«Para resolver el conflicto en torno a la
conquista española de México, no se
trata de pedir perdón, se trata de reconocer
que hubo mucha violencia, esclavitud,
masacres, genocidio, ultraprobado con fuentes.
Alba María Pastor Llaneza (Profesora-investigadora
Universidad Nacional Autónoma de México-UNAM).»
Recientemente se ha originado una controversia entre algunos españoles y parte del pueblo mexicano sobre la figura de Hernán Cortés. Los primeros lo pintan como un ángel benefactor y propiciador de civilización y progreso en México, los segundos, por el contrario, niegan ese carácter positivo y lo sitúan como un individuo de escasos escrúpulos, nada que alabar sobre el mismo.
El deseo en este artículo es exponer los hechos como sucedieron, de manera que cada cual pueda razonar. Las realidades no se pueden ocultar y lo beneficioso siempre reluce, lo adverso se menciona con desgano. Varias fuentes fueron consultadas, las que dan una idea de la tragedia de ese proceso de colonización. Que nadie piense que existe animosidad hacia España, a fin de cuentas, Hispanoamérica es casi toda descendiente de españoles, y lo que haya hecho Cortés y otros entes colonizadores, no es responsabilidad del pueblo español, incluso ni el de aquella época. Son los que gobiernan y los que poseen los medios culpables de lo que haya sucedido.
Hernán Cortés nació en la villa de Medellín, en la actual provincia de Badajoz, Extremadura, España, allá por el año 1485, aunque alguna que otra fuente dice que sucedió en 1482, otros en 1484. Era hijo de una familia de la hidalguía rural: don Martín Cortés de Monroy y doña Catalina Pizarro Altamirano. Hernán Cortés y Francisco Pizarro eran parientes lejanos, específicamente tío y sobrino en tercer grado. Aunque popularmente se les suele describir como “primos lejanos”, las investigaciones genealógicas precisan que la línea de Cortés corrió una generación más que la de Pizarro.
Cortés llegó a estudiar Derecho en la Universidad de Salamanca, aunque no llegó a graduarse. Sus padres lo enviaron allí a los 14 años con la esperanza de que siguiera una carrera en leyes o administración, pero solo permaneció en la universidad durante dos años, aproximadamente entre 1499 y 1501. A pesar de su corta estancia, estos estudios fueron fundamentales para su futuro por varias razones. Mientras que la mayoría usaba solo la espada, Cortés usaba el Derecho como un arma política. Él no escribía como un simple soldado; escribía como un abogado experto en relaciones públicas. Sabía qué decir y ocultar para convencer al Rey de que sus acciones, aunque técnicamente ilegales al principio, eran en beneficio de la Corona y la fe católica. Sus cartas son piezas maestras de retórica legal.
Impulsado por una mezcla de ambición personal, falta de perspectivas en España y su carácter inquieto, Cortés decidió viajar a la isla La Española. También muchos extremeños ya estaban teniendo éxito en el Nuevo Mundo. Inicialmente intentó irse en 1502 con la flota de Ovando, pero no pudo debido a que se cayó de un muro mientras intentaba entrar a escondidas a la habitación de una mujer, de la que resultó herido. Tuvo que esperar dos años más, hasta 1504, para cumplir su objetivo. Viajó en una flota de cinco barcos que partió de Sanlúcar de Barrameda bajo el mando de Alonso Quintero.
Al llegar a Santo Domingo, se registró como vecino y recibió una escribanía y una encomienda (tierras e indígenas) en la localidad de Azua. En La Española trabajó como escribano y agricultor, aunque su ambición lo mantenía inquieto. Posteriormente, participó en la conquista de Cuba bajo las órdenes de Diego Velázquez, donde se convirtió en una figura política importante y alcalde de Santiago de Cuba.
Como gobernador de Cuba, Diego Velázquez fue quien obtuvo el permiso de la Corona para explorar las costas de México, lo cual tuvo lugar tras dos expediciones previas a esos territorios por parte de Francisco Hernández de Córdoba en 1517, el que murió debido a heridas causadas en combate con los indios de Yucatán, y de Juan de Grijalva en 1518, el que logró hacer un reconocimiento del litoral yucateco y descubrir la existencia de metales preciosos en estas tierras. Velázquez puso el dinero necesario y consiguió las embarcaciones. La intención legal era solo explorar y rescatar, organizar comercio y buscar náufragos, no conquistar ni poblar, ya que aún no tenía el título de “Adelantado” que le permitiera colonizar. Cortés fue nombrado por Velázquez como capitán de la tercera expedición, pero una vez que zarpó, lo que debió ser una exploración ya iba convirtiéndose en una misión de conquista en la mente de Cortés.
