“La amabilidad en las palabras genera confianza.
La amabilidad en el pensamiento genera
profundidad. La amabilidad al dar genera amor.”
Lao-Tsé
Si el taoísmo prevaleciera en este mundo, es probable que viviéramos en paz y los pueblos y sus mandatarios se entenderían mejor. Comienzo con esta conclusión de lo que a continuación leerán.
Lao Tsé, llamado Maestro Lao o Viejo Maestro en chino, cuyo nombre original fue Wade-Giles, deificado como Lao Jun, Tai Shang Lao-Jun o Tai Shang Xuanyuan Huangdi, también llamado Lao Dun o Lao Dan, nació en el siglo VI a. C. (alrededor del 604 a. C.) en el antiguo Estado de Chu, correspondiente a la actual provincia de Henan, en China. Sin embargo, su figura está envuelta en leyenda y muchos eruditos modernos sugieren que pudo haber vivido en el siglo IV a. C.
A pesar de su importancia histórica, Lao-Tsé sigue siendo una figura enigmática. La principal fuente de información sobre su vida es una biografía incluida en el “Shiji” (Memorias del historiador) de Sima Qian. Este historiador, que escribió hacia el año 100 a. C., disponía de escasa información fidedigna sobre el filósofo. Según él relató, Lao-Tsé era oriundo de Quren, una aldea del distrito de Hu, en el estado de Chu; dicha ubicación se corresponde con la actual Luyi, en la parte oriental de la provincia de Henan. Su apellido era Li, su nombre propio, Er, y su apelativo, Dan. Ocupó el cargo de “shi” en la corte real de la dinastía Zhou (c. 1046–256 a. C.). Aunque hoy en día el término “shi” significa historiador, en la antigua China los shi eran eruditos especializados en disciplinas como la astrología y la adivinación, y estaban a cargo de los libros sagrados.
Lao-Tsé es considerado el primer filósofo del taoísmo y supuesto autor del “Tao Te Ching”, texto clásico chino del siglo VI a. C., aunque sus fechas están abiertas al debate. Su nombre procede de las palabras con las que empiezan cada una de sus dos partes: tào ‘el camino’, la primera del Capítulo 1, y té ‘virtud’, o ‘poder’, la primera del Capítulo 38, con el añadido ching, “libro clásico”.
Sin embargo, los estudiosos modernos descartan la posibilidad de que el “Tao Te Ching” fuera escrito por una sola persona, pero reconocen abiertamente la influencia del taoísmo en el desarrollo del budismo. Lao-Tsé es venerado como filósofo por los confucianos y como santo o dios en la religión popular, además de haber sido adorado como antepasado imperial durante la dinastía Tang (618–907).
Tras señalar el estado civil de Lao-Tsé, Sima Qiang procede a relatar un célebre pero cuestionable encuentro entre el anciano taoísta y el más joven Confucio (551–479 a. C.). Esta historia ha sido ampliamente debatida por los estudiosos; se menciona en otras fuentes, pero estas son tan incoherentes y contradictorias que el encuentro parece una mera leyenda. Durante la supuesta entrevista, Lao-Tsé reprochó a Confucio su orgullo y ambición, y Confucio quedó tan impresionado con Lao-Tsé que lo comparó con un dragón que se eleva hacia el cielo cabalgando sobre los vientos y las nubes.
No menos legendario es el viaje de Lao-Tsé hacia el oeste. Al percibir que la dinastía Zhou estaba en decadencia, el filósofo partió y llegó al paso de Xiangu, que servía de entrada al Estado de Qin. Yinxi, el legendario guardián del paso (guanling), le rogó que escribiera un libro para él. Entonces, Lao-Tsé redactó una obra dividida en dos partes y compuesta por 5.000 caracteres, en la que plasmó sus ideas sobre el “Tao” (literalmente, el camino) y el “de” (su virtud), o sea el ya mencionado Tao Te Ching. Después se marchó y nadie supo qué fue de él, afirmó Sima Qian.
Tras el relato del viaje de Lao-Tsé y la redacción del libro, Sima Qian aludió a otras personas con las que a veces se identificaba a Lao-Tsé, una de ellas era Lao Laizi, un taoísta contemporáneo de Confucio; otra fue un gran astrólogo llamado Dan. Sima supuso que Lao-Tsé vivió ciento cincuenta años; algunos dicen que más de doscientos. Los antiguos chinos creían que los hombres superiores podían vivir muchísimo tiempo, por lo que los taoístas atribuyeron a su maestro una longevidad extraordinaria. Sin embargo, es probable que se trate de una tradición más tardía, pues Zhuangzi, el sabio taoísta del siglo IV a. C., habla de la muerte de Lao-Tsé sin hacer hincapié en una longevidad inusual.
