valido, Fidel Linares, Osvaldo Cruz, Bernardino Priel, Nilo Delgado, Reinaldo Oliva.
Lanzadores: Florentino González, Emilio Salgado, Raúl Álvarez, Domingo Pérez, Emilio Rodríguez, Raúl Martínez, Raúl Santos, Pedro Pérez, Arcadio Martínez, Osvaldo Priel, Servando García, René Zas, Ciprián Padrón.  

Habana

Director: Humberto Arrieta.

Auxiliares: Eugenio Wilson, Francisco Valdés y José A. Alpízar.
Receptores: Lázaro Martínez, Ernesto Cobas, Gerardo Egues.
Cuadro: Agustín Marquetti, Arturo Linares, Urbano González, Rodolfo Puentes, Antonio González, Félix Rosa, Ubaldo Álvarez, Leonardo Fariñas, Germán Águila, Leopoldo Márquez.
Jardineros: Eulogio Osorio, Raúl Reyes, Armando Capiró, Antonio Jiménez, Reinaldo Linares, Julián Mederos.
Lanzadores: Manuel Hurtado, Santiago Mederos, Walfrido Ruíz, Rigoberto Sánchez, Rigoberto Betancourt, Antonio “Boricua” Jiménez, Andrés Liaño, Oscar Martínez, Pedro Izquierdo, Pablo Pozo, Ihosvany Gallegos, Maximiliano Reyes.  

Matanzas

Director: Miguel Ángel Domínguez

Auxiliares: Daniel Menéndez, Félix Gómez, Luis Menéndez.
Receptores: Evelio Hernández, Guillermo Herrera, Arnoldo Rodríguez.
Cuadro: Tomás Soto, Félix Isasi, Antonio Sánchez, José Morgan, Lázaro Peñalver, Rafael Herrera, Lázaro Madan, Roberto Sotolongo.
Jardineros: Wilfredo Sánchez, Rigoberto Rosique, Rigoberto Estrada, Erwin Walter, Francisco Calvo, Reinaldo Isasi, Orestes Baró.
Lanzadores: Alfredo García, Luis Fernández, Jesús Torriente, Gaspar Pérez, Manuel Rojas, Alberto Vera, Ernesto William Alfonso, Jesús López, Reinel Rodríguez, Rolando Tamayo, Orlando Albelo, Luis Lima, Juan Martínez.

Las Villas

Director: Servio Borges

Auxiliares: Juan Gómez, Arnaldo Raxach, Juan Suárez, Reynaldo Díaz y Clodomiro Valdés.
Receptores: Lázaro Pérez, Edgar Domínguez, José Gómez y Miguel Díaz.
Cuadro: Jesús Oviedo, Emilio Madrazo, Osvaldo Oliva, Owen Blandino, José Pérez, Julio Soto, Rigoberto Rodríguez.
Jardineros: Silvio Montejo, Enrique Oduardo, Antonio Muñoz, Juan Díaz, Jorge Estrada, Luis Vara, José Zamora.
Lanzadores: Aquino Abreu, Rolando Macías, José Antonio Huelga, Gaspar Legón, Román Águila, Rodoberto Pan, Carlos Gálvez, Eleuterio Molina, Enrique Crespo, Ronel Sardiñas, Orestes Miranda, Pablo Ubein Sánchez, Aniceto Montes de Oca, Leonel García.

Camagüey

Director: Mario Salas

Auxiliares: Jorge Hernández, Fernando Fernández y Reynaldo A. Puig.
Receptores: Pedro Cruz, Santiago Hernández y José Ramos. 
Cuadro: Felipe Sarduy, Francisco Bolaños, Vicente Díaz, Omar Fraga, Rolando Valdés, Omar Cuesta, Eduardo Cuesta.
Jardineros: Miguel Cuevas, Félix Herrera, Sandalio Hernández, Ángel Galiano, Eusebio Cruz, José Prado, Asterio Záldivar, Antonio Eugellés.
Lanzadores: Lázaro Santana, Oscar Romero, Gregorio Pérez, Yoire Fombona, Juan Pérez Pérez, Elpidio Jiménez (OF), José Cruz, Juan de Dios Calderón, Manuel Llera, Guillermo Rancel, Santiago Campanería, Pedro González y Roberto Meireles.