La salida de Cuba ocurrió el 18 de febrero de 1519, desde la Habana con 11 barcos, unos 500 soldados, 100 marineros y 16 caballos. Esa partida fue precipitada y antes de que Velázquez pudiera detenerlo formalmente. Llegó primero a Cozumel, donde tuvo su primer contacto con los mayas y logró rescatar a Gerónimo de Aguilar, náufrago español que hablaba maya y que se convirtió en su primer traductor de esta invasión. Luego bordeó la península y navegó hacia el actual estado de Tabasco. En la desembocadura del río Grijalva la tropa de Cortés se enfrentó a los mayas chontales en la Batalla de Centla, en la que triunfó y recibió como tributo a 20 mujeres, entre ellas a la famosa Malinche.
Las embarcaciones desembarcaron en los arenales de Chalchiueyecan, frente a la actual ciudad de Veracruz, inicialmente llamada Villa Rica de la Vera Cruz, el 22 de abril de 1519, lo que vino a ser el primer ayuntamiento español en tierra mexicana. Esa movida le valió legitimarse ante el Rey de España. Fue aquí donde comenzó a recibir las primeras embajadas de Moctezuma, quien le envió regalos de oro y plumas, lo que terminó de convencer a los españoles de marchar hacia el corazón del Imperio.
Por su parte, Velázquez, a manera de castigo por la traición, envió a una armada liderada por Pánfilo de Narváez a principios de 1520, la que zarpó formalmente de Cuba el 5 de marzo de 1520. La expedición tenía como objetivo explícito detener, encarcelar o ejecutar a Cortés por haber desobedecido sus órdenes y haberse rebelado contra su autoridad al iniciar la conquista de forma independiente. Narváez llegó a las costas de Veracruz con una imponente flota de 18 navíos y alrededor de 800 soldados. Se estableció en la ciudad indígena de Cempoala. Al enterarse de la llegada de Narváez, Cortés se vio obligado a abandonar temporalmente México-Tenochtitlan. Dejó una guarnición a cargo de Pedro de Alvarado, lo que posteriormente detonaría la Matanza del Templo Mayor, y marchó hacia la costa con apenas unos 260 hombres. Entre el 27 y 29 de mayo de 1520, aprovechando una tormenta nocturna y un ataque sorpresa, las fuerzas de Cortés emboscaron el campamento de Narváez, el que resultó herido, perdió un ojo, fue capturado y encarcelado. Tras la victoria, Cortés persuadió con oro y promesas de riqueza a los soldados de Narváez para que se unieran a su causa. Esto triplicó el tamaño de su ejército justo a tiempo para regresar a Tenochtitlan, aunque también introdujo de forma accidental la epidemia de viruela que diezmó a la población local. Cortés mantuvo a Narváez encadenado en la fortaleza de Villa Rica de la Vera Cruz durante casi dos años. Tras la caída definitiva de Tenochtitlan, Cortés finalmente lo liberó y le permitió regresar a Cuba.
Narváez viajó a la península ibérica para denunciar a Cortés ante el emperador Carlos V. Aunque la Corona no castigó a Cortés como Narváez quería, compensó a este último otorgándole el derecho de conquistar y gobernar las tierras inexploradas de la Florida.
Ya se mencionó el nombre de Malinche, personaje femenino que jugó un papel importante en la conquista y en el desenvolvimiento de Cortés en tierras mexicanas. Malinche, también conocida como Malintzin o Doña Marina, fue una mujer indígena nahua, nacida en el 1500 en la región de Coatzacoalcos, Veracruz, en el seno de una familia noble. Malinche hablaba náhuatl y maya, aprendió el español y se convirtió en intérprete, lo que ayudó a Cortés a forjar alianzas con algunos grupos para combatir otros. A su vez, fue pareja de su jefe, y de esa unión nació Martín Cortés, considerado uno de los primeros mestizos de México. Cortés nunca se casó con ella y para quitársela de arriba en un momento de su gobernación, se la entregó en matrimonio al capitán Juan Jaramillo. Malinche se subordinó a los deseos de Cortés, ella le aconsejó en muchas movidas que hizo este jefe invasor. A ella se le consideraba cuando convenía, aunque no dejó de ser fiel a la causa y caprichos de Cortés. Malinche no solo traducía palabras, sino conceptos.
