La obsesión rusa con Ucrania

Ucrania siempre ha luchado por la libertad.”
Voltaire (1694-1778, filósofo francés)

Al presidente ruso las cosas no le salen como quiere y basta que eso suceda para que utilice eso que se llama violencia. Son muchos momentos que Rusia ha vivido de sangre, de batallas cruentas, donde la palabra paz no existe para nada.

Todavía recuerdo el ataque a una escuela en Chechenia, la llamada masacre de la escuela de Beslán, ocurrida el 1 de setiembre de 2004 cuando terroristas islámicos secuestraron 1181 personas, la mayoría niños, a lo que las fuerzas rusas respondieron con un ataque brutal, el que al final terminó con 334 muertos, de ellos 186 niños y más de 700 heridos. Aquí no hubo palabra de diálogo, nada de eso, todo se resolvió a golpe limpio, tú me das y yo te doy. Vale la pena desempolvar estas historias para tener una idea de quien dirige Moscú, de quien se sienta en el trono del zar. Antes era Ivan Grozni, ahora es Vladimir, pero no es de apellido Grozni, que significa Terrible, como para que tiemble la tierra.

De toda la vida Rusia ha considerado a Ucrania y a Bielorrusia parte inseparable del imperio. Así lo veían los zares, así lo vio la cúpula comunista de la URSS, así lo ve el actual monarca en el Kremlin. Pero que nadie piense que en Ucrania esa mentalidad no existía. A tanto darle, recuerdo cuando Kostía, compañero ucraniano de estudio y de cuarto en Kiev, se paraba delante de la ventana y terminaba diciendo: “Россия,  просторная и великая” (Rusia espaciosa y grande). Kostia no era del Donbass, ni de Khárkov, era de un lugar cercano al Mar de Azov. Tenía su cerebro bien lavadito, su patriotismo se confundía con su militancia en el Partido Comunista, ambas cosas iban unidas, pero detrás de ese sentimiento estaba la prepotencia de la gran Rusia. Él no hablaba de Ucrania siendo ucraniano, hablaba de la Gran Rusia, vivía convencido que nadie los atacaría, que eran fuertes y resistentes, lo que demostraron ciertamente durante lo que ellos llaman la Gran Guerra Patria sinónimo de segunda guerra mundial.

Conocí muy de cerca ese orgullo que coincidía en parte con eso que llamamos chovinismo, algo que existe también en ciudadanos de otros países desarrollados, lamentablemente. Ese aire de superioridad, de invencibilidad, a los que hay que temer, en cualquier caso. Así que no es Kostia solamente, hay muchos otros por ahí, a los que no se le puede decir ni J que critique la política de su país, sea interna o externa.  Aclaro que esos pueblos tienen muchos valores y en el combate son implacables, sobre todo cuando la moral les acompaña, pero el chovinismo es algo que se produce a partir de un falso razonamiento, a una falacia de tipo etnocéntrica y que en ciertos grupos deriva en xenofobia. Los rusos no son superiores a los ucranianos ni a los bielorrusos, a fin de cuentas, los veo y los veré como naciones hermanas, las que deben cultivar la amistad y la colaboración, pero no tratar una, por ser más grande que la otra, de dominar a las más pequeñas.

Bien, no nos apartemos del tema, hablemos de Ucrania, la obsesión del mandatario petersburgués comenzó hace ya más de dos décadas. Para eso se valió de un delincuente, así como lo digo, todo un delincuente, Víctor Fiodorovich Yanukovich, quien fue dos veces arrestado y cumplió condena por delitos comunes en su natal Donbass. El 15 de diciembre de 1967, los tribunales lo condenaron a 3 años de prisión por delito de atraco, y el 8 de junio de 1970 fue condenado de nuevo, esta vez por el artículo 141 del Código penal, a dos años de prisión por causar graves heridas corporales en una riña. ​ Como dijera la también ex primera ministra Yulia Timoschenko, solo en Ucrania sucede que alguien con antecedentes penales pueda escalar altas posiciones de gobierno. Yanukovich provenía de una zona muy prorrusa, no dudo que en su casa solo se hablara ruso nada de jojol (ucraniano)

El caso peor fue que a Yanukovich se le anularon todas esas penas, se hicieron aparecer como falsas y de esta forma pudo llegar a militar en las filas del Partido Comunista, un hecho que demuestra la enorme corrupción existente en ese país y como tan solo en tres décadas han aparecido más multimillonarios que en el resto de occidente. La URSS desapareció por presión popular y también de sus nuevos capitalistas.

Yanukovich es un hombre habilidoso, debemos admitirlo, su tutor tampoco se queda atrás, quien de coronel del KGB en Berlín pasó a ser el hombre de confianza de Boris Yeltsin. Yanukovich fue jefe del partido de las regiones y logró el apoyo del presidente Leonid Kuchma de tendencia prorrusa para llegar a ser primer ministro el 21 de noviembre de 2002, cargo que desempeñó hasta finales de 2004, período durante el cual se doctoró en economía, молодец (bien hecho).

Fue durante el mandato de Yanukovich como primer ministro que Ucrania se deshizo de todo su armamento nuclear mediante acuerdo suscrito por los presidentes Bill Clinton por EE. UU., Boris Yeltsin por Rusia y Leonid Kravchuk por Ucrania. Fueron más de 1800 ojivas nucleares entregadas a cambio de respeto a su soberanía, palabra a la cual Rusia ha incumplido cruentamente. De haber tenido esas armas Ucrania ahora, Rusia lo habría pensado varias veces antes de atacar.

