Una visita a la isla de Córcega, Francia

El Sol le hizo tanto el amor al mar que
acabaron engendrando a Córcega.”
Antoine de Saint-Exupéry (1900-44
aviador y escritor francés)

Vista de Corcega

Una Vista de Corcega. Foto del autor

Por casualidad me topé en estos días de confinamiento por el coronavirus con un DVD, donde tenía grabada gran parte de la visita que hiciéramos de turismo a Córcega, isla al norte de la otra isla, la de Cerdeña, en la primavera de 2009.

Mis referencias sobre Córcega eran que allí había nacido Napoleón Bonaparte. En 1969 vi un filme francés, del director José Giovanni, que se titulaba “La ley del sobreviviente (1967)”, donde pude apreciar lo accidentado que era su relieve, montañas por doquier. Al llegar a Italia supe con más detalle que Córcega o Corsica había sido parte de la República de Génova y que pasó a manos de Francia cuando las autoridades de la isla se vieron obligadas a firmar el tratado de Versalles en mayo de 1768. Como ha sucedido con casi todas las islas del Mediterráneo, Córcega fue invadida desde la antigüedad hasta la edad media por etruscos, fenicios, griegos, romanos y otros. Pasaba de una mano a la otra.

Para ir a Córcega desde Italia, lo mejor es tomar un ferry sea del Puerto de Livorno o de Génova, en nuestro caso, Livorno era más factible, ya que en dos horas y media podíamos llegar desde Roma en auto. Luego el trayecto de Livorno a Bastia, Córcega, se demora entre tres y cuatro horas. No resulta aburrido, ya que el ferry pasa bastante cerca de la isla Elba.

Vistas de Bastia. Fotos del autor

Bastia está en la parte nordeste de la isla, distante de otros puntos importantes como Ajaccio en el sudoeste, y Porto Vecchio y Bonifacio en la parte meridional. Las distancias son cortas, pero en un territorio montañoso, con carreteras sencillas y sinuosas, no hay forma que el auto vaya a más de 60 km/hora, por lo regular 45 km/hora es muchas veces lo permitido, si es que no uno quiere perecer en accidente. Córcega tiene una longitud de 185 km de norte a sur y una anchura promedio de 50 km de este a oeste.

El lugar para quedarnos fue en la llamada Île Rouge o Isla Roja, precisamente en un hotel llamado La Pietra que está sobre el islote del mismo nombre. La historia cuenta que el puerto de Île Rouge fue fundado en 1758 y estaba estratégicamente posicionado para cortar el tráfico entre Génova, Calvi y San Fiorenzo. Al lado del hotel había un embarcadero, al cual llegaba diariamente un ferry procedente de Marsella.

Isla de Pietra cerca de la Ile Rouge

Isla de Pietra cerca de la Ile Rouge. Foto del autor

Hotel La Pietra

Hotel La Pietra. Foto del autor

Nuestro objetivo no era quedarnos estacionados en la Île Rouge, era el de visitar la isla hasta donde pudiéramos. Fue cuando descubrimos que para ir al sur de la isla era necesario casi pasar por Bastia nuevamente y de ahí bajar por una carretera sencilla para poder llegar a Ajaccio, capital de Córcega y lugar de nacimiento de Napoleón. La ciudad es pequeña, pero con atractivos, sobre todo su paseo de mar, además de tener mercados a lo largo del Cours de Napoleón, vía principal, y en los callejones perpendiculares. Las cafeterías o bares no faltan y el ambiente es chic verdaderamente. Apenas a siete km de Ajaccio están las Islas Sanguinarias, donde no mataron a nadie, sencillamente se llaman así por el color rojo que las caracteriza. Son pequeños cayitos. También está la torre genovesa de Punta della Parata, que data de 1550 y tiene 12 metros de altura. Las torres genovesas abundan en toda la isla, es como una herencia de su pasado con esta región de la Liguria.