Malinche le explicaba a Cortés quién era Moctezuma, sus temores religiosos y la estructura jerárquica del imperio. Gracias a ella, Cortés entendió que Moctezuma era un líder absoluto, pero también alguien paralizado por las profecías y la duda, lo que le permitió diseñar una estrategia de engaño basada en la falsa diplomacia. Cuando los españoles decidieron capturar a Moctezuma en su propio palacio, Malinche fue la encargada de comunicarle la orden. Ella fue quien, con palabras persuasivas, le aconsejó a Moctezuma que se entregara “voluntariamente” a los españoles para evitar una masacre. Moctezuma, al ver que una mujer de su propia lengua respaldaba la autoridad de los extranjeros, se sintió aún más acorralado. Durante el cautiverio de Moctezuma, ella era el único canal de comunicación. A través de ella, Cortés le daba órdenes al tlatoani para que calmara a su pueblo o entregara tesoros. Al ser Malinche quien transmitía estas humillaciones, el pueblo mexica comenzó a ver a su rey como una marioneta controlada no solo por extranjeros, sino por una mujer indígena, lo que aceleró la pérdida de respeto hacia él. Malinche fue el “ojo y el oído” de Cortés. Su traición -desde la perspectiva mexica- fue entregarle al invasor el manual de instrucciones para destruir psicológicamente a su emperador.
Aparte de la traición a su pueblo, Malinche salvó a Cortés de varias emboscadas planeadas por los aliados de Moctezuma. El caso más famoso fue en Cholula, donde ella se enteró, a través de una mujer local, de que los mexicas y cholultecas planeaban matar a los españoles. Al avisar a Cortés, este lanzó un ataque preventivo, la matanza de Cholula, que aterrorizó a Moctezuma y lo convenció de que los españoles tenían poderes casi divinos para conocer el futuro.
Ahora veamos cómo se comportó Cortés con la hospitalidad de Moctezuma. La traición de Cortés a Moctezuma II no fue un solo acto, sino una estrategia de engaño que aprovechó la bienvenida y las normas de etiqueta mexicas para desarticular el poder del Imperio desde adentro. A tales efectos, apenas una semana después de haber entrado pacíficamente en Tenochtitlan como invitados, Cortés y sus capitanes tomaron a Moctezuma como rehén. La excusa fue la muerte de unos españoles en la costa por el ataque de Cuauhpopoca, destacado militar mexica, administrador de la región de Nauhtla, en la costa del Golfo de México y gobernador/recaudador de tributos bajo las órdenes directas de Moctezuma II. El objetivo real era usar al líder tlatoani como un escudo humano y una marioneta para gobernar a través de él. Acto seguido, Cortés obligó a Moctezuma a presenciar la ejecución de sus propios generales y le colocó grilletes en los pies, un acto profundamente ofensivo para la dignidad de un soberano que era considerado casi una deidad. A su vez, Cortés presionó a Moctezuma II para que revelara dónde se escondía el oro de su padre (Axayácatl). Tras encontrarlo, los españoles fundieron las piezas de arte plumario y orfebrería para convertirlas en lingotes, despreciando el valor cultural que Moctezuma II les había confiado. No le bastaba a Cortés todo lo realizado, humilló cuanto quiso a Moctezuma II, al que obligó a declararse vasallo de Carlos V, lo que fue visto como una traición por su propio pueblo, el cual no dudó en rebelarse, y provocó la matanza del Templo Mayor, liderada por Pedro de Alvarado, cuya masacre obligó a un Moctezuma ya desprestigiado a salir a la azotea para calmar a la multitud. Allí, el soberano recibió una lluvia de piedras y flechas de su propio pueblo. Las tergiversaciones han sido muchas, algunos historiadores dicen que Moctezuma murió por esas heridas. No obstante, las fuentes indígenas locales afirman que los españoles lo apuñalaron cuando dejó de serles útil.
Para muchos historiadores, la traición radicó en la hospitalidad de Moctezuma al recibir a Cortés como a un embajador o un dios, bajo las leyes de la guerra y la diplomacia mesoamericana, mientras que el ibérico, por el contrario, lo trató como un enemigo a capturar desde el primer abrazo.
