Horizontes de grandeza (1958), un film de moralejas

Simplemente el mejor film que se haya hecho jamás.
Dwight D. Eisenhower (Presidente de los EE UU 1953-61)

Los expertos de cine califican al film de referencia (The Big Land, título original) como un Oeste y un drama romántico. De hecho, no es un Oeste de esos que se ven a blancos fornidos matando a cuanto indio se les atraviese en su camino, o de esos donde aparecen vaqueros malvados y otros bondadosos, los malos y los buenos.

No, no es así. En muchos aspectos la trama de Jessamyn West aborda aspectos éticos muy convincentes. La primera lección es que el coraje o valentía no hay necesidad de expresarlo públicamente mediante actos de violencia. La segunda es que nadie tiene porqué fanfarronear sobre sus logros personales, sobre todo en el orden físico, lo que es además muy común a gente vulgar. La tercera y no la última, las diferencias y desacuerdos entre dos personas no deben ser llevadas al plano familiar y comunitario. Provocar enfrentamientos entre grupos de personas es típico de los que se creen valientes y no lo son.

A nadie le cabe la menor duda que los poderosos económicamente siempre han tratado de humillar a los pobres, lo que se evidencia en el film, solo que cuando eso sucede, no queda otra alternativa que la rebelión de los oprimidos. Si el oprimido no lo hace, es de entender que nunca tendrá derecho a la palabra y a ser escuchado. Aunque este tema se aborda en el film, este autor no cree que se haya querido profundizar mucho en el mismo, quizás el mayor defecto de la película.

El amor no debe confundirse con el orgullo, son dos cosas diferentes. Nadie va a lucir más bonito por andar con alguien que no comparta sus mismos puntos de vista. La unión de dos personas no puede solo basarse en el atractivo existente, debe ser también en tener opiniones comunes, eso sin que uno tenga que imponérselo a la otra parte.

Esa es la descripción de esta película del director William Wyler, que contó con el protagonismo estelar de Gregory Peck y Jean Simmons, además de actuaciones aceptables de Charlton Heston y Charles Bickford, mientras que el veterano actor teatral Burl Ives se mostró a su alto nivel como de costumbre, Carroll Baker estuvo estupenda como novia del Dandy (G. Peck) y Chuck Connors encarnó bastante bien el papel de niño grande descarrilado y malcriado.

Es una de las joyas del cine clásico, filmada en el Cañón del Monumento Nacional Chelly en Arizona, así que invitados están a verla y disfrutarla.

Escrito por Esteban Hernández, 22 octubre de 2020, con información consultada en IMD.com    

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