Los nuevos peloteros cubanos, miembros del Salón de la Fama: I. Orestes Miñoso

Yo amo a todo el mundo, del Sur, del Norte,
del Este. Los amo a todos y les respeto.”
Orestes Miñoso

El gran Orestes Miñoso

Al fin le llegó el premio al hombre de Perico, Matanzas. A estas alturas hay un periodista en Chicago que no se ha enterado que Orestes Miñoso no es de la Habana. Miñoso es tan matancero como Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez, Edmundo Amorós, Bert Campaneris, Leo Cárdenas, Silvio García y otros peloteros cubanos más destacados de esa provincia.

Miñoso siempre dijo que le gustaría llegar al Salón de la Fama en vida, no post mortem, lamentable, pero sucedió tal como él no quería. En este artículo deseo reflejar algunos detalles que había encontrado hace un tiempo sobre los primeros pasos del matancero en territorio de EE. UU., primero en las Ligas Negro, luego en las Menores y las Mayores. Algunos de estos detalles no aparecen casi reflejados en su autobiografía, quizás por la modestia que caracterizaba a Miñoso como persona.

Miñoso firmó con los New York Cubans en 1946, lo que implicó que el cubano se  trasladara a jugar a los EE. UU., territorio desconocido para él, pero con la suerte que en ese equipo jugaban ya algunos cubanos, como es el caso de Silvio García, el que orientó a Miñoso en todo lo que pudo. Otros dos que le ayudaron igualmente fueron el receptor Rafael Noble y el lanzador Luis Tiant Sr. Ellos todos ya hablaban inglés y conocían las costumbres del lugar, lo que le estaba permitido y prohibido a un ciudadano negro en ese país entonces.

Su primera temporada con los NY Cubans no fue del todo exitosa, pero en las siguientes dos bateó a sus anchas con OPS por encima de .880. No obstante, hay un detalle interesante y fue que Miñoso asistió al entrenamiento primaveral de los Cardenales de St Louis en 1947. Los de Missouri habían anunciado que todos los interesados en participar podrían hacerlo, por lo que el matancero no dudó en presentarse. Fue ese año en que debutó Jackie Robinson y rompió la barrera racial en las Mayores. Una cosa que no gustó de Miñoso eran sus tiros a primera desde tercera, algo que era archiconocido, metía en ocasiones la bola en las gradas por su potente brazo, pero no exacto en puntería. Así y todo, bateó y enseñó sus condiciones, pero como dijo luego Miñoso, “me trataron como un pelotero de manigua”.

Su desempeño en 1948 no pasó inadvertido a los ojos del dueño de los Indios de Cleveland, Bill Veeck, el que no dudó en contratarlo y llevarlo a jugar en el Dayton, Liga Central (clase A), cuyo manager era Joe Vosmik. Allí jugó 11 partidos solamente y Veeck le preguntó sobre el desempeño del cubano a Vosmik, el que no dudó en responderle que ese pelotero estaba listo para batearle a cualquier lanzador en cualquier nivel. Vosmik refirió que en un juego le hizo seña a Miñoso de no hacer swing, pero el cubano no entendió y de inmediato sonó batazo de jonrón. Vosmik quedó confuso, por lo que al llegar Miñoso al dugout, le preguntó si no había visto su seña. Miñoso, siempre jocoso, sin saber la realidad, le respondió en su inglés chapurreado entonces: “Oh, sí, me mandó a batear, por eso le hice swing y di ese jonrón.”

Además de haber sido un extraordinario pelotero, Miñoso era persona de buen humor, bien llevado con sus compañeros de equipo, siempre concentrado en su juego en el terreno. Poco le importaba lo que pensara la afición en las gradas sobre su condición de negro, por eso, se puede decir, triunfó. Llegó a ser el primer latino negro en las Mayores y el primero en la franquicia de los Medias Blancas y en cualquier equipo de la ciudad de Chicago.

Los Indios de Bill Veeck no valoraron bien al cubano, el que rompió la liga con su juego y bateo con los Padres de San Diego, entonces equipo de la Costa del Pacífico (clase AAA). Miñoso era rápido y muy preciso deslizándose en las bases, Vosmik decía que en eso era perfecto. Ya en 1949 recibió 12 pelotazos con los Padres, su forma de batear, agachado y casi encaramado arriba del home, con su bate en alto, provocaba que mucho de lo que venía por dentro chocara contra su cuerpo. Les digo haber visto pelotazos cuando jugaba con el Marianao, que eran para tumbar a un monumento de piedra, y verlo salir campante hacia primera.

En 1951, con un mes ya de juego, Miñoso se desempeñaba en la primera base de los Indios, estaba bateando sobre .400, y vino el raro canje tripartito, que lo llevó a jugar regular al Comiskey Park de Chicago, pero como antesalista y jardinero. Al final de la temporada, la discriminación se hizo presente, Gil McDougald no fue mejor en nada sobre Miñoso, ah, pero era el antesalista de los Yankees en ese momento. McDougald quedó noveno en la votación para el MVP, Miñoso fue cuarto. Miñoso bateó .326 en la Liga en esa temporada, segundo en promedio ofensivo, McDougald bateó para .306 (23 dobles, 4 triples, 14 jonrones, 14 robadas y 63 empujadas, OPS .884). Miñoso- 24 dobles, 9 triples, 10 jonrones, 74 impulsadas, OPS .922. Había diferencia de color, pero también de rendimiento. Así y todo, la Asociación de Escritores de Béisbol de América le dio el premio de novato del año a McDougald, el que tuvo el extra de haber jugado en la Serie Mundial con el equipo campeón. Suerte que el Sporting News no era de la misma opinión y otorgó ese mérito al cubano, pero el que valía era el primero.

En cuanto al MVP, Yogi Berra se llevó el premio ese año, el que bateó para OPS de .915, donde se incluyen 19 dobles, 4 triples y 27 jonrones, con 88 impulsadas. Frank Lane, manager de los Medias Blancas en 1951, declaró abiertamente que Miñoso merecía ambos premios, el de novato y el de MVP, aparte de añadir que parecía que para ser premiado había que jugar en el equipo campeón.

Miñoso hizo historia y es un ejemplo para todos los cubanos que llegan a jugar en ese nivel. Entrenar, jugar y mostrar todo lo mejor de sí en cada juego. Solo así se triunfa.

Escrito por Esteban Romero, 14 diciembre de 2021

En una segunda entrega, se hablará de Pedro “Tony” Oliva.

Si desea saber más sobre Miñoso, les invito a leer: https://deportescineyotros.com/2015/09/20/las-vicisitudes-de-orestes-minoso/

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