No obstante, Carlos V consideró a Cortés con una mezcla de cautela política y desaprobación moral. El monarca sabía que Cortés no era hombre de confiar y de cumplir las órdenes de sus superiores. Carlos V no era de los que dejaban que faltaran a su autoridad y sospechaba con razón que Cortés buscaba las vías de volverse cada vez más poderoso. El hecho que desobedeciera las ordenes de Diego Velázquez, representante del rey, no era algo que pasara desapercibido para los mandos superiores de la monarquía, por lo que no era infundado que Cortés deseara proclamarse rey de la Nueva España, como así se le llamaba a México entonces. Carlos V nunca lo nombró virrey, en su lugar envió a funcionarios leales como Antonio de Mendoza para controlar al mismo Cortés. A estos efectos, hay que sumar los informes de Bartolomé de las Casas al monarca, donde le relataba todas las atrocidades cometidas por Cortés con las poblaciones locales.
A Carlos V le preocupaba los métodos violentos de Cortés. Entre ellos se registraron la matanza de Cholula en 1519, el acto más sanguinario antes de llegar a la capital. Bajo la sospecha de una emboscada, Cortés ordenó un ataque preventivo contra la población civil desarmada. En pocas horas, entre 3 000 y 6 000 personas fueron masacradas en la plaza principal de Cholula, una ciudad sagrada. Ya se mencionó la matanza del Templo Mayor (1520), donde la nobleza mexica fue masacrada. Tampoco se puede olvidar el sitio de Tenochtitlan y la hambruna, la que se prolongó a lo largo de 93 días, en los que Cortés cortó el suministro de agua potable y la entrada de alimentos a la ciudad, y así provocó una de las mayores catástrofes humanitarias de la época. Miles de locales murieron de hambre y enfermedades, y la ciudad fue destruida casi por completo edificio por edificio.
Cuauhtémoc era sobrino de Moctezuma II y asumió el mando en 1520, ya en plena guerra contra los españoles. Fue él quien tuvo claridad de la naturaleza del enemigo, por lo que para él no existía otra opción que la guerra para defender la soberanía. El 13 de agosto de 1521, fue capturado en una canoa en el lago de Texcoco mientras intentaba organizar la resistencia desde otros puntos. Al ser llevado ante Cortés, pronunció una frase famosa: “Señor, ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi ciudad y vasallos… toma ese puñal que tienes en la cinta y mátame con él”. Cortés prefirió torturarlo, le quemaron los pies con aceite hirviendo para obligarlo a revelar el paradero del supuesto “tesoro de Moctezuma”.
Durante la expedición a las Hibueras, territorio actual de Honduras, en 1525, en la que también iba Malinche, Cortés ordenó ahorcar a Cuauhtémoc basándose en rumores no comprobados de una conspiración. Fue una ejecución sumaria que incluso algunos de sus propios capitanes criticaron por injusta. Igualmente se sabe que Cortés ejerció la venganza sobre el rebelde Cuauhtémoc violando a su bella mujer Tecuichpo –“copo de algodón”–, hija de Moctezuma, entregándola a sus soldados y volviéndola a violar hasta embarazarla.
La crueldad de Cortés institucionalizó el herraje de los indígenas. A los cautivos de guerra y a muchos civiles se les marcaba el rostro con un hierro ardiente, una “G” de guerra, para venderlos como esclavos, una práctica que deshumanizó a miles de personas en los primeros años de la colonia.
Carlos V supo de todas estas atrocidades de Cortés y llegó a tener crisis de conciencia sobre la legitimidad de la conquista. Después del desastre de las Hibueras, el monarca, en julio de 1526, ordenó a Luis Ponce de León trasladarse a México como “juez de residencia”. Su misión era retirarle a Cortés la vara de gobierno para iniciar un juicio sobre su administración. Para reemplazar definitivamente la autoridad unipersonal de Cortés, el emperador Carlos V expidió una cédula el 13 de diciembre de 1527 creando la Real Audiencia de México, tribunal colegiado, presidido por Nuño de Guzmán, el que asumió las funciones jurídicas y administrativas que antes ejercía el conquistador.
La audiencia fue un juicio severo con cientos de cargos. Las acusaciones más graves y polémicas a Cortés fueron:
– Fraude al Tesoro Real, al ocultar gran parte del “quinto real” (el 20% para el Rey) del tesoro de Moctezuma y de cobrar impuestos sin autorización.
– Abuso de poder y tiranía por reparto injusto de encomiendas (tierras e indígenas), favoreciendo solo a sus allegados y castigando a quienes lo cuestionaban.
– Asesinato de su primera esposa, Catalina Juárez Marcaida, por estrangulamiento en su casa de Coyoacán en 1522, todo ellos provocado tras una discusión por infidelidades y el poder que ella pretendía ejercer.
