“El hecho de que el estúpido sea a menudo
testarudo no debe cegarnos ante el
hecho de que no es independiente.”
Dietrich Bonhoeffer
El personaje de Dietrich Bonhoeffer no es muy famoso, por lo que es poco conocido por las últimas generaciones. Se trata de un hombre, nacido el 4 de febrero de 1906 en Breslavia, entonces Alemania, actual Wroclaw, Polonia, el que se inclinó desde temprana edad por el estudio de la teología y formarse como pastor.
Inició sus estudios de teología en la Universidad de Tubinga en 1923, un año después se trasladó a cursar estudios en la Universidad de Berlín, donde se doctoró en teología en 1927, entonces con solo 21 años. Entre 1930 y 1931 realizó estudios de posgrado en el Union Theological Seminary de Nueva York, donde se familiarizó con la realidad de las iglesias afroamericanas.
Previamente a su estancia en EE. UU., para su formación como pastor, realizó prácticas eclesiásticas en una comunidad de habla alemana en Barcelona, España, entre 1928 y 1929, y fue ordenado oficialmente como pastor luterano el 15 de noviembre de 1931 en la Iglesia de San Mateo (Matthäuskirche) en Berlín.
Bonhoeffer tuvo la habilidad de darse cuenta de los propósitos malintencionados de Adolfo Hitler desde que este se apoderara de la jefatura de Estado. Fue así como el pastor encabezó el seminario clandestino de Finkenwalde, ubicado en Pomerania, hoy parte de Polonia, entre 1935 y 1937. Ese proyecto nació por encargo de la Iglesia Confesante, el movimiento de iglesias protestantes que se negó a someterse al control de Hitler y a las directrices antisemitas del Tercer Reich.
En ese seminario estudiantes y profesores vivían juntos bajo el mismo techo, compartían la comida, el mantenimiento del recinto y los escasos recursos financieros de los que disponían. En ese lugar, se establecieron rigurosas rutinas de oración comunitaria, tiempos estrictos de silencio absoluto, canto coral y la lectura diaria y meditada de las escrituras. También se introdujo la práctica de la confesión de pecados entre los propios compañeros, algo sumamente inusual en el ambiente luterano de la época, para así fomentar la transparencia y la confianza mutua absoluta.
En 1935 el régimen nazi declaró ilegales todos estos seminarios. Ante esta amenaza de arresto, Bonhoeffer reunió a sus vicarios, les explicó el riesgo real de ir en contra de las leyes estatales y les dio la libertad de marcharse. La inmensa mayoría decidió quedarse y continuar en la clandestinidad. Ellos habían aprendido que el discipulado cristiano requería estar dispuesto a pagar un precio alto frente a la injusticia del Estado, una idea que Bonhoeffer plasmó en su famoso libro “El costo del discipulado”, escrito justamente durante sus años en Finkenwalde.
Para sostener económicamente el seminario y mantenerlo oculto de las patrullas de la Gestapo, Bonhoeffer se apoyó en la complicidad de terratenientes locales opositores, a la vez que destacaba la ayuda incondicional de la condesa Ruth von Kleist-Retzow, quien le facilitó fincas, alimentos y protección frente a las constantes inspecciones policiales.
Bonhoeffer no se rindió y continuó liderando el seminario de forma itinerante. Durante los dos años siguientes, organizó seminarios colectivos en la retaguardia, camuflando a los estudiantes en pequeñas parroquias rurales de Pomerania para seguir formándolos en secreto hasta que el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 hizo imposible continuar la operación.
La Gestapo detuvo a Dietrich Bonhoeffer el 5 de abril de 1943 en la casa de sus padres en Berlín. Los motivos de su arresto evolucionaron a medida que el régimen nazi descubría el verdadero alcance de sus actividades clandestinas.
Entre los cargos expuestos por la Gestapo estaba la evasión del servicio militar y por utilizar fondos del servicio de inteligencia, la Abwehr, para ayudar a un grupo de 14 judíos a escapar a Suiza, operación clandestina conocida como Operación Siete. Su cuñado, Hans von Dohnanyi, también fue detenido ese mismo día. Durante el primer año y medio en la prisión de Tegel, los nazis solo lo consideraban un opositor político menor y un “evasor”, por lo que no temía por su vida. La causa definitiva llegó después del fallido atentado contra Hitler el 20 de julio de 1944, conocido como el complot de la operación Valquiria. La Gestapo se adentró en el asunto y descubrió los diarios y documentos secretos del almirante Wilhelm Canaris, los que probaban que Bonhoeffer formaba parte activa de una red de espionaje dedicada a derrocar el régimen y que apoyaba directamente el magnicidio de Hitler. Por este último hallazgo, Bonhoeffer fue declarado traidor a la patria, trasladado a una prisión de máxima seguridad de la Gestapo y, finalmente, condenado a muerte.
