Antonio Maceo, una útil reseña de su persona en “Nocturno de la haitiana”

En cuanto a las mujeres, no diré que fuera misógino,
pero sí muy delicado y reservado con las damas”.
Eusebio Hernández sobre la figura de Antonio Maceo

Antonio Maceo y Grajales

La figura de Antonio Maceo resulta históricamente interesante desde todos los puntos de vista.  Maceo fue un hombre con ética y estética, coraje e inteligencia en la organización y ejecución de las batallas. Siempre hablamos del Maceo combatiente, pero no mucho de sus conocimientos culturales y políticos, su forma de respetar y hacerse respetar por sus subalternos y sus enemigos.

El libro “Nocturno de la haitiana” del escritor Joaquín G. Santana nos da una idea clara de los seis sentidos de Maceo, un hombre dotado de inteligencia y capaz de oler el peligro en la distancia. Él, como sus hermanos, fueron adiestrados en el arte militar por el gran Máximo Gómez, el que les enseñó lo que había aprendido y sabía durante el tiempo que ejerció como oficial del ejército español durante la Guerra de Restauración dominicana. El gran Gómez llegó a Cuba en 1865 como comandante de tropas dominicanas al servicio de España tras la anexión de su país, alcanzando el rango de capitán. Ya en Cuba se dedicó a labores como agricultor en Bayamo y no dudó en unirse a la lucha por la independencia de Cuba en la guerra de los 10 años.

Mariana Grajales, madre de los Maceo, era dominicana también y es sabido que las familias Gómez y Maceo eran muy bien llevadas, por lo que esto explica el adiestramiento de los hermanos Maceo por Gómez en el curso de la guerra de los 10 años, así como la colaboración de Panchito Gómez Toro, hijo de Máximo, durante la guerra de independencia a partir de 1895.

Antonio Maceo se destacó en la guerra de los 10 años y logró ascenso por sus méritos y hazañas militares. Famosas fueron sus cargas al machete, las que ponían fuera de combate a cientos de sus rivales. De Gómez aprendió mucho y sabía distinguir los patriotas y los enemigos, sobre todo entre cubanos.

El Pacto de Zanjón marcó el final de la guerra de los 10 años, pero no para Maceo, el que escenificó la famosa protesta de Baragua al no aceptar los términos de esa paz. El Titán de Bronce no tuvo el debido apoyo y se vio con unos pocos hombres peleando contra el ejército español, ya descansado y con menos rivales en la manigua. Esa situación obligó a Maceo a emigrar, su cabeza era muy preciada para las autoridades españolas, las que le persiguieron en cuanto país llegó.

Las embajadas de España fuera de Cuba estaban muy al tanto de los movimientos de Maceo, pero el cubano estaba bien informado de los movimientos de los peninsulares, por lo que siempre tuvo buen apoyo local y de alguna tropa cubana en igual de condición de emigrante.

“Nocturno de la haitiana” relata las peripecias de Maceo durante su estancia en Haití. Entonces la presidencia era ocupada por Joseph Lamothe (fallecido en 1891), militar y político haitiano que ocupó la presidencia de Haití durante un breve periodo en el siglo XIX, específicamente de julio a octubre de 1879. Hasta ese momento Maceo estaba seguro en ese país, pero la llegada o el retorno al poder de Louis Lysius Félicité Salomón complicó las cosas.

Lysius era hombre que conocía de negocios y para él lo más importante era el dinero, poco le importaba lo que pudiera pasar en Cuba o en Puerto Rico. Había aprendido a monopolizar las transacciones de exportación del café y algodón haitiano, y conducir las importaciones extranjeras a través de los monopolios estatales y gravas con aranceles para la entrada de capital. Como resultado al férreo control, el contrabando y la piratería se multiplicaron. Tras la caída de Soulouque, en 1859, Lysius fue deportado y se refugió en París y Londres donde siguió aprendiendo marañas del sistema. Es cierto que, con su ascenso al poder, su gobierno trajo cierto progreso a la economía haitiana, para lo cual se dedicó a tener las mejores relaciones con EE. UU. y España.

Sin embargo, Lysius sentía envidia por la figura de Maceo y desde que llegó al poder, dio ordenes de arrestarlo. Sus buenas relaciones con España invitaban a que se le pagara una recompensa por la cabeza del combatiente cubano. La metrópoli ibérica aspiraba a detenerlo y mandarlo directo para Ceuta, para que allí se pudriera en la prisión del lugar, tal y como le sucedió a otros patriotas cubanos, A Lysius no le importaba que Maceo fuera negro como él, el dinero era lo que interesaba, y le daba igual si era blanco, amarillo o prieto.

En ese período Maceo conoció a una haitiana, la que, sin mucho rodeo, se enamoró del patriota cubano. Veía en Maceo modales y presencia, de hablar pausado sin proferir una mala palabra, muy lector, capaz de recordar versos leídos y recitárselo a ella al oído. Ella estaba dispuesta a dar la vida por Maceo, no le importaba que estaba casado, él se convirtió en el hombre de su vida y por él haría lo que fuera necesario.

El libro viene a ser todo un relato de este romance sin entrar en detalles íntimos, la labor de los patriotas cubanos que cuidaban de la vida de Antonio Maceo, encabezados por su hermano Marco. Todos los atrás y delante de la misión para escapar con vida de Haití y poder llegar a la vecina Jamaica. La narración a veces es suspense, otras veces entrega patriótica y amor. También se describe la labor del haitiano Gastón Revet, el cual no cejó en su empeño de poner a salvo a Maceo y todos sus compañeros.

No es un material extenso, el que seguro el lector encontrará ameno e informativo, a la vez que conocerá más de la grandeza de Antonio Maceo. Lo que si queda claro de esta obra y de la historia sucesiva es que las autoridades españolas jamás pudieron arrestar a Maceo o hacerse de su cadáver el 7 de diciembre de 1896.  

Ricardo Labrada
23 abril 2026

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