– Intento de rebelión al planear independizar a Nueva España (México) para coronarse rey. El mismo juez de la audiencia, Nuño de Guzmán, aseguraba la existencia de este plan.
– Maltrato a indígenas, por crueldad excesiva en la guerra y por marcar con hierro a civiles. El enfoque no fue tan humanitario con los indígenas, ya que el juicio en este cargo versaba más sobre la pérdida de mano de obra para la Corona y muy poco por los derechos humanos.
En abril de 1528, se le ordenó formalmente a Cortés viajar a España para defender su causa ante el emperador. Esa movida fue para sacar a Cortés de México y establecer otra gobernación, más leal a los intereses de la corona. A Cortés en España se le recibió con honores, fue nombrado Marqués del Valle de Oaxaca y Capitán General en 1529, pero nunca recuperó el cargo de Gobernador. Regresó a México en 1530, gobernaba la Primera Real Audiencia de México, cuyo presidente y gobernador de facto era Nuño Beltrán de Guzmán. Ese tribunal lo completaban los oidores Juan Ortiz de Matienzo y Diego Delgadillo, los que junto con Beltrán de Guzmán cometieron numerosos actos de injusticia, tan corruptos como su predecesor. Ellos le prohibieron a Cortés formalmente el ingreso a la Ciudad de México para evitar alzamientos populares a su favor. Cortés y su comitiva, incluida su nueva esposa Juana de Zúñiga y su madre, se vieron obligados a refugiarse provisionalmente en Texcoco, período durante el cual sufrieron severas privaciones.
La corrupción de la Real Audiencia de México obligó a la corona a crear una segunda Real Audiencia en 1531, la que fue encabezada por el eclesiástico Sebastián Ramírez de Fuenleal e integrada por el jurista Vasco de Quiroga. Esta nueva administración logró pacificar la región y destituir a Guzmán antes de la llegada del primer virrey en 1535.
Este último proceso no fue nada pacífico, ya que el licenciado Diego Pérez de la Torre investigó a Guzmán, quien fue apresado en la Ciudad de México y puesto en grilletes dentro de una cárcel pública. Tras un largo proceso penal, Guzmán fue devuelto bajo custodia a España, y pasó el resto de sus días en un régimen de confinamiento y prisión domiciliaria, despojado de sus riquezas. Repudiado por la corte y por su propia familia, murió preso el 26 de octubre de 1558 en la Torre de Torrejón de Velasco, cerca de Toledo.
La Segunda Audiencia permitió la entrada de Cortés en Ciudad México, pero no la de intervenir en las decisiones de gobierno, la recaudación de impuestos o la administración de justicia local. Así Cortés canalizó su energía y fortuna hacia el mar, financiando expediciones navales en el Pacífico que lo llevarían a explorar la península de Baja California.
Cortés pudo explorar California al financiar cuatro expediciones, pero enfrentó severas limitaciones políticas, financieras y geográficas impuestas por sus enemigos y por la Corona española. Su aventura en el Pacífico fue un cúmulo de frustraciones coloniales. La primera y segunda expediciones tuvieron lugar en 1531 y 1532. La inicial fue un fracaso al ser atacado por los indígenas y terminar con grandes pérdidas materiales y humanas. En la segunda se creyó haber llegado a una isla (península de Baja California), donde descubrió la existencia de perlas y ya pueden imaginarse cómo se sintió un individuo tan ambicioso como Cortés. Esto le animó a una tercera expedición al mismo lugar en 1535, donde fundó un asentamiento llamado Santa Cruz, hoy La Paz, Baja California Sur. La empresa fue un desastre: la tierra era árida, no había alimentos, el escorbuto diezmó a los hombres y más de 20 colonos murieron de hambre. Cortés tuvo que abandonar el proyecto.
Cortés financió una cuarta y última expedición en 1539, la que fue capitaneada por Francisco de Ulloa, quien recorrió todo el golfo hasta la desembocadura del río Colorado, y así demostró que California era una península y no una isla. En su honor, ese cuerpo de agua se le conoce como el Mar de Cortés.
Antes de esa última expedición, el virrey Antonio de Mendoza al llegar a México en 1535, impuso un control estricto sobre los mares. Mendoza confiscó barcos de Cortés, le prohibió reclutar más hombres y lanzó sus propias expediciones rivales como la de Francisco Vázquez de Coronado. El virrey quería el monopolio de las rutas hacia el norte.