Durante su prisión en Tegel, Bonhoeffer escribió ensayos y cartas sobre la responsabilidad moral donde expuso su famosa “teoría de la estupidez”, la que sostenía que la estupidez es un enemigo más peligroso para el bien que la maldad. Argumentaba que, contra el mal, uno puede protestar y defenderse, pero contra el estúpido -alguien que ha renunciado a usar su propio juicio y actúa guiado por consignas- la razón resulta inútil.
La lealtad ciega al nazismo se debía a tres factores clave:
- El impacto del poder emergente, un irresistible auge del poder sea político o religioso, qu contagia de estupidez a una gran parte de la humanidad. El despliegue de fuerza, desfiles y autoridad del régimen avasallaba psicológicamente a los ciudadanos.
- La renuncia a la autonomía mental, ya que el individuo se somete al líder y experimenta un “efecto liberador” de su propia responsabilidad moral. Dejaba de evaluar lo que estaba bien o mal por sí mismo y le entregaba su conciencia a Hitler.
- El pensamiento de rebaño prevalece cuando la estupidez florece en los grupos. Bonhoeffer notó que un individuo aislado rara vez caía en este estado, pero al integrarse en la masa nazi, la presión social anulaba su pensamiento crítico.
Bonhoeffer describió la interacción con un seguidor fanatizado de una forma que sigue resonando hoy en día:
- El cautiverio de los eslóganes: Al hablar con un nazi, uno sentía que “no estaba tratando con la persona misma, sino con consignas, eslóganes y frases hechas que se habían apoderado de ella”. El individuo estaba completamente bloqueado, repitiendo la propaganda del aparato estatal.
- El peligro de su autocomplacencia: El estúpido no tiene dudas. Al sentirse respaldado por el poder y la mayoría, se muestra completamente satisfecho de sí mismo. Se vuelve sumamente irritable y hostil si alguien intenta mostrarle la realidad, transformándose en una herramienta capaz de cometer atrocidades sin culpa alguna.
El pastor llegó a la amarga conclusión que esa estupidez era irreversible. Para el seguidor del régimen era completamente inútil razonar y el daño en su juicio era irreversible al ignorar o tildar se mentiras todo argumento o pruebas de daño causado por el régimen, El régimen y su líder eran inmunes a los hechos. Bonhoeffer entendía la paradoja del mal vs. la estupidez. Para el pastor, contra la maldad se puede luchar, se puede denunciar y se puede combatir. El malvado suele saber que está haciendo el mal y se cuida. El estúpido, en cambio, está convencido de que está haciendo lo correcto. Al no haber autocrítica, el diálogo constructivo se vuelve imposible.
La estupidez colectiva de los seguidores de Hitler no se podía curar con educación, instrucción o debate. Bonhoeffer concluyó que la estupidez solo podía quebrarse mediante un acto de liberación externa. El régimen y su estructura de poder debían ser destruidos por completo en la realidad física para que, una vez rota la ilusión de omnipotencia del líder, los individuos pudieran recuperar la independencia de su propia mente.
Al analizar las afirmaciones de Bonhoeffer, uno se da cuenta y se sabe por experiencia propia, que todas las dictaduras se basan en el adoctrinamiento de los individuos en las ideas del líder máximo, al que toman por un Dios, como lo mejor que les podía ocurrir. Muchos se atrincheran en esas ideas, otros con el tiempo rectifican su ingenuidad. Cuando la persona llega a conocer por dentro el manejo de las políticas de engaño, entonces es cuando la persona dice un basta y termina su ilusión de futuro mejor. Ese proceso puede ser de años, lustros o décadas, todo eso en dependencia de lo que dure el régimen en el poder.
Triste es cuando en una democracia aparece un farsante, hábil en la demagogia, capaz de mentir sin importarle que las evidencias dicen todo lo contrario de lo que afirma, prometiendo lo que nunca cumplirá, que se pinta de ángel cuando es el mismísimo diablo, al que no le interesa más que su enriquecimiento y nada de lo que afecta a un pueblo, al que su avaricia lo lleva a crear situaciones en que pone en riesgo hasta la vida de soldados, tal y como lo hiciera Hitler durante el período de su dominio en Alemania. La democracia entonces se tambalea cuando millones de votantes van a elegir a ese ídolo carente de virtudes y lleno de maldad. Triste, muy triste, ya que son millones de enfermos de la estupidez que describió Bonhoeffer, la que será solo reversible paulatinamente cuando ese ogro y sus asistentes que lo circundan pierdan definitivamente el poder.
Esa estupidez es un componente del culto a la personalidad de muchos personajes tristemente célebres, igualmente de esos fanáticos que viven aferrados a partidos políticos sin prestigio y notables por su malversación de fondos.
Fuentes consultadas
https://thebonhoefferproject.com/weeklycolumn/bonhoefferinprison
https://www.psu.edu/news/research/story/bonhoeffers-dilemma
https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/dietrich-bonhoeffer
http://www.g-daf-es.net/bonhoeffer/resistencia.htm
Ricardo Labrada
22 mayo 2026
