“Lánzame afuera y te batearé para ,400,
lánzame adentro y no encontrarás la bola.”
Roberto Clemente
A inicios del mes de abril de 2026 hubo juego entre los Bravos de Atlanta y los Angelinos, en el que el lanzador abridor fue el dominicano Reinaldo López por los Bravos, el que fue castigado con jonrón en la misma primera entrada por el cubano Jorge Soler. Más tarde, en su siguiente vez al bate, Soler fue golpeado por lanzamiento, y en la tercera comparecencia al plato del cubano, López hizo un lanzamiento alocado por encima de la cabeza de Soler, lo que provocó una tangana y se lanzaron algunos golpes al aíre, ninguno hizo diana, por cierto. Ese incidente me recordó otros que he presenciado, donde veía claramente la intención del lanzador, y es lo que me ha motivado a opinar sobre este asunto, el cual, entiendo, requiere de más atención y regulación por la parte de la MLB.
El pelotazo llamado hit by pitch (HBP) en inglés y erróneamente llamado dead ball (bola muerta) en buena parte del área hispana es algo tan viejo como el mismo deporte en sí.
La regla de conceder una base al pelotero golpeado entró en experimentación entre 1885 y 1887 en la Liga Nacional, la que se oficializó en 1887. Hasta ese entonces, los lanzadores abusaban del pelotazo para quitarse de arriba a cualquier bateador peligroso en turno, pero no había sanción. Con sus modificaciones, la regla se ha mantenido hasta hoy día. En 1897 se estableció que si el bateador hacía swing sobre el lanzamiento que lo golpeara, sería considerado strike y no se le concedía la base.
El uso de la bola pegada es un procedimiento habitual de los lanzadores con control, el que busca separar algo del plato al bateador, sobre todo si este es peligroso ofensivamente. Es como para causar miedo a ser golpeado. Eso es algo aceptado en la pelota por lanzadores y bateadores, pero una cosa es pegar la bola y otra cosa es golpear. Esto último puede ser por descontrol del lanzador y sin ninguna intención de castigar al bateador rival. Cuando un pitcher viene wild y es rápido en sus lanzamientos, eso provoca temor, y hasta los mismos directores salen a protestar, pues no quieren ver a ninguno de sus peloteros lesionados por un pelotazo.
Lo otro es el pelotazo intencional o como represalia, algo que varios estelares he visto a hacer y que no es del gusto del que suscribe. He visto en la pelota cubana a lanzadores estelares usar el pelotazo como método de represalia. Voy a recordar a dos de ellos, el primero fue Julio Rojo, el hijo del famoso receptor del mismo nombre, lanzador en la VII serie nacional del equipo Habana, el que estaba en una temporada impecable, la mejor de su carrera, pero que un buen día, en juego contra los Mineros se tropezó con el bateador Otto Guerra, un pelotero más, pero que pudo enganchar un lanzamiento de Rojo y poner la pelota del otro lado de la cerca del jardín izquierdo. Vino Guerra de nuevo a batear dos innings después, lanzamiento por la cabeza, Guerra la vio venir y aterrizó de inmediato en el plato. Por suerte, no hubo pelotazo y suerte para Rojo, pues le habría costado una suspensión larga y tendida. No hubo tangana, por cierto, los ánimos estaban tranquilos.
Otro día fue en juego de los Industriales dirigidos por Andrés Ayón y el Santiago de Cuba en el Estadio Latinoamericano de la Habana. Lanzaba el estelar Braudilio Vinent, hombre que no le gustaba nada que le conectaran jonrón o que un bateador le diera con consistencia repetidamente. La segunda base de los Industriales ese día la jugaba el ya fallecido Carlos Kindelán, el que le aguó el juego a Vinent al batearle a sus anchas en un partido extremadamente reñido. A la altura de la séptima entrada, con hombres en base, Kindelán vino al bate y Vinent le tiró un lanzamiento que poco faltó para que le arrancara la cabeza. Kindelán se protegió y la pelota le rozó. Acto seguido, Andrés Ayón, un hombre con experiencia como lanzador profesional, salió a discutir con el árbitro y exigir la expulsión de Vinent, algo que no se aceptó, por lo que Ayón se movió en dirección al montículo y le dijo algunas palabrotas a Vinent, lo que provocó discusión y manoteos. La tangana no llegó a prosperar al nivel de golpes, pero si duró algo en el terreno. Vinent no fue expulsado y a Ayón se le hizo una advertencia. Industriales ganó el desafío y Vinent luego declaraba que nunca había tenido intención de golpear a Kindelán, allá quien se lo haya creído.
