“El mundo es lo suficientemente grande para
satisfacer las necesidades de todos, pero demasiado
pequeño para satisfacer la codicia de unos pocos.”
Mahatma Gandhi
Hay escenas que uno recuerda en filmes vistos en la infancia, una de ellas es ver a John Wayne echarse al mar en la búsqueda de perlas y permanecer debajo de la superficie del agua por varios minutos, probablemente ficción, pero que emociona. No recordaba toda la trama, por lo que era menester buscar con los elementos conocidos, en este caso protagonista y asunto de perlas.
Finalmente fue identificada y encontrada en YouTube, donde está disponible doblada al español o en su versión original en inglés. El título de la peli es “Wake of the Red Witch” (La ola de la bruja roja), red witch o bruja roja es el nombre del buque que capitaneaba un hombre (John Wayne) con malas pulgas, al parecer producto de su pasado. Un hombre sufrido y que no tenía contemplaciones con nadie. Era hábil nadando y capaz de sumergirse en el mar a varios metros de profundidad, conocía bien la navegación y las islas del Océano Pacífico, pero llevaba un dolor en su interior que le perseguiría por el resto de su vida.
La peli del director Edward Ludwig va relatando de manera racional la vida de este capitán de barco, su pasado y tratando de explicar la razón de su comportamiento. Era soberbio, no era de los que sentía lástima por el dolor físico ajeno, codicioso hasta cierto punto, pero mucho menos que aquellos que contrataban sus servicios, bien llevado con las tribus de las islas del Pacífico y desquiciado al conocer a su gran amor, personaje interpretado por la bella Gail Russell, actriz que conozco poco y no puedo hablar mucho de su carrera. Sí puedo afirmar que me gustó su actuación llena de feminidad y ternura.
Esos lares del Pacífico con abundancia de perlas en sus profundidades eran codiciados por los entes occidentales, los que establecían sus sucios negocios y traficaban con todo ese tesoro. Ellos poseían su propia flota, pero igualmente contrataban los servicios de otros buques con capitanes y tripulaciones diestros para navegar y transportar legal o ilegalmente los tesoros obtenidos.
El Capitán Ralls (John Wayne) conocía bien todo ese giro y se desenvolvía a su modo entre todos esos tiburones humanos, pero su vida cambió cuando conoció su verdadero amor, el que luego pareció desvanecerse por esas razones de la codicia ajena. Lo perdió materialmente, pero no en el plano sentimental. Siempre se amaron, así no estuvieran de acuerdo en determinados asuntos.
El romance de la peli es bonito, original en su narración, donde la ilusión de una vida eterna de dos enamorados nada lo puede obstaculizar, ni siquiera los caprichos de los ricos y codiciosos.
El desenlace se aparta de la siempre eterna sonrisa en el epílogo de la cinta. Es algo más real e ideal, la entrega por alcanzar aquello que no se logró en vida. Hay escenas en las profundidades del mar que son, a entender del que suscribe, ficción, lo cual dota a la peli de cierto grado de emoción. La aparición del pulpo gigante del Pacífico en una de esas partes lo hace a uno recordar las aventuras de Flash Gordon en el reino de los hombres tiburones. Ese molusco alcanza hasta 9 metros de longitud y un peso de más de 270 kg, son animales tímidos, solitarios y evitan el contacto con las personas. Los incidentes documentados son extremadamente raros y casi siempre ocurren porque el animal se sintió acorralado, pero la peli quiso exhibir a un supuesto monstruo.
La peli es al final entretenida, pero lo más destacado es la figura del capitán interpretado por John Wayne con bastante acierto y que se aleja de sus acostumbradas actuaciones en Oeste.
Esteban Hernández
25 junio 2026
