“Un hombre para la eternidad (1966)”, un título muy apropiado para un filme de interés

«Si viviéramos en un estado donde la virtud fuera
provechosa, el sentido común nos hiciera santos

Tomás Moro

El director de origen austriaco, Fred Zinnemann, realizó una película sobre uno de los hombres de mayor sabiduría que haya existido. Lástima que el filme no tuvo la debida duración, escasamente dos horas para dar un esbozo de la vida de todo un genio como fue Tomás Moro (Thomas More nombre original en inglés). Realmente se necesitaba algo más, ya que la obra más famosa de Moro, “Utopía”, ni se llega a tocar.

Zinnemann, más que todo, se adentra en el conflicto de intereses del monarca Enrique VIII, las rivalidades entre los componentes de la autoridad del reino y la posición, siempre diáfana, de Tomás Moro, el que deja ver mucho de su personalidad, sus principios y cómo hábilmente sabía torcerles la lengua a hombres corruptos. Un ejemplo fue el dialogo sostenido con el Cardenal Wolsey, el que pretendía usar a Moro para detener el futuro matrimonio del rey Enrique con Ana Bolena. Lo mismo fue durante el careo que tuvo con el más oportunista de la corte, el secretario de Estado de la corte, Tomás Cromwell, al que no debemos confundir con uno de sus descendientes, el rebelde Oliver Cromwell.

Moro era un hombre que, por su conducta, se ganaba la simpatía de pobres, ricos y hasta los más opulentos. Su inteligencia, su vocabulario, si se quiere, su dialéctica a la hora de hablar de algún tema, le distinguían como un hombre culto con profundo poder de análisis. La película no llega a mostrar nada en profundidad de sus preocupaciones por la suerte de los pobres, de la desigualdad existente y en que radicaba la misma. Zinnemann resaltó los enredos de la corte, así como la lealtad de Moro a la iglesia católica, la que para él era inviolable, al extremo que se opuso firmemente a la rebelión encabezada por Lutero, algo que el filme tampoco aborda.

Su inteligencia era igualmente capaz de provocar envidia entre muchos que no le admiraban o entendían que era un estorbo en sus aspiraciones de riqueza o grandeza. Cuando se quieren buscar causas inútiles, estas se inventan para así debilitar al más capaz. Los incapaces suelen criticar y poco realizar, son también poseedores de una inmensa inquina. A toda esa escoria Moro tenía que enfrentarse una vez fue acusado de traidor por el simple hecho de sostener sus principios y no aprobar la separación de Enrique de la reina Catalina y luego el matrimonio con Ana.

La película aborda estos aspectos, pero brevemente, incluso el período de acusación y condena duró varios meses desde 1533 hasta 1535, y esta tragedia en la película parece transcurrir en días o semanas. Eso sí, la maldad de Cromwell queda muy en evidencia, algo que se origina en su envidia y hasta complejo de inferioridad respecto a Moro, pero sí de arribismo se trata, el filme muestra la bajeza de Richard Rich, un hombre que formuló falsas acusaciones contra Moro, el que fue posteriormente ascendiendo, hasta llegar a ser el canciller en el reinado de Eduardo VI a partir de 1547, hecho histórico fue el del alcance del período abordado por la peli. Después del amañado juicio se ven las desgracias, las que el espectador debe ver y analizar.

El reparto del filme fue realmente muy apropiado, El actor Paul Scofield se destacó enormemente en la interpretación de Tomás Moro. Leo McKern interpreta a cabalidad el papel de Cromwell. Orson Welles, como todo un gigante del cine, encarnó al pícaro Cardenal Wolsey con la certeza que siempre le ha caracterizado. Wendy Hiller fue muy convincente como Alice, la cónyuge de Moro. El experimentado Nigel Davenport tuvo otra notable interpretación como el de Duque de Norfolk. Otro tanto para Susannah York como Margaret Roper, la hija mayor de Moro, y para John Hurt como Richard Rich.  Vanessa Redgrave tuvo una actuación breve en el papel de Ana Bolena. El papel de Enrique VIII recayó en otro experimentado actor, Robert Shaw, el que realizó bien su interpretación, pero se me hace que su físico no era el más adecuado, ya que Enrique VIII, por las pinturas existentes de su figura, era una persona gruesa.

La calidad del filme es muy evidente al haber obtenido seis premios Oscar, dos Zinnemann como mejor director, mejor film; Robert Bold por mejor guion y montaje; Ted Moore como mejor color fílmico; Elizabeth Haffenden y Joan Bridge como mejor vestuario, y Paul Scofield como mejor actor protagonista, mientras que Wendy Hiller y Robert Shaw fueron nominados como mejor actriz y actor de reparto, respectivamente. A eso hay que sumar otros tantos premios BAFTA, Globo de Oro y del National Board of Review de EE. UU.

Así que esta interesante película invita a verla a los espectadores interesados en la historia, sobre todo de la Gran Bretaña, una de las grandes potencias de aquel entonces, la que finalmente, por obra y gracia de Enrique VIII, se separó del catolicismo y fundó la iglesia anglicana, cuya primera autoridad es el mismísimo monarca del imperio.  

Escrito por Esteban Hernández, 23 enero de 2022, con información tomada de IMDB.com sobre la película, así como aspectos históricos reseñados en el artículo sobre Tomás Moro en este mismo blog.   

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