Una visita a Mongolia

Es mejor ver una vez que oírlo decir cien veces.”
Viejo proverbio mongol

Poco es lo que el mundo sabe sobre un país con historia milenaria como Mongolia, la que llegó a imponerse en el mundo oriental y dominar extensos territorios desde el siglo XIII. Para que se tenga una idea, las tribus de Mongolia llegaron a invadir China y Rusia por largos períodos de tiempo. La Rus de Kiev fue fragmentada debido a los ataques de las tropas encabezadas por Batú Kan, donde los mongoles gobernaron territorios rusos a lo largo de 250 años. De hecho, la gran Muralla se construyó en China para defenderse de los ataques de las tropas de Mongolia.

Así las cosas, con el tiempo, lo que era Mongolia fue absorbido por la cultura china y su territorio fue asimilado por Manchuria desde el siglo XVII hasta que en 1911 ocurrió una revolución en la llamada Mongolia externa, la que instauró un gobierno teocrático budista llamado kanato, con pocas libertades para la población, lo cual cambiaba poco en el orden social y económico. Era un feudalismo en toda regla, el cual fue derribado en 1921 cuando hubo otra revolución, ésta apoyada por los soviéticos. En 1924, se proclamó la República Popular de Mongolia para así convertirse en el segundo país socialista después de la URSS.

Recuerdo que de niño veía un serial de acción llamado “Drummond, el aviador”, cuya trama se desarrollaba en Mongolia con gobierno de carácter budista tibetano. No es que ese serial aportara cultura, pero al menos uno sabía que existía tal país. No fue hasta 1962 cuando me tropecé con dos mongoles en una actividad cultural en Minsk. Les pregunté entonces torpemente en ruso sobre su país, me explicaron y era poco lo que entendí, llevaba un mes aprendiendo ruso, así que no podía aspirar a mucho. Muchos mongoles estudiaban en la URSS. Personas de baja estatura, pero con mucha fuerza y agilidad en los deportes.

En varias oportunidades participé en reuniones de grupos técnicos del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), donde igualmente tomaban parte especialistas de Mongolia. También en las reuniones de la Comisión Permanente de la Agricultura de esta organización. Así podía oír algo sobre sus problemas. En una ocasión una especialista rusa de medicina me habló de sus viajes continuos a Mongolia casi todos los veranos en misión. De lo primero que me habló fue sobre la alta incidencia de enfermedades venéreas en ese país, algo muy común en la población urbana como la de los nómadas. Lo otro fue que la URSS enviaba aviones para aplicar fosfuro de zinc en grandes extensiones del país debido a la presencia exuberante de roedores. Se liberaba el cebo con el rodenticida, sumamente tóxico, una vez al año, el cual era solo efectivo en una aplicación, ya que las poblaciones sobrevivientes de roedores se trasladaban a lugares seguros y lejos del efecto del rodenticida.

Pasaron los años y Mongolia llegó nuevamente por vía de una solicitud de asistencia técnica a la FAO. A pesar que en los años 90 el ruso no era lengua oficial de esta agencia de las Naciones Unidas, pintaba factible que me hiciera cargo de ese proyecto, por un lado, un poco de conocimiento anterior sobre esta nación, por otro el poderme comunicar con los locales. Nuevamente aparecieron los roedores dentro del problema a abordar. Había que darle inicio a ese modesto programa, para lo cual viajaría a ese país en dos ocasiones.

Pensaba que viajaría a través de Moscú, pero no, fue a través de Beijing, China. Los vuelos de Aeroflot no eran diarios, los de China si lo eran, pero uno solo al día.

Efectivamente, al llegar al hotel, en la recepción todos hablaban ruso sin ningún problema. Los letreros en las calles estaban escritos en cirílico. Para mis adentros pensé que Mongolia venía a ser la Moldova asiática. Digo Moldova, pues en ese país se habla rumano, con la diferencia que siendo república soviética en la década de los 70, todo se escribía en cirílico, y para colmo había gente, sobre todo rusos que negaban que el “moldavo” fuera lengua derivada del latín. En Mongolia, era igual, la mayoría de los letreros y libros escritos en cirílico, escritura aprobada desde 1943. Es cierto que buena parte de la población había cursado estudios en la URSS. En las escuelas aprender ruso era asignatura indispensable. Fueron muy pocos los mongoles residentes en Ulan Bator, que no hablaban ruso entonces.

La capital del país es Ulan Bator (Héroe Rojo), nombre dado en honor al patriota nacional Sukh Bator, quien lideró la última revolución y sacó a Mongolia del feudalismo. En las clases de filosofía marxista se mencionaba a Mongolia como ejemplo de que se podía saltar del feudalismo al socialismo sin necesidad de transitar por el capitalismo. Esta ciudad fue fundada en el siglo XVII y se le llamó Örgöö o Urga, que significa residencia. Luego su nombre cambió por el Ikh Khüree, Da Khüree o simplemente Khüree, que significa “La grande”. Los chinos, por su parte, le llamaba Kulun. Cuando se instauró el gobierno teocrático en 1911, le llamaban Niislel Khüree equivalente a Capital.  Finalmente, en 1924 se le bautizó como Ulaanbaatar. A propósito de Sukhe Bator, cuyo nombre real era Damdin Süjbaatar, hay que reconocer que contaba con fuerzas muy inferiores a las que poseían las tropas del oficial ruso blanco Ungern von Sternberg y a las del ejército chino, pero supo realizar una firme oposición con ayuda del Ejército Rojo de la Rusia Bolchevique. Ulan Bator como ciudad es algo extensa y presenta muchas edificaciones tipo arquitectura soviética de las décadas de los 70 y 80. La parte central de la ciudad es espaciosa. Que sepa, entonces había dos hoteles, uno muy caro y otro un poco menos, este último muy parecido a los existentes en cualquier territorio de la URSS. Ahora veo ofertas en nueve hoteles de la ciudad.

