El tristemente célebre L.P. Beria, su detención y ejecución

Que nuestros enemigos sepan que cualquiera que
levante la mano contra la voluntad del pueblo, y
contra la voluntad del Partido de Lenin y Stalin,
será aplastado y destruido sin misericordia.”
Lavrenti P. Beria

L.P. Beria y Iosif Stalin

El 23 de diciembre de 1953 era ejecutado el ex-director de la NKVD, Lavrenti Pavlovich Beria, en cumplimiento de la condena a la pena capital dictada por la Corte Suprema de la URSS presidida por el Mariscal Iván Stepanovich Kóniev.

El conocido Beria había nacido el 31 de marzo de 1899 en Sukhumi, ciudad a la orilla del Mar Negro, actualmente capital de la república autónoma de Abjazia, territorio actualmente reclamado por la República de Georgia. Era hijo mayor de un campesino y madre ama de casa. Cursó escuela hasta los 15 años en Sukhumi y de ahí se trasladó a Bakú para estudiar en una escuela tecnológica.

Ya todo un joven, abrazó la causa bolchevique en Bakú, según él mismo afirmaba, a la vez que se destacaba en algunas asignaturas como las matemáticas y otras ciencias exactas. Fue así que se pudo graduar de arquitecto constructor en 1919.

A mediados de 1920 fue detenido en Tiflis, actual capital de Georgia (Gruzia), donde gobernaban los mencheviques. No obstante, existen versiones que Beria llegó a trabajar para el partido georgiano Musavat, el cual tenía estrechas relaciones con Gran Bretaña. No es nada extraño, los héroes y antihéroes del “Don Apacible” de Mikhail Sholojov abundaban en la Rusia ex-zarista de aquella época.

Beria fue liberado de prisión por mediación de Serguéi Mirónovich Kóstrikov, más conocido como Kirov. En 1921, cuando Georgia se unió a la nueva Rusia, se le dieron responsabilidades dentro del partido comunista y comenzó a trabajar en un alto cargo dentro de los órganos represivos de Georgia. Al parecer hacía su trabajo muy bien, ya que en 1923 organizó una redada de activistas de la Federación Revolucionaria de Armenia. Luego hizo algo igual en Tiflis, no salía de una para entrar en otra. Su desempeño como policía en la zona Caucásica no pasó inadvertido para las altas autoridades de Moscú. Primero fue ascendido en esa misma región, donde llegó a ser jefe del GPU (siglas en ruso de la dirección política estatal) de la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos).

Como profesional fue lo suficientemente bueno para analizar las causas de la baja de producción petrolera en Bakú, a la vez que hacía acusaciones para su propio beneficio, como que Trotski había reclutado turcos para organizar la contrarrevolución en la zona del Caucaso, y aplastar cualquier rebelión de los campesinos opuestos a la colectivización impuesta por Stalin.

De hecho, Beria se convirtió en un ente útil para las purgas estalinistas, las cuales ya estaban en acción lideradas inicialmente por Guenrich Grigorievich Yagoda y luego por Nikolái Ivanovich Yezhov, ambos comisarios de interior y ejecutados por el régimen. Beria fue el designado, había alabado bastante al camarada Stalin, lo suficiente como para hacerse del puesto de Yezhov y convertirse en mano derecha de la represión implantada por su amo.

La historia recoge bien que fue Beria, quien ordenó la masacre del bosque de Katyn. El 5 de marzo de 1940 escribió una carta clasificada, donde recomendaba juzgar y luego ejecutar a los “permanentes e incorregibles enemigos del poder soviético”. De esta carta conocían hombres como Anastas Mikoyán, Viacheslav Molotov, Mijail Ivánovich Kalinin y Lázar Kaganóvich. La carta orientaba realizar un juicio sumario para aplicar la pena máxima a ciudadanos y militares polacos, lo que se cumplió al pie de la letra y trajo como resultado la ejecución de 21 768 ciudadanos polacos, una verdadera salvajada.

No es secreto cuantos crímenes más Beria cometió en nombre del Marxismo-Leninismo, en nombre de la causa del proletariado y del internacionalismo. Como paisanos, ambos era georgianos, Stalin y Beria lograron entenderse muy bien, pero todo tiene un final.

Beria llegó a ser el segundo en la nomenclatura partidista en 1953. Solo le aventajaba Gueorgui Maksimiliánovich Malenkov, quien llegara a ser primer ministro de la URSS a la muerte de Stalin el 5 de marzo de 1953. Por detrás de Beria estaban al acecho Nikita Sergueivich Jhruschov, Mólotov, Gueorgui Konstantínovich Zhúkov, Nikolái Aleksándrovich Bulganin, Kaganóvich, entre otros. Todos, incluido el mismo Malenkov, temían de lo que podría hacer Beria. Su carácter cruel era tomado muy en consideración por todo el buró político del PCUS. 

Nikita S. Jhruschov junto al destacado militar Gueorgui K. Zhukov, héroe de la II Guerra Mundial, prepararon una acusación a la figura de Beria, que es para dudar en sus argumentos. En lugar de mencionar los miles de crímenes cometidos, las acusaciones iban en otra dirección y no eran realmente válidas, veamos:

  1. Hechos irrefutables demuestran que Berya se convirtió en un renegado burgués, que se transformó, de hecho, en agente del imperialismo internacional. Este aventurero y mercenario empolló los planes para arrebatar la jefatura del Partido y del país con el objetivo de destruir al Partido Comunista para caer en la capitulación, que inevitablemente nos hubiera llevado al capitalismo. 

