“Cuando el discurso condena la prensa libre,
Ud. está oyendo las palabras de un tirano.”
Thomas Jefferson
El siglo XXI ha venido con sorpresas, sobre todo en EE. UU., lo que ejerce su influencia sobre el resto del mundo. También el desarrollo económico y científico-técnico de China es arrollador, lo que amenaza con una competencia capaz de desplazar a industrias de Occidente. El número de científicos en China es superior a la de cualquier país desarrollado. No se trata de que tiene más población, es que el número de esos cerebros por cada 100 mil habitantes supera ampliamente a los que tiene EE. UU. en la actualidad.
Si alguien piensa usar la fuerza para nivelar el comercio, acabaremos en una guerra con todas sus nefastas consecuencias, pero si alguien piensa que será de desestabilizar este mundo con aranceles, se equivoca de calle. Al final surgirán nuevas alianzas y el elemento perturbador de forma natural será minimizado. El mundo está globalizado y el comercio tiene una enorme importancia. En 1948, poco después de concluida la segunda guerra mundial, se logró un acuerdo general sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). Posteriormente hubo negociaciones en la llamada Ronda de Uruguay, al final de la cual se firmó el Acuerdo de Marrakech en 1994 y en menos de un año después, el 1 de enero de 1995, se creó la Organización Mundial del Comercio (OMC). Todas las partes en este mundo se reunieron para llegar a acuerdos y crear un balance positivo en las relaciones comerciales entre los países, algo que, a mi modesto entender, no siempre favorece a las naciones menos desarrolladas. No obstante, es positivo el poseer un organismo, donde se pueda dialogar y acordar.
Pensar que alguien puede imperar mediante aranceles exagerados, es cosa que se sale de toda lógica. El arancel perjudica, en primer lugar a los negociantes y clientes en el país que impone esta tarifa.
El Tercer Mundo ofrece una enorme fuerza laboral a costos muy por debajo de los que existen en la mayoría de los países desarrollados. Los grandes capitales no son tontos y muchas de sus fábricas han sido trasladadas a países como China, Vietnam, Indonesia, Malasia, Bangla Desh entre otros, donde el salario mensual viene a ser probablemente el de una jornada en varios países desarrollados. Establecen sus producciones en esas naciones y con garantías. ¿Alguien cree que los dueños de esas grandes producciones van a regresar a sus anteriores sitios de manufacturas? No hay que ser economista para llegar a la conclusión de que no volverán.
Otra cosa, implantar aranceles para intencionadamente dejar caer la bolsa de valores y el día menos pensado, se suprimen por 24 horas, la bolsa se dispara y quien sabe lo que pasará se hace de miles o millones de dólares en dependencia de lo que haya invertido dos horas antes. El ciclo se puede repetir irregularmente y por antojo del que impone esas tarifas, y nuevamente habrá una avalancha de dinero al bolsillo de los enterados previamente. Mientras eso sucede el pueblo sufre y hasta puede que haya perdido los centavos invertidos.
El otro asunto es que lo que se produce en los países asiáticos ya mencionados, no llegue a los consumidores de EE. UU. Ningún magnate se va a quedar quieto y esperando a un nuevo arancel. Esos grandes dueños de empresas y corporaciones buscan llegar a nuevos acuerdos y contramedidas con otros países. Las naciones asiáticas no se perjudican al final de esta tragedia. Su poder de resiliencia es enorme, allí no se vive con todas las comodidades de Occidente. Al final, los nuevos acuerdos aíslan al lanza-aranceles.
Jaime Bayly en su programa de youtube (no el de TV) describe algo que resulta difícil de digerir, pero quien dice muñeca, dice tierras raras como el galio y piezas que se fabrican en China para poder producir teléfonos móviles y otros electrónicos. Peor aún ha sido la suspensión de compra de soja de EE. UU. por el gigante asiático, el que ahora importa de Brasil. ¿Quiénes salen perjudicados? Los agricultores, muy próximos a la ruina. La cuota de importación de soja por parte de la Unión Europea es inferior a la de China.
En mi país, Cuba, Fidel Castro y sus colaboradores prohibieron la prensa libre, algo igualmente entonces existente en la mayoría de los llamados países socialistas, con la URSS a la cabeza. Por lo que he leído de esos primeros años entre 1959 y 1962, el régimen fue poco a poco amedrentando a la prensa libre hasta llegar a un solo periódico de cuatro páginas como promedio y con edición orientada y revisada por el gobierno.
Es cierto que la prensa libre dice cosas ciertas, pero publica otras nada veraces, pero lo que no se puede es golpearla y hasta quererla eliminar. Cada ciudadano lee y debe saber discriminar lo que es irreal. Les pongo un ejemplo, leo Izvestia de Rusia a ratos, al final de la lectura hago mis conclusiones. Otro tanto hago cuando leo la CNN, MSBNC, El País, Le Monde o La Repubblica. Me siento libre de leer y digerir lo que entienda como veraz. No me engaño, toda prensa no siempre es libre incluso en países considerados democráticos. Así y todo, agredir a la prensa libre es un paso para reprimir la democracia. Veamos que dice Brian Tyler Cohen sobre este asunto.
Siguiendo las reglas de la democracia, cada cual debe sacar sus conclusiones sobre estos temas. En lo sucesivo, se abordarán otras cuestiones, entre ellas la inmigración, los nuevos gulags en un país de Centroamérica y otros temas.
Ricardo Labrada
2 mayo 2025