A otro estelar que vi golpear intencionadamente fue al premier Conrado Marrero. Recuerdo que, en 1956, Marrero estaba ya en sus últimas e integró el conjunto de los Cubans en la Liga Internacional (AAA). Lo usaban como relevista. En juego contra los Bisontes de Buffalo en la Habana lo trajeron en las postrimerías para lanzarle al antesalista Lou Ortiz con hombres en base, pero con la primera desocupada. Marrero entró y en el acto le sonó pelotazo en la espalda al peligroso Ortiz. Los comentaristas dijeron que Marrero desde que se hizo cargo del montículo no tenía ninguna intención de tratar de dominar a Ortiz, le daba el pelotazo, llenaba las bases y a buscar el out o el doble play por donde fuera factible. Me pregunto todavía, ¿No era mejor tirarle cuatro malas y evitar el pelotazo?
Un pelotazo tiene serias implicaciones en la salud del pelotero que lo recibe. El 16 de agosto de 1920, Ray Chapman, el torpedero de los Indios de Cleveland, recibió pelotazo del abridor Carl Mays de los Americanos de Nueva York. Mays gustaba de lanzar submarino y en uno de estos lanzamientos, la bola fue a parar directamente a la cabeza de Chapman. En aquella época no se usaba casco protector. El golpeado comenzó a sangrar por el oído izquierdo y no se podía sostener en pie. Sus compañeros lo cargaron, Chapman solo logró decir que Mays no se preocupara, ya que él estaba bien, algo muy lejos de la realidad. Había sufrido fractura de cráneo, le operaron infructuosamente, ya que poco después falleció. Mays cayó en depresión con este hecho.
Ha habido otros pelotazos, pero sin llegar a la muerte como le sucedió a Chapman, aunque no han faltado lanzamientos supersónicos golpeando a algún que otro bateador. Por suerte, en la actualidad existe el casco protector y los bateadores usan otros implementos para proteger partes susceptibles de su cuerpo.
El pelotazo intencional no tiene justificación. No quieres enfrentarte a ese bateador, pues tírale cuatro pelotas malas. Te bateó un jonrón o un extrabase, no tomes represalias, ya que estas pueden costar caras para todos los implicados.
Existen regulaciones para los pelotazos intencionales, una de ellas queda a consideración del árbitro el que puede expulsar al lanzador o al director del equipo llegado el caso. Debería ser ley si, por ejemplo, le batean jonrón al lanzador y, a la siguiente vez al bate el que jonroneó es objeto de pelotazo, y que automáticamente sea expulsado y se le aplique alguna multa que afecte su bolsillo. Esto último está previsto, pero queda al criterio de la comisión que evalúe el caso.
Las regulaciones deben ser estrictas y severas. La intervención, en este caso, obligatoria del árbitro con una regla ya establecida, evitará tanganas, las que solo afean el espectáculo. El béisbol no es ni lucha ni boxeo.
El pelotazo no intencional es parte del juego y ningún bateador debe molestarse si le arriman o le golpean con la pelota debido a descontrol del lanzador. No obstante, un lanzador descontrolado se vuelve un peligro para la salud de los bateadores rivales. Tampoco esto se debe dejar al criterio del árbitro, tres pelotazos por un mismo lanzador en una entrada, por regla, deben ser más que suficiente para su expulsión automática.
Esteban Romero
14 abril 2026