No obstante, Berya a cada momento no dejaba de hablar de los planes del imperialismo y de mantener la más estricta vigilancia en el país. En ocasión del funeral de Stalin, habló al respecto y se jactó del armamento moderno que la URSS poseía para hacer frente a cualquier ataque exterior.

Según Isaac Deutscher (1961), biógrafo de Stalin, el único punto que se le puede adjudicar Beria a su favor fue que, con la muerte de Stalin, él se declaró partidario de la unificación de Alemania. Lógicamente, la unificación para someter a todo el país al mandato soviético como el resto de las democracias populares.  

  • La segunda acusación fue que Berya se había empeñado en destruir las granjas colectivas para así entorpecer la producción agrícola y el suministro estable de alimentos a la población.

Nuevamente, es difícil aceptar esa acusación cuando días antes Berya se había referido al sistema de granjas encomiásticamente en el marco de las actividades del XIX Congreso del PCUS (octubre 1952). Berya calificó las granjas como hazaña del sistema soviético y de la construcción del socialismo. Por otro lado, fue Beria uno de los que aplastó cuanta rebelión hubo de parte del campesinado en contra de la colectivización estalinista.

  • La tercera acusación fue que Berya se proyectaba en contra del internacionalismo proletario y la amistad entre los pueblos. Su labor consistía también en minar la amistad existente entre las mismas repúblicas soviéticas.

En el XIX Congreso del PCUS, Berya habló de fomentar el desarrollo de las relaciones y cooperación entre los pueblos, la eliminación de la desigualdad entre los mismos, además de la implantación correcta de la política de nacionalidades promovida por el camarada Stalin. No había nada que indicara alguna aversión de Berya a los postulados estalinistas.

Las acusaciones no podían ser de otra manera, ya que de hacerlo tendrían que acusar al propio Stalin y eso era algo que no se podía entonces permitir el buró político del PCUS. Se trataba de eliminar a Beria para tranquilidad de todos los altos cargos del partido, además de poder abrir el camino para el ascenso de Jhruschov, quien, previa eliminación de otros estalinistas como Malenkov, Molotov y Kaganovich entre otros, no ahorró palabras para condenar el estalinismo o más bien a la figura de Stalin en el marco de las actividades del XX Congreso del PCUS (febrero 1956).

Después de la detención de Beria, comenzaron las especulaciones de la prensa occidental, como era de esperar. Algunos lo santificaban, otros lo satanizaban. El mismo Stalin le presentó a Winston Churchill, primer ministro de Gran Bretaña, a Beria como “nuestro Himmler”.  Entonces, ¿santo o diablo?

El hijo de Beria, Sergo, no cejó en presentar a su padre como inocente. Escribió un libro, en el cual culpaba de todos los crímenes a Stalin. Parecía olvidar que un primer mandatario no puede hacer muchas cosas solo y necesita de secuaces que cumplan sus orientaciones. Primero fue Yagoda, luego Yezhov y después Beria. Sergo había presentado una solicitud de rehabilitación de su padre ante el Tribunal Supremo de Rusia en 2000, la cual no prosperó.

En lo que mediaba la detención y su juicio-ejecución, tampoco faltó una falsa alarma de fuga de Beria de la prisión. Eso ocurrió el 22 de setiembre de 1953. No tardó mucho el tristemente célebre Senador McCarthy en declarar que EE.UU. recibiría con los brazos abiertos al “disidente” soviético. Parece que McCarthy no estaba enterado que escapar de una prisión de la URSS era muy fácil en un serial de aventuras, pero no en la realidad.

A Beria se le encarceló primero en la prisión en Lefórtovo. Posteriormente fue llevado al Cuartel General del General Kirill Moskalenko.

Finalmente llegó el juicio, el que duró cinco días. Se le condenó por alta traición a él y seis de sus secuaces, entre ellos Vsevolod Nikolayevich Merkulof, ex ministro de la Seguridad del Estado. La ejecución de Beria fue un balazo en la frente, disparado por el general Batitsky. Se ha especulado que Beria antes del disparo pidió clemencia arrodillado ante su verdugo.

Lo más penoso de este proceso fue enviar a Nina, la esposa de Beria y el hijo de ambos a cumplir pena en un campo de trabajo. Es para preguntarse, ¿fue acaso Nina cómplice de las fechorías de su marido?

Fuentes

Amiguet Teresa. 2013. Katyn: la matanza oculta de la II Guerra Mundial. La Vanguardia, 13 abril. https://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20130413/54370944029/masacre-del-bosque-de-katyn-urrs-crimenes-segunda-guerra-mundial-ejecuciones-masivas-polonia-soviets.html

Cervera César. 2018. De cómo la URSS liquidó al camarada Beria, el torturador favorito de Stalin. ABC, 16 marzo. https://www.abc.es/historia/abci-como-urss-liquido-camarada-beria-torturador-favorito-stalin-201803140127_noticia.html

Deutscher Isaac. 1961. Stalin. Penguin Books, Londres, pp 647.

Hunkin Elisabeth. 1953. Las acusaciones contra Berya. Diario de la Marina, 9 setiembre.

Marinero Ismael. 2019. Beria, el asesino más eficiente de Stalin. El Mundo, 26 agosto. https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/08/26/5d62a685fc6c83965c8b4586.html

Escrito por Ricardo Labrada, 12 noviembre de 2020

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