Dos Lázaro, ambos receptores del béisbol cubano en el pasado

Pienso en béisbol cuando me despierto en la mañana.
Pienso en él todo el día y sueño con él en la noche.”
Carl Yastrzemski (ex-estrella de los Medias Rojas de Boston)

Escribir sobre las primeras series nacionales y sus héroes es siempre una satisfacción. Jugaban peloteros con muy buena escuela gracias a los entrenadores que se disponían, muchos de ellos otrora profesionales incluso en Grandes Ligas. La vida ha evolucionado y esas series están ahora igual que el sistema, en plena depauperación. 

Aunque ya en este blog se habló una vez sobre Lázaro Pérez Agramonte, vuelvo al tema, al considerarlo como uno de los mejores receptores de las primeras dos décadas de Series Nacionales. Se trata de un villaclareño, nacido el 17 de diciembre de 1936 en Caibarién, el que emigró a la Habana probablemente después de 1959.

Lázaro Pérez pone out a Rosique tratando de anotar desde tercera con fly de Julián Villar al CF

Lázaro era muy popular entre los aficionados en la Habana, siempre hablaban encomiásticamente del brazo y precisión de Lázaro Pérez en sus tiros a segunda. Todos decían que ponía la pelota sobre la almohadilla como un chicharito. Era un bateador muy oportuno sin llegar a ser un monstruo del bateo. Se inició como jardinero central en Series Nacionales. Su buen brazo le permitía jugar bien esa posición.

Lázaro jugaba con el equipo de los locos, el psiquiátrico, conjunto que daba muy buenas demostraciones en los torneos provinciales. Famosos eran sus enfrentamientos con el equipo del MININT, donde también jugaban muy buenos peloteros.

Integró el campeón Occidentales en la I Serie Nacional, en la cual jugó poco como receptor. Ese conjunto tenía como cátcheres a Juan “Coco” Gómez, y a los matanceros Inocente Aparicio y Bárbaro Rosales. En la siguiente temporada (1962-63) jugó para los Industriales de Ramón Carneado, también campeones, alternando con Ricardo Lazo. En la siguiente serie pasó a regular, ya que Lazo lo hizo para Occidentales. En la serie de 1964-65 volvió a alternar con Lazo. La ventaja que tenía era la de jugar bien los jardines, por lo que podía alternar en esas posiciones.

Desde la quinta serie (1965-66) Lázaro Pérez fue regular de los Occidentales y alineaba en turnos al bate del cuarto al sexto. Jugó para este equipo listo para desaparecer en la sexta serie en iguales condiciones.

Por sus habilidades y juego, Lázaro Pérez integró el equipo Cuba por primera vez a los Juegos Panamericanos en Sao Paolo (1963), donde jugó los jardines y la receptoría. Cuatro años después volvió a jugar con el Cuba en los Panamericanos de Winnipeg (1967), donde Roberto Ledo le dio más juego como jardinero que como receptor.

Para la VII Serie Nacional, la primera con 12 equipos, o sea un campeón y una selección de cada provincia, Lázaro Pérez regresó a su provincia e integró a los Azucareros por primera vez, lo que obligó a Jesús Oviedo pasar a jugar la inicial.

Una de las mejores cosas de Lázaro era como guiaba a sus lanzadores. Él era toda una garantía que los pitchers no se equivocaran en lanzar algo errado a los bateadores rivales. Si el conjunto Azucareros ganó series a partir de 1968 se debió en buena medida al servicio en la receptoría de Lázaro Pérez. Además, no era de esos que cometía pasbols, era una mascota segura, y tiraba a las bases con mucha eficiencia. A todo eso añada que Lázaro Pérez era de los que daba conversación al bateador rival y así desconcentrarlo. Podía decirle algo directamente al bateador o indirectamente si este se enfadaba con el árbitro. Fidel Linares cuenta que, si él le protestaba algún conteo, Lázaro le decía al árbitro en broma que lo expulsara. Así y todo, era muy bien llevado con sus compañeros y sus rivales también.

Tenía picardía para todo, de lo cual Rigoberto Rosique puede dar fe cuando Julián Villar conectó fly al central, Laffita le llegó y se dispuso a tirar a home. La jugada no era la mejor, el oriental debía tirar entonces a tercera para evitar el avance del corredor en segunda, pero se decidió y Lázaro se dio cuenta que el tiro venía a la goma, por lo que se movió de manera despreocupada y Rosique venía muy confiado para home, vaya sorpresa, Laffita la puso de aire en la mascota de Lázaro y el matancero fue out a un pie del plato. Sucedió en la segunda Serie de Estrellas concluida la VIII Serie Nacional, cuyos detalles aparecen en artículo anterior en este blog. (Romero 2018).

