El polímata Avicena, padre de la medicina moderna

La imaginación es la mitad de la enfermedad;
la tranquilidad es la mitad del remedio; y la
paciencia es el comienzo de la cura.”
Avicena

Esta vez no se trata de un científico griego, es todo un sabio persa, cuyo nombre real es Abū ‘Alī al-Husayn ibn ‘Abd Allāh ibn Sĩnã, conocido en occidente como Avicena, hombre que se desarrolló en los campos de la medicina, la astronomía y la filosofía.

Avicena nació el 20 de agosto de 980 en Afshana, localidad que se ubica en el actual Uzbekistán, a 60 km de la legendaria Bujará. Avicena era hijo de padres musulmanes, por lo que recibió temprana educación en El Corán, el cual recitaba ya en su adolescencia. A los 14 años era un autodidacta, muy interesado en la medicina y las ciencias naturales. En Bujará, capital del reino samaní, estuvo un tiempo, ya que su padre tenía un cargo de funcionario en el lugar, lo que Avicena aprovechó para sumergirse en el mundo de las ciencias e incluso de la música.

Era tanta su erudición que logró convertirse en médico y consejero científico de la corte del reino samaní en 999. Posteriormente se trasladó a Hamadán, donde fue electo como ministro por el emir del momento. Ese cargo sumado a las investigaciones que llevaba a cabo sobre el Canon médico, lo obligaba a trabajar prácticamente todo el día. Es cierto, que contaba con dos asistentes, pero aun así era una ardua tarea, sobre todo para un hombre de menos de 20 años.

Llegó a escribir diez volúmenes, entre ellos “El tratado del resultante y del resultado” y “La inocencia y el pecado”, mientras que su Canon de medicina fue una obra con grandes aportes para la humanidad. Por suerte, ese canon fue traducido al latín entre 1150 y 1187. Del mismo se ve que los estudios de Avicena describen de manera diferenciada la pleuresía, la mediastinitis, las variantes de la ictericia, los síntomas de la diabetes, la circulación de la sangre en el cuerpo humano, la anatomía del ojo y la catarata. Supuso que las ratas tienen que ver con la propagación de la peste. Supuso correctamente que el agua podría contener vectores de enfermedades infecciosas. Muhamed Asimov, presidente de la Academia de Ciencias de Tayikistán afirmó que Avisena describió la viruela y el sarampión, enfermedades desconocidas por los galenos de e la Grecia antigua.

En sus investigaciones médicas combinaba sus hallazgos en este campo con su conocimiento de la filosofía, como forma de establecer principios a partir de los elementos que constituyen al ser humano, su temperamento y cómo influye sobre la salud.  

En sus concepciones, afirmaba que la filosofía sirve para informar acerca de las verdades de todas las cosas en la medida de lo posible al hombre. Las cosas existentes, o bien existen sin depender de nuestra voluntad ni de nuestra actividad, o bien existen por nuestra voluntad y actividad. Interesante razonamiento que se aparta bastante del idealismo, por cierto. Entendía la lógica como parte e instrumento dentro de la filosofía. Esa concepción le permitió discernir entre lo falso y lo verdadero. Avicena era idealista por sus estudios teológicos y no negaba en lo absoluto la existencia de un ser supremo, es de suponer, que no le atribuía responsabilidad de todo lo que sucedía en nuestro entorno. Su afirmación al respecto era “Dios es simplísimo, perfectísimo, inmutable e inefable”. Algunas categorías filosóficas fueron manejadas por Avicena, como fue el de la necesidad, la que relaciona con la posibilidad e imposibilidad.

Entre esas obras también estaba el estudio de las costumbres de la época, el que se publicó bajo el título de La inocencia y el pecado. Tampoco escaparon de su interés aspectos de la astronomía. La fama de Avicena fue enorme por sus aportes en toda Persia.

Con la muerte del príncipe Shams al-Dawla, también conocido como Abu Taher, gobernador de Hamadán y Kirmanshah, en 1021, le sucedió el reinado de su hijo Sama’ ad-Dawla, con lo cual se agudizaron contradicciones internas que provocaron rencores y represalias. Esta situación llevó a Avicena a prisión, de donde escapó disfrazado de derviche (monje musulmán) y se trasladó a Ispahán, en el mismo centro del actual Irán. Allí fue acogido por el emir Ala ad-Dawla Muhammed, donde trabajó por el resto de su vida. Su muerte tuvo lugar el 18 de junio de 1037. El llamado príncipe de los médicos fue enterrado cerca de Hamadán, donde se construyó un mausoleo en su honor en los 50 del siglo pasado.

Existe un premio con su nombre otorgado por la UNESCO a personalidades destacadas en la ética del mundo científico. Existe una película que presenta parte de la vida de Avicena, “El médico (2012)”, dirigida por el cineasta alemán Philipp Stölzl, mientras que el papel de Avicena fue protagonizado por el inglés Ben Kingsley.

Fuentes

Anon. 2015. Avicenna.Encyclopædia Britannica Ultimate Reference Suite.  Chicago.

Anon. 2017. Avicena, el primero de los sabios. Doloralia, 19 dic. https://www.quironsalud.es/blogs/es/doloralia/avicena-primero-sabios

Cohnen F. 2012. El Médico: El regreso del sabio Avicena. Muyhistoria.com, 23 dic. https://www.muyhistoria.es/edad-media/articulo/el-medico-el-regreso-del-sabio-avicena-111387814297

López Farjeat L.X. 2009. Avicena. Philosophica. https://www.philosophica.info/voces/avicena/Avicena.html

Escrito por Ricardo Labrada, 27 setiembre de 2021

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