Miriam en Ajaccio

La esposa del autor en el Cours de Napoleón, Ajaccio. Foto del autor

Yo en casa de Napoleón, Ajaccio

El autor en la entrada de la casa donde nació Napoleón Bonaparte en Ajaccio. Foto del autor

Malecón de Ajaccio

El paseo del mar en Ajaccio. Foto del autor

Islas Sanguinarias

Islas Sanguinarias y Torre de la Punta della Parata a la derecha. Foto del autor

El dialecto corso tiene parecido con el italiano, diría que más escrito que hablado. No debemos confundir italiano con el ligur, lengua que se habla en Génova localmente. Por lo que es de suponer que guarde mucho parecido con el ligur. De todas maneras, todo el mundo habla francés y puede que uno se encuentre alguno que hable el italiano, que no fue nuestro caso.

Vista de montaña con cima nevada, Corcega 2

Vista de montaña con cima nevada. Foto del autor

Playa Algajola, Corcega

Playa Algajola. Foto del autor

Otra parte interesante es el extremo sur de la isla, donde aparece la ciudad de Bonifacio, fundada en el siglo IX y lugar de asentamiento de los genoveses desde el 1195. La ciudad aparece sobre un promontorio rocoso, donde se combinan playas, cuevas y un mar con agua cristalina. Al tomar una lancha para hacer un recorrido por los acantilados vecinos,  encontraremos cuevas bellísimas, con estalactitas en los techos sobre nuestras cabezas. En el recorrido también se verá la costa septentrional de la isla de Cerdeña.

Paseo Bonifacio 13

Vista de la parte superior de Bonifacio. Foto del autore

Algo de lo que se puede apreciar en el paseo en lancha desde Bonifacio. Fotos del autor

Paseo Bonifacio 11

Paseando en lancha desde Bonifacio. Foto del autor

Estalagtitas Corcega

Estaláctitas en los acantilados. Foto del autor

Costa de Cerdeña desde Bonifacio, Corcega

Vista de la Costa de Cerdeña desde Bonifacio. Foto del autor

Bonifacio 5

Otra vista de Bonifacio y su torre. Foto del autor

De regreso, de Bonifacio a la Île Rouge, uno puede parar y conocer la ciudad de Porto Vecchio (Puerto Viejo), que posee un embarcadero atractivo. A lo largo de estos recorridos, uno aprecia el verdor de la vegetación y lo nevado de sus montañas más empinadas, una combinación realmente bella de paisajes.

Porto Vecchio 2

Embarcadero en Porto Vecchio. Foto del autor

La Île Rouge es una ciudadela que posee todos los servicios necesarios, además de mercadillos. De ahí se puede ir en tren hasta la ciudad de Calvi.

En cuanto a Bastia, es probablemente la ciudad más moderna de Córcega por el hecho de poseer un gran puerto. Allí domina en espacio la plaza San Nicolás, muy extensa y en la que se encuentra el monumento a Napoleón, que al principio uno piensa que es en honor a algún emperador romano por la forma en que se presenta a este emperador francés. Hay otro monumento en honor a los caídos en las dos guerras mundiales. El puerto principal es para los ferris que llegan a la isla, pero tiene también hay uno muy pintoresco para embarcaciones menores.

Plaza San Nicolás en Bastia

Plaza San Nicolás en Bastia. Foto del autor

Embarcadero de lanchas en puerto de Bastia

Embarcadero de lanchas en puerto de Bastia. Foto del autor

Las playas de Córcega son casi todas de arena e invitan a cualquier turista a darse un baño. Mi esposa no dudó en hacerlo en una playa cerca de la Île Rouge.

Monumento a Napoleón en Bastia

Monumento a Napoleón en Bastia. Foto del autor

Monumento a los caídos en las dos guerras en Bastia

Monumento a los caídos en las dos guerras en Bastia. Foto del autor

Me imaginé que la población corsa no daba mucho la bienvenida a los turistas, por suerte me equivoqué. Todo lo contrario, muy amables en general. Personalmente, creo que Córcega merece más de lo que tiene. Es de suponer que ese carácter salvaje que la isla presenta se quiera preservar. Sin embargo, podría tener mejores autovías y que conectaran mejor a sus regiones. Dar esa vuelta enorme desde la Île Rouge para llegar a Ajaccio y o al sur, no parece muy lógico. Como quiera que sea, sus paisajes invitan a visitarla y no una vez.

 

Escrito por Ricardo Labrada, 5 abril 2020

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