Al bate no era una figura grande, pero sabía conectar a la hora buena, y cuando integraba el equipo Cuba, buena parte de su entrenamiento era para mejorar al bate. En el Mundial de 1969 en Santo Domingo fue su hit el que encendió la candela en la octava entrada y facilitó la carrera del empate. En ese evento fue sub-líder de los bateadores (.480), solo por debajo de su compañero Owen Blandino (.500). En el Mundial en Cuba (1971) nuevamente fue sub-líder de bateo (.407), el líder fue Rodolfo Puentes (.429).

En total participó en 18 series nacionales, fue parte de tres equipos campeones: Occidentales (1962), tres veces con Industriales (1962-65), tres veces con Azucareros (1968-69, 1970-71 y 1971-72), y una con las Villas en la Serie Especial de 1970, y otra más con el equipo de las Villas en la IV Serie Selectiva (1978).

Integró el Cuba a tres Panamericanos (Sao Paolo, Winnipeg y Cali-1970), a dos juegos Centroamericanos y del Caribe (Panamá 1970 y Rep. Dominicana 1974), y a seis Mundiales (Santo Domingo 1969, Barranquilla-Cartagena 1970, Cuba 1971, Nicaragua 1972, Cuba 1973 y Colombia 1976). Se puede decir que a partir de 1969 era el receptor permanente de las selecciones cubanas.

Lázaro Pérez dirigió al equipo de su provincia en la Serie Nacional de 1981-82, y en las Selectivas de 1981 y 1982, con buenos resultados en la selectiva de 1981 cuando logró su equipo el segundo lugar de la justa. Su despedida de este mundo tuvo lugar el 11 de abril de 2005 en Santa Clara a la edad 69 años.

El otro Lázaro es habanero y le vine a conocer cuando jugaba como receptor para el equipo de la DAAFAR en la provincial, en partidos que se jugaban en los terrenos de la Ciudad Deportiva. En ese conjunto jugaba el veterano jardinero Carlos Chapotín y lanzaba Oscarito Romero, el que se iba a jugar con su provincia cuando llegaba la serie nacional.

Lázaro era alto y se movía bien como receptor y corredor. Mi padre le había visto con anterioridad y me afirmaba que podía jugar la inicial y los jardines también. Hablo aquí de Lázaro Martínez Cárdenas, quien, creo, era oriundo de la barriada del Cerro.

Es cierto que a nivel provincial era muy productivo bate en mano, pero otra cosa es la nacional. Hubo peloteros que les costó algo llegar a brillar en las Nacionales, pero que rompían usualmente la provincial. Uno de los que recuerdo es Eulogio Osorio, quien estuvo cuatro series tratando de batear como lo hacía en los torneos de provincia. Así que Lázaro Martínez no era ninguna excepción.

Su debut fue en la IV Serie Nacional (1964-65) con Industriales y con Ramón Carneado de director, quien le había visto jugar y se empeñó en traerlo a las filas de los azules. Carneado había sido receptor, por lo que era todo un entendido en esa posición. Lázaro Martínez fungió como segundo receptor en el equipo y en ocasiones jugó la inicial.

En la siguiente serie, la VI (1965-66) Fermín Guerra se vio en aprietos con la defensa de la segunda base. Urbano González se había dado de baja por toda la temporada al sufrir fractura en un encontronazo con el torpedero Tony González de los Occidentales. Por eso Fermín comenzó a probar. Una de esas pruebas fue poner a Lázaro Martínez en segunda base. Cuando uno tiene que jugar una posición extraña, pone todo su empeño en no cometer errores, pero todo eso le resta a la ofensiva. Lázaro, sin llegar a ser una maravilla en la posición, la jugó hasta donde pudo. Finalmente, Fermín Guerra optó por poner al novato Ernesto Sotolongo como camarero.

Su primera temporada como regular le llegó con el Habana de Juan “Coco” Gómez en la VII Serie Nacional (1967-68), equipo que se llevara de calle el banderín en esa temporada. El juego de Lázaro Martínez fue importante en la conquista del campeonato.

En la VIII Serie (1968-69), Lázaro Martínez fue el receptor regular de los Industriales. Esta vez el veterano Ricardo Lazo, ya tocando el final de su carrera, se tuvo que conformar jugando como segundo cátcher. Esas funciones de regular continuaron en la siguiente serie nacional y en la serie especial con el equipo Habana, ocupante del segundo peldaño de este torneo.