Harto de pelear por sus derechos coloniales y arruinado por sus expediciones saboteadas por el virrey Mendoza, Cortés abandonó México definitivamente en 1540 para viajar a España a reclamar sus prerrogativas ante el rey, un viaje del cual nunca regresó.
Cortés llegó a la corte española con un extenso memorial de agravios, exigiendo compensaciones por lo que consideraba una profunda injusticia. Exigió que la Corona le pagara los enormes gastos de las cuatro expediciones que había financiado de su propio bolsillo en el Pacífico y California. Peleó legalmente por recuperar el número original de indígenas tributarios (23 000) que le habían sido otorgados por su título de Marqués del Valle de Oaxaca, los cuales la Segunda Audiencia y el virrey Mendoza le habían recortado drásticamente. Exigió se le respetara su título de Capitán General de la Nueva España, exigiéndole al rey que detuviera las expediciones que el virrey Antonio de Mendoza realizaba hacia el norte del continente.
La Corona simplemente ignoró sus peticiones o exigencias, posponiendo las audiencias de manera indefinida. Para el monarca, Cortés representaba el viejo modelo de conquistador feudal peligroso y autónomo. El objetivo de la monarquía era consolidar el poder del virreinato, por lo que devolverle autoridad a Cortés en México era políticamente inviable.
Con el animo de llamar la atención del monarca, Cortés organizó una expedición contra los piratas berberiscos en Argel en 1541, la cual fue un rotundo fracaso, con una flota destruida al extremo que poco faltó para que Cortés se ahogara. Luego ofreció tácticas militares para salvar la campaña, pero el consejo de guerra del emperador lo ignoró, profundizando su humillación.
Finalmente, Cortés se dio por vencido y se retiró a Castilleja de la Cuesta, Sevilla, donde falleció a la edad de 62 años el 2 de diciembre de 1547. Sus restos fueron devueltos a México, y cambiaron de lugar varias veces. Actualmente yacen en la Ciudad de México, empotrados en un muro de la iglesia anexa al Hospital de Jesús, el más antiguo de América, fundado por el propio Cortés, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El nicho está cubierto por una discreta placa de bronce que simplemente dice: “Hernán Cortés 1485-1547”. El acceso al nicho es libre para los feligreses del templo, pero no se promociona de forma turística debido a la sensibilidad histórica del tema en México. En realidad, Hernán Cortés es visto como un personaje tristemente célebre en la tierra que gobernó, torturó y mató para poder realizar sus ambiciones de riqueza.
Fuentes
Biografía de Hernán Cortés. https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/cortes.htm
Hernán Cortés: qué conquistó y cronología. https://historia.nationalgeographic.com.es/personajes/hernan-cortes
Pueblosoriginarios.com. https://pueblosoriginarios.com/biografias/cortes.html.
https://medellinsitiohistorico.juntaex.es
Estebanmiracaballos.blogia.com. https://estebanmiracaballos.blogia.com/2015/092201-hernan-cortes-mitos-y-leyendas-del-conquistador-de-nueva-espana.php
Historiaespana.es. https://historiaespana.es/biografia/hernan-cortes
www.mexicodesconocido.com.mx. https://www.mexicodesconocido.com.mx/hernan-cortes-biografia.html
Exploration.marinersmuseum.org. https://exploration.marinersmuseum.org/subject/hernando-cortes/
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/malinche.htm
https://www.donquijote.org/es/cultura-mexicana/historia/la-malinche
http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2573/2563)
https://es.wikipedia.org/wiki/La_Malinche
https://cultura.cervantes.es/espanya/es/do%C3%B1a-marina.-malinche.-la-madre-del-mestizaje/165779
https://amcselekt.es/blog/perfiles/hernan-cortes
https://www.abc.es/internacional/abci-lopez-obrador-afirma-primer-corrupto-hubo-mexico-hernan-cortes-201911191807_noticia.htmlhttps://www.facebook.com/sycmexico/posts/el-verdadero-motivo-por-el-que-hern%C3%A1n-cort%C3%A9s-quem%C3%B3-sus-naves-es-una-de-las-histo/1433286575471100/
https://www.escambray.cu/2026/cortes-y-su-partida-a-la-conquista-de-mexicohttps://estebanmiracaballos.com/2022/05/20/hernan-cortes-regresa-a-espana-en-1528-causando-asombro-y-admiracion
https://www.rutaconquistadores.com/biografia.php?personaje=hernan-cortes
Portuondo Fernando. 1965. Historia de Cuba (1492-1898). Editorial Pueblo y Educación. 599 p.
Ricardo Labrada
13 mayo 2026