Oriente

Director: Francisco Escaurido

Auxiliares: Rafael Suárez, Martín Ferrer y Antonio Sánchez.
Receptores: Ramón Hechavarría, Erol Correa, Miguel Martínez Cuellar, William Mendoza.
Cuadro: Juan Serrano, Andrés Telémaco, José García, Agustín Arias, Guillermo Hernández, Armando Calzadilla, Edilberto Albuerne, Rigoberto Rodríguez, Norge Sandó.
Jardineros: Fermín Laffita, Elpidio Mancebo, Luis Mesignak, José Dranguet, Miguel Telémaco, Jorge Francis, David Borrayo.
Lanzadores: Braudilio Vinent, Roberto Valdés, Orlando Figueredo, Jorge Franco, Mario Ferrer, Gonzalo Castillo, Rolando Castillo, Gonzalo López, Luis M. Verdecia, Gaspar Morales y Norge Santana.

Se escogieron 12 árbitros, los que impartirían justicia en los juegos de provincia, dos en cada juego y el resto serían designados por la provincia. Esos árbitros con categoría nacional fueron Iván Davis, Juan Izquierdo, Alejandro Montesinos, Antonio Ferrer, Francisco Belén, Pedro Prats, Valentín Pestano, Fernández Cotón, Alfredo Paz, Julio Ramón Véliz, Rodríguez y Vázquez. Ninguno de ellos recibió pago por su trabajo en esos juegos, según la prensa, decisión tomada por los ampayas voluntariamente.  

El primer juego tuvo lugar en el Latinoamericano el 1 de abril, en el que jugaron Matanzas y Habana, donde Changa Mederos demostró sus condiciones para dominar a la escuadra de los tres mosqueteros y “D´Artagnan” Tomás Soto. En esa inauguración se desplegó una coreografía que concluía con la palabra MITAD, lo que significaba que se habían sobrepasado los 5 millones de toneladas. No era ningún logro, por cierto, debido a que a partir de mayo la caña de azúcar tiende a rendir menos pol (contenido de sacarosa en jugo), mes en que las temperaturas suelen elevarse y comienzan las lluvias. Así que llegar a la mitad de la producción prevista en abril no era un buen presagio.

Los pronósticos beisboleros no se cumplieron desde la primera semana. El conjunto oriental jugó muy desalmidonado. Su ofensiva no funcionaba y sus lanzadores no lograban los resultados esperados. Roberto “Jabao” Valdés había venido de una rehabilitación, Así y todo, tuvo que lanzar no pocas veces, unas con éxito y otras no, ya que la ofensiva no es que funcionara. Fermín Laffita y José Dranguet fueron los bateadores más eficientes de este conjunto, mientras que, de Mancebo, Arias, Hechavarría y Telémaco no era mucho lo que aportaron ofensivamente.

El Habana cumplió su rol de favorito, pero no hubo despegue importante. Peloteros de experiencia y eficiencia ofensiva como Arturo Linares y Félix Rosas tuvieron que conformarse con ver a su equipo jugar desde la banca. Agustín Marquetti resucitó como el temible jonronero, además del aporte de Armando Capiró, a quien le vi dar un batazo por el left center del estadio del Cerro, el que parecía iba a las nubes. Capiró les hizo la gracia a los camagüeyanos en reñido juego hasta la séptima entrada. El batazo inclinó la balanza a favor de los habaneros. Santiago Mederos vino en forma para esta serie, su curva le rompía debidamente. En un juego sabatino contra Oriente, estuvo a dos outs del cero hits cero carreras, el que se malogró cuando Laffita le conectó incogible. Otro lanzador destacado del Habana fue el reglano Manuel Hurtado, el que recién también regresaba de participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Panamá.