En lo sucesivo, unas veces jugaba con los Industriales, en otras con el Habana. Dependía de si estaba o no dentro del equipo campeón de la provincia, el Habana.

En la Serie de 1972-73, con los Industriales dirigidos por Pedro Chávez, Lázaro Martínez fue el receptor regular, a veces alternaba con el muy defensivo Leonardo Vilá. Era un equipo muy completo con figuras de experiencia y otras nuevas, los que fueron bien orientados por Chávez para llevarse el campeonato. Se puede decir que Lázaro fue en esta oportunidad más importante que cuando integró el Habana campeón de la VII Serie Nacional. Bateó aceptablemente y rindió bastante detrás del plato.

Hubo un hecho desagradable en una jornada dominical cuando lanzaba el zurdo Rigoberto Betancourt y Lázaro Martínez era el receptor del Habana en la Serie de 1970-71. En aquellas primeras series no se veía, como ahora en Cuba, que el receptor reprimiera al lanzador por no haber lanzado lo pedido o viceversa. Betancourt fue directamente al plato y le arrebató la bola a Lázaro y regresó al montículo muy enojado. La fanaticada, muy amante de Rigo, comenzó a chiflarle a Lázaro, quien se levantó y fue directamente a hablar con el zurdo habanero. Yo estaba en el estadio y observaba que Lázaro trataba de arreglar las cosas, mientras Betancourt no le miraba y continuaba enojado. Chávez, director de ese equipo Habana (1970-71), dejó que ellos se pusieran de acuerdo. En todo momento vi a Lázaro Martínez buscando calmar y acordar, Betancourt estaba en posición hostil. El hecho era una curiosidad en su época, la que no olvido. Ahora los receptores en Cuba alzan las manos, hacen gestos que uno no ve en la pelota profesional. Para jugar bien al béisbol los peloteros en el terreno deben tratar de entenderse correctamente. Esos juegos son vistos por niños también, ¿qué ejemplo se da entonces? Tampoco estuve de acuerdo con chiflar a Lázaro sin saber lo que ocurría. Era fácil adivinar que no se ponían de acuerdo en las señas de los lanzamientos.  

Hasta hace unos días creía recordar que Lázaro Martínez estaba casado con Marlene Elejalde, me había equivocado de atleta, ya que estaba o estuvo casado con Hilda Fabré, destacada campeona nacional y del área centroamericana y del Caribe en salto alto.

En eventos internacionales Lázaro Martínez pudo integrar el Cuba a los juegos Panamericanos de Cali (1971). Entonces escoltaba a su tocayo Lázaro Pérez, receptor regular del equipo. Desde 1969 comenzó a integrar la pre-selección nacional. Normalmente los escogidos eran Lázaro Pérez y Ramón Hechavarría hasta que por fin pudo colarse en el evento ya mencionado. Se pensó que Chava quedaría fuera del equipo en lo sucesivo, pero no fue así, ya que el oriental hizo el Cuba al campeonato mundial efectuado en la Habana (1971).

Tanto él como Chava quedaron fuera de las selecciones nacionales a partir de 1972 con la inclusión de Evelio Hernández como segundo y eventualmente primer receptor del equipo Cuba.

Personalmente le vi jugar aceptablemente a la defensiva, tenía un buen brazo, pero no siempre con buena puntería. Su promedio de cogidos robando fue de 38 por cien. Físicamente era imponente, sabía correr, pero realmente su bateo tenía sus altas y bajas. Muchas veces Jesús Juffré, otro receptor de los equipos habaneros, aprovechaba y bateaba sus lloviznitas, por lo cual Lázaro Martínez recibía dosis de banco-terapia. Su promedio al bate en series nacionales no es alto (.232), tampoco fue bateador de muchos jonrones (45). En fin, de haber tenido una mejor ofensiva habría tenido más posibilidades en las selecciones nacionales, pero no olvidemos de la calidad del pitcheo en esas primeras series nacionales, no eran muchos los que podían batear para .300 y los de .400 llegaron algo después.

Su última temporada en Series Nacionales fue con los Agricultores de René Bello en la temporada de 1976-77. En Selectivas jugó en la I y la II con el conjunto Industriales. Así que participó en 14 series nacionales incluida la serie especial de 1970 y en dos selectivas Lázaro Martínez desapareció en un momento que surgía una figura legendaria de la receptoría en los equipos habaneros, como lo fue Pedro Medina. Me pregunto si esa haya sido la causa de su retiro.

Nota: las estadísticas son tomadas de las que publicó el sitio Cuban-Play en el pasado. El resto de la información consultada es de los registros personales del autor.

3 setiembre de 2022

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