Entrada de Ulan Bator

Entrada de Ulan Bator. Foto del autor

Plaza Sukhe Bator

Plaza Sukhe Bator

Este país enclavado, con fronteras con Rusia y China, tiene una superficie de 1.564.116 km² con unos 3.1 millones de habitantes, por lo que su densidad es de 1,7 hab./km². Cuando visité a este país la población era ligeramente superior a 1.5 millones de habitantes, lo que indica que ha habido un alto crecimiento poblacional en los últimos 30 años. La doctora rusa, de la que ya hablé anteriormente, me confesó que la consanguinidad por un lado, sobre todo en las poblaciones nómadas, como las enfermedades y el clima eran impedimentos para que la población del país creciera. Al parecer esos obstáculos se han ido superando. La capital está cerca del millón de habitantes.

Corría el mes de mayo, en la medida que iba cayendo la noche, el frío iba apoderándose de todos los rincones. Dormía con una enorme colcha y pijama. El especialista nacional que me acompañaba en esta visita me indicó que saldríamos sobre las 4 de la madrugada al campo para ver el problema de los roedores. Me aconsejó abrigarme al máximo posible, pero no le hice caso.

Salimos a la hora acordada y una media hora después ya estábamos en medio de la estepa. La vegetación comenzaba a asomarse, un país con menos de 100 días de calor para poder cultivar, lo que implica tener variedades de cereales precoces. En la medida que iba amaneciendo salían cientos de roedores de las madrigueras subterráneas. Era como si viera nuevamente a la película Gremlins en realidad.

Estábamos en presencia del gerbil de Mongolia (Meriones unguiculatus), aunque en ese país abundan otros roedores, entre ellos el hámster ruso (Phodopus sungorus). El acompañante técnico me informaba que el gerbil no le daba ninguna paz al pasto que pudiera allí crecer, mucho menos si les daba por sembrar cereales en el lugar. Las extensiones afectadas eran inmensas, a lo cual uno les preguntaba si hacía falta cultivarlo todo, claramente que no, por lo tanto, era menester ver el área real a cultivar y sobre ella establecer una estrategia de manejo/control. Mientras iba pensando en todo eso, mi cuerpo se iba congelando y no tuve más remedio que ir a guarecerme en el jeep y echarme una colcha que allí había. A las 5 y media de la mañana había 15 grados bajo cero, con una humedad muy baja, por eso uno no sentía la frialdad de inmediato, era un proceso paulatino. A las 10 de la mañana de ese día, soleado, por cierto, ya había lo inverso, 15 grados sobre cero.

Meriones unguiculatus

Meriones unguiculatus

La vista se le perdía a uno viendo tierras sin tocar y alguna que otra yurta aislada en un inmenso espacio. Yurta es la vivienda típica de las estepas de Asia, la que en Mongolia llaman Ger. En esa choza los nómadas tienen de todo, comida, bebida y calefacción. No se trata de algo improvisado.

En la Yurta

El autor de visita en una Yurta. Foto del autor

Cuando entré allí pensé llegar a una tienda india de esas que nos muestran las películas del Oeste de Hollywood. Equivocado estaba, al uno entrar sentía el calor del lugar, los anfitriones son muy hospitalarios, te brindan leche caliente, carne y hasta tu traguito de vodka.

Familia nómada

Una familia nómada. Foto del autor

Campo arado en Mongolia

Un extraño campo arado en Mongolia. Foto del autor

Los nómadas se dedican a la ganadería, poseen caballos de poca altura, pero muy enérgicos, cualquiera no puede sentarse sobre ellos. Dentro del ganado puede haber vacas, corderos y camellos verdaderos, los que tienen dos jorobas, cuya altura es inferior al conocido dromedario. Criar camellos no es nada fácil. Su embarazo dura 13 meses. En las partes visitadas el camello no era muy común. Su presencia aumenta en la medida que uno se aproxima al Desierto de Gobi, algo que estaba fuera de mi itinerario laboral. Otro animal que no vi por todo aquello es el Yak, un mamífero típico del Asia Central y del Himalaya.

Jinete habitual

Jinete habitual en Mongolia. Foto del autor

Mongolia tuvo un modesto crecimiento durante el período de república popular. Industrialmente no había nada, ni siquiera para elaborar carne y leche que producían, y que podía servirles para exportación. La agricultura trataba de desarrollarse, algo nada fácil en un territorio con un clima tan adverso. Se necesitaban variedades precoces de cultivo. Cuando la URSS desapareció, la economía de Mongolia se tambaleó enormemente. A eso hay que sumar que en 1990 sus relaciones se limitaban a los países del llamado Bloque de Varsovia. A partir de 1992 comenzaron a ampliar sus contactos con países como Corea del Sur y otros de la región asiática. Las relaciones con China se estabilizaron.

No sé qué desarrollo existe en la actualidad en Mongolia, ni qué nivel de relaciones exteriores tienen. Me pregunto eso, ya que hasta el día de la redacción de estas líneas Mongolia, para su suerte, no tiene ningún caso de afectación por el coronavirus y desde el 26 de enero de 2020 han cerrado sus fronteras con China.

 

Escrito por Ricardo Labrada, 17 marzo de 2020, con información adicional consultada en Wikipedia.com

 

 

 

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