Dos equipos no incluidos en la lista de los favoritos resultaron ser la sorpresa. Camagüey inició haciendo las cosas distintas a los orientales, o sea bateando mucho, ofensiva encabezada por Felipe Sarduy, Vicente Díaz y batazos de largometraje por parte de Don Miguel Cuevas, el que ya tenía cuatro jonrones en las primeras 3 semanas de campeonato. Las víctimas de estos jonrones fueron José Antonio Huelga, el matancero Ernesto William Alfonso, el zurdo Maximiliano Reyes y el pinareño Emilio Salgado. Huelga llevaba 282,1 innings sin permitir jonrón hasta que Don Miguel le hizo la gracia. El pitcheo camagüeyano descansó en las faenas de Oscar Romero, Gregorio Pérez y Juan Pérez Pérez, el que no siempre resultó efectivo. La receptoría era defendida por Pedro Cruz, pero Santiago Hernández recibió una oportunidad que no desperdició al convertirse en un eficiente receptor en la captura de robadores de base. En el primer mes le salieron 11 al robo y enfrió a 8. En juego de Camagüey contra Matanzas, Santiago enfrió a Rigoberto Rosique en intento de robo en la primera entrada, a Félix Isasi en la séptima y a Wilfredo Sánchez en la octava. Chago estaba que cortaba.

Las Villas, sin formar mucha bulla, presentó un juego muy acoplado en las tres áreas: pitcheo, ofensiva y defensa. El jardín derecho de este equipo era defendido por Juan “Canillita” Díaz y el joven gigante Antonio Muñoz, ya que el veterano Jesús Oviedo era el inicialista regular del equipo.

Matanzas marchaba por debajo de lo previsto, aunque Wilfredo Sánchez tenía 12 robadas en el primer mes, aparte de continuar bateando con la eficiencia conocida. Como en esa época debía moverme de la Habana a provincia y trabajar fuera de casa por semanas, coincidió este movimiento a Matanzas en el mes de mayo. Recuerdo un juego entre Matanzas y Pinar del Río en el nada apropiado terreno de Bolondrón, en el cual lanzaba Emilio Salgado por los Vegueros, donde pude presenciar uno de los toques de bola más precisos que haya visto. Lo ejecutó Wilfredo, toque por tercera, parecía como si hubiera puesto la pelota con la mano. José Schueg nada pudo hacer para sacar en primera. Igualmente presencié otro juego, esta vez en el parque de Jovellanos, donde los yumurinos pusieron toda su carga de velocidad para vencer a los villareños.

El equipo de Pinar del Río hizo su esfuerzo, pero era entonces mucho pedir ante otros conjuntos más experimentados.

Concluido abril, se habían lanzado 18 lechadas y se habían escenficado 11 extrainnings, lo que denotaba la calidad de la serie. Camagüey increíblemente ocupaba la cima seguido de Las Villas y a continuación por Habana, Oriente, Matanzas y Pinar del Río.

A mitad de mayo, concretamente el 19 de mayo, hubo una enorme manifestación. Gran parte del pueblo habanero fue movilizado por sus centros de trabajo y sindicato. Se trataba de protestar por el apresamiento de varios pescadores cubanos por parte de los EE. UU. Hubo varios discursos, pero las palabras conclusivas las dio la máxima autoridad, la que no dejó de condenar a los EE. UU. por este hecho, pero a la vez aprovechó para anunciar que los 10 millones de toneladas de azúcar no se lograrían, después de lo cual no quedaba otra que cambiarle el nombre a la serie de béisbol, la que en lo sucesivo sería serie especial y no de los 10 millones. En ese momento Camagüey iba delante gracias a su ofensiva, habían disparado sus regulares 19 jonrones, pero el pitcheo no era que ofreciera gran cosa. Así que a fuerza de batazos los de la tierra de los tinajones iban delante.