A Víktor le surgió un enemigo, otro Víktor, Andrieyevich Yuschenko (así sería en ruso), el cual había sido presidente del banco de Ucrania y no era prorruso en lo absoluto, había fundado el partido Nuestra Ucrania. Famoso fue su envenenamiento con TCDD, una dioxina extremadamente tóxica, que le desfiguró todo su rostro, algo de lo cual Yuschenko no suele hablar, siempre dice que las investigaciones continúan, aunque muchas partes apuntan su dedo acusatorio al Kremlin.

Vino la llamada revolución naranja, la que surgió a finales de 2004 debido a los fraudes y corrupción durante las elecciones nacionales en ese momento. Los dos Víktor como contrincantes y la victoria le había sido dada al hombre del Donbass, ¡vaya casualidad! Las protestas fueron tantas que esta vez hubo que anular los resultados y volver a las urnas donde ganó Yuschenko con 8 % de ventaja en la votación. A todas luces la anterior votación fue un fraude en toda regla.

Así y todo, Yanukovich volvió a planos estelares, como primer ministro, el 4 de agosto de 2006, pero dicen un viejo refrán de mi país que, perro huevero ni, aunque le quemen el hocico se detiene, y eso fue lo que le pasó a Víktor. Logró sobrevivir el segundo cargo de primer ministro hasta el 16 de noviembre de 2007 cuando perdió las elecciones contra Yuschenko. En 2010 tuvo de rival a Yulya Vladimirovna Timoschenko (así es en ruso), la que fue vencida y una vez consumado el hecho, Yanukovich le abrió un expediente, a la que se le acusó de varias fechorías y se le condenó a años de prisión.

A finales de marzo de 2012 Yanukovich firmó un pacto de asociación de Ucrania con la Unión Europea, un paso nada agradable para su tutor en Moscú, pero a finales de 2013 el presidente ucraniano Azarov informó al pueblo que el acuerdo de asociación con la UE quedaba suspendido. El pueblo ucraniano se lanzó a las calles en señal de protesta, cinco días después Yanukovich se asomó para decir que ese tratado no era bien visto por Moscú. El ridículo mayor llegó 72 horas posteriores cuando Yanukovich va a Vilnius, capital de Lituania, en representación de Ucrania a la reunión del Acuerdo de Asociación con la UE, donde el primer ministro se negó a firmar este pacto, el cual había sido bastante discutido, pero a la hora de la verdad Yanukovich no podía traicionar a su tutor. Para él el mandato de su pueblo de nada valía, había que obedecer las órdenes de Moscú.

El pueblo ucraniano se daba cuenta que Moscú jamás les ayudaría a desarrollarse, eso se podría alcanzar dentro de la Unión Europea, donde podría mantener su soberanía tal y como la mantienen los otros 27 miembros en la actualidad. Caer en las manos de Moscú era como un remake de una película gastada.

Pane Yanukovich sabía que la presión era mucha y sin hablar con nadie, decidió levantar el vuelo. Una semana después de haber dejado el gobierno al garete, accedió a dar una conferencia de prensa, donde informaba que había sido objeto de un golpe de estado. Mejor justificación no pudo buscarse, ya que la oposición era toda civil, así ¿de qué golpe de estado hablaba?

En el transcurso de la salida de Yanukovich, casi sincronizadamente, se producen protestas de la población pro-rusa en Crimea, así como en el Donbass y Lugansk, zonas donde los pro-rusos son mayoría. Hubo sus disturbios y Rusia se abrogó el derecho de intervenir en Crimea para proteger a su población, se organizó un referéndum y Crimea volvió a ser parte de Rusia. Hasta 1954 era parte de Rusia dentro de la URSS, pero el mandamás ucraniano y soviético Nikita Sergueivich Jhruschov había cedido el lugar a Ucrania, a fin de cuentas, todo aquello era soviético y nada iba a cambiar. Ucrania tuvo suerte que el sustituto de Jhruschov fue otro ucraniano, Leonid Ilich Brezhnev. Tampoco es de creer que ninguno de los máximos dirigentes posteriores, incluyendo el aún viviente Mijail Sergueivich Gorbachov, hubiera pensado en la desintegración de la Unión Soviética, por lo que el tema no era de interés.

Está muy claro que la URSS se descompuso en cuestión de meses, algunos aspectos de esta desintegración no quedaron bien acordados, y ahora se corre el riesgo que otras ex. repúblicas soviéticas puedan caer bajo el empuje de las fuerzas rusas. Sin embargo, una cosa es el medioevo y otra es el presente, el siglo XXI, por lo que algo se debe producir para ningún país trate de apoderarse de parte de un territorio que no le pertenece. La ONU debe hacer algo al respecto y con urgencia. Hoy es Ucrania y mañana, no tengo dudas, será Moldova, y así sucesivamente. El respeto a la soberanía es importante, algo que parece que hay recordárselo a aquellos que llevan más de 60 años haciendo el papel de víctimas y al final terminan apoyando a una agresión tan bestial como la de Hitler contra Polonia en 1939. 

Resulta inaceptable que Putín diga por un lado que Ucrania fue una creación de Lenin, le recuerdo que en 1199 Román Mstislavovich unió los territorios de Galincha (Galitzia) y Volin, los cuales abarcaban casi todo el territorio actual de Ucrania, y así se fundó el principado Galincha-Volin, el cual sufrió graves daños causados por los ataques de los mongoles. Ya en ese entonces la Kiivska Rus era historia del pasado. Así que desde el siglo XII había Ucrania. Tampoco viene al caso hablar del asunto de California u otras partes de los actuales Estados Unidos a manera de comparación, algo que sucedió hace más de un siglo.

Esperemos por resultados que alejen la guerra, que ayuden al cese al fuego. A Ucrania no le queda otra cosa que responder con su resistencia. Es una de las leyes de Newton, a una fuerza otra fuerza, solo así podrá sobrevivir.

Escrito por Ricardo Labrada, 6 marzo de 2022

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