Llegado al mes de junio, la tabla de posiciones para ese entonces era con las Villas en la cima, con un juego de ventaja sobre el Habana y 2,5 sobre Camagüey. A la altura de la primer semana de junio, los camagüeyanos cayeron a 6,5 juegos de las Villas, ocupante del primer lugar. El Habana estaba pegadito, a solo medio juego. La ofensiva camagüeyana comenzó a reducirse y su pitcheo no siempre pudo con los adversarios. Orientales parecía despertar, pero eran ilusiones de un juego ganado y luego a perder nuevamente.  

Changa ya tenía entonces 6 lechadas. En menos de dos meses, se habían lanzado 41 lechadas, lo que mostraba la calidad del pitcheo de este evento. Los lanzadores derechos se encargaron de lanzar 31 y el resto quedó a cargo de los zurdos.

Arrieta, mánager del Habana, en el afán de victoria, optó por usar tres abridores en cada juego, una copia de lo que hacía el mánager del Deportivo Matanzas, Tomás “Pipo” de la Noval, en la Liga Nacional Amateur cuando usaba a Sandalio Consuegra, a “Limonar” Martínez y a Ángel “Catayo” González. Se puede decir que la jugada le salió bien durante un buen tiempo. El Habana tenía un cuerpo de lanzadores impresionante, donde, además de Changa, sobresalió la figura de Antonio “Boricua” Jiménez como cerrador hermético. Así el Habana logró dos lechadas a tres manos antes que finalizara mayo. La primera estuvo a cargo del trío de Rigoberto “Bulto” Sánchez, Oscar Martínez y Manuel Hurtado, lanzada frente a los bateadores pinareños. La otra fue obra de Pedro Izquierdo, Manuel Hurtado y Changa Mederos frente al Matanzas. Hubo una tercera, esta vez villareña, Gaspar Legón, los zurdos Román Águila y Ronel Sardiñas le hacían la gracia al conjunto camagüeyano. Hasta 10 de julio se habían escenificado 40 juegos de extrainning.

Humberto Arrieta

Con la caída de los camagüeyanos, la disputa se concentró entre Habana y las Villas. El dúo Huelga-Macías había vuelto por las suyas, ambos con tremenda eficiencia, a los que se unió el brazo del veterano Aquino Abreu. Por su parte, Antonio Muñoz proporcionó bateo de extrabases, no entonces de jonrones, pero sí de dobles y triples, necesarios para impulsar carreras. Una semana antes de cerrar el telón el Habana marchaba arriba, pero resbaló algo y las Villas lo desplazó, al extremo de llegar con un juego de ventaja sobre el Habana en el juego 89, partido de vida o muerte para el Habana ya que, de ganar, tendría que haber juego o serie de desempate.

El dominio del pitcheo villareño superó al no menos estelar del Habana. El marcador final fue de 2-1 para las Villas, juego donde Antonio Muñoz se lesionó y abandonó el juego llorando. No obstante, sus compañeros supieron anotar a la hora buena y llevarse el banderín. La posición de los equipos aparece abajo.

Después de la tabla de posiciones y antes de dar los nombres de los líderes ofensivos y de pitcheo, quisiera escribir algunos hechos de esta serie, todos ellos reportados por el difunto Edel Casas, una verdadera enciclopedia del béisbol cubano y de otros lares, incluido el de la MLB.

Hubo juego donde el Habana propinó paliza a Camagüey, el marcador final 17-6. En la misma primera entrada los capitalinos cayeron sobre los envíos de Oscar Romero por triple de Rodolfo Puente, y hits consecutivos de Eulogio Osorio y Urbano González. Romero fue relevado inmediatamente por Yoire Fombona, al que le siguieron Santiago Campanería, Manuel Llera, Pedro González, Juan D. Calderón, José Cruz y Roberto Meireles. En ese partido Agustín Marquetti compareció al bate cuatro veces iniciando inning, en una de esas conectó jonrón. Los habaneros conectaron 21 imparables en este desafío. En el siguiente juego Juan Pérez Pérez recibió igual dosis de 3 imparables consecutivos de parte del Jabaito, Osorio y Urbano. Mes y medio después en junio, Oscarito se desquitó al lanzarle lechada al equipo Habana, primera que recibía este equipo en esa temporada.  

Sucedido en juego entre Matanzas y Camagüey, los yumurinos al frente 3-2, José Prado de Camagüey en segunda base, ¡la dirección de los matanceros ordenó base intencional a Felipe Sarduy para lanzarle a Don Miguel Cuevas! De película, para suerte del Matanzas Cuevas se embasó por interferencia del receptor Evelio Hernández. Las bases se llenaron, pero Sandalio Hernández no produjo y entregó el tercer out. Eso es tener suerte y nada más.

Los pinareños robaron 6 bases en una entrada frente a la defensiva matancera. Hubo un primer doble robo, Lázaro Cabrera a home y Tomás Valido a segunda, José Schueg recibió base, nuevamente doble robo, Valido a tercera y Schueg a segunda. Con Efraín Hernández al bate, nuevo doble robo, esta vez Valido se robó el home y Schueg llegó a tercera. Así que los 6 robos incluyen dos de home algo inédito en cualquier pelota.

Oscar Romero resultó ser todo un verdugo para los bateadores orientales, a los que les ganó 6 juegos a Oriente. La serie particular, lógicamente, favoreció a los camagüeyanos sobre los orientales. El primer equipo fue sorpresa, el otro una gran decepción.  

Wilfredo Sánchez

En el orden ofensivo, Wilfredo Sánchez estuvo como de costumbre, desbordado. Líder en hits, carreras anotadas y bateo (ver tablas abajo), pero no pudo aventajar en bases robadas al maestro de esa jugada, Antonio “Ñico” Jiménez. Miguel Cuevas, como siempre, máximo empujador y Marquetti líder en los cuatriesquinazos (12). Muñoz lideró en triples, si a alguien le preguntan ahora, jamás podría imaginarse que un hombre tan corpulento como el Gigante del Escambray, lograra ese registro, donde hay que correr. Vicente Díaz no dejó de rendir. Se puede decir que él fue uno de los hombres claves en la ofensiva camagüeyana.
Felipe Álvarez de Pinar de Río jugó las 796 entradas de su equipo (88 juegos), otro hecho destacado y ejemplo de laboriosidad.

El área de pitcheo mostró lanzadores muy trabajadores, como fue el caso de Ernesto William Alfonso. Alfredo García, Juan Pérez Pérez, Gregorio Pérez, Oscar Romero, Florentino González y Roberto Valdés, pero en lo que a eficiencia se refiere, hay que quitarse el sombrero con Changa Mederos, autor de 7 lechadas, Antonio “Boricua” Jiménez con sus 36 juegos salvados, Rolando Macías con un PCL increíblemente bajo y José Antonio Huelga en el % de juegos ganados/perdidos.  

Fue una serie con calidad concentrada, en la que hubo resultados excepcionales en la pelota aficionada cubana. No es errado afirmar que estaban por encima del nivel amateur. Me pregunto por qué no se continuo con un formato como este y no el adoptado en la VII Serie (1967-68) con 12 equipos. Esa mentalidad de gigantismo es la única explicación. Al final, las series selectivas vinieron un quinquenio después, torneos que mejoraron la pelota cubana ostensiblemente.

Fuentes

Prensa cubana entre marzo y agosto de 1970, sobre todo los artículos aparecidos en Bohemia escritos por Rubén Rodríguez y Edel Casas.

23 diciembre 2022

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