La vida de Lao-Tsé estuvo algo en la oscuridad, lo que se supone se debió a su doctrina de inacción, cultivar el estado de la calma interna y la pureza mental, dicho en otras palabras, propuso vivir en armonía con el Tao (el orden natural) a través de la simplicidad y el wu wei (la inacción). En efecto, a lo largo de toda la historia de China siempre ha habido ermitaños apartados de la vida mundana. El autor (o los autores) del Tao Te Ching fue probablemente una persona de este tipo, que no dejó rastro alguno de su vida.
Hoy se piensa que el Tao Te Ching, tal y como se conoce, no puede ser obra de un solo autor; algunos de sus dichos podrían remontarse a la época de Confucio, mientras que otros son indudablemente posteriores. Asimismo, se ha recuperado una versión del texto en un hallazgo arqueológico en Guodian que data de antes del año 300 a. C. Debido a estos hechos, algunos estudiosos han atribuido la autoría del Tao Te Ching al astrólogo Dan o Tan. Otros, en cambio, basándose en la genealogía de los descendientes del filósofo recogida en la biografía de Sima Qian, intentan situar la vida de Lao Dan a finales del siglo IV a. C. Sin embargo, difícilmente puede considerarse histórica dicha genealogía. El nombre Lao-Tsé parece representar más bien un tipo de sabio que a un individuo concreto.
A partir del siglo II d. C. se redactaron diversas hagiografías alrededor de la figura de Lao-Tsé, las que resultaron de gran interés para comprender la formación del taoísmo religioso. Durante la dinastía Han Oriental-o Han Posterior- (25–220 d. C.), Lao-Tsé ya se había convertido en una figura mítica venerada tanto por el pueblo como, en ocasiones, por el propio emperador. En los círculos religiosos, pasó a ser conocido como el Señor Lao (Lao Jun), revelador de textos sagrados y salvador de la humanidad. Existían varias historias sobre su nacimiento; una de ellas estaba influida por la leyenda del nacimiento milagroso de Buda. Se decía que su madre lo había gestado durante 72 años y que él había llegado al mundo a través de su costado izquierdo. Una leyenda explica el origen de su apellido, Li: el niño nació al pie de un ciruelo (li) y decidió que li (ciruelo) fuera su apellido. Dos leyendas cobraron especial importancia en las creencias taoístas. Según la primera, se creía que Lao Jun había adoptado distintas personalidades a lo largo de la historia y que había descendido a la tierra en varias ocasiones para instruir a los gobernantes en la doctrina taoísta. La segunda leyenda surgió a partir del relato del viaje de Lao-Tsé hacia el oeste; en esta versión, se sostenía que Buda no era otro que el propio Lao-Tsé. En el siglo III d. C. se redactó un libro apócrifo sobre este tema con el fin de contrarrestar la propaganda budista. Dicha obra, titulada “Lao-Tsé huhuajing” (La conversión de los bárbaros por Lao-Tsé), se presentaba al budismo como una forma inferior de taoísmo, por lo que fue condenada en repetidas ocasiones por las autoridades imperiales chinas.
Según artículo de la Nación (2026), la filosofía de Lao-Tsé nos aporta muchos consejos prácticos nos aporta, sobre todo en un mundo en el que los seres humanos tratamos siempre de encontrar una respuesta inmediata para resolver cada conflicto al instante, por lo que el análisis previo y mesurado se ha vuelto una práctica rara, y así nos dejamos arrastrar por nuestros impulsos. La filosofía de Lao-Tsé aconseja: “Ten paciencia. Espera a que el lodo se asiente y el agua corra clara. Permanece quieto hasta que la acción correcta surja”.
El método práctico antes situaciones complejas se divide en tres etapas:
- Contención del impulso. Lao-Tsé sugiere romper ese automatismo, postergando la respuesta para dar tiempo a que la intensidad de la emoción inicial disminuya, cediendo el lugar al pensamiento lógico.
- Habitar la quietud de forma consciente. En lugar de percibir la pausa como una pérdida de tiempo o una muestra de debilidad, debemos entenderla como un espacio de análisis y observación activa. Al distanciarse del conflicto por unas horas o incluso días, la perspectiva cambia notablemente, ya que esto permite identificar variables que antes pasaban desapercibidas.
- La acción surge de manera orgánica. Cuando el agua mental se aclara, la solución óptima se manifiesta con nitidez, reduciendo el margen de error y el arrepentimiento posterior. Además, este enfoque funciona como un remedio contra el estrés crónico, ya que nos enseña a disociar nuestro bienestar del caos externo a través de prácticas de atención plena y respiración.
Teóricamente, el taoísmo se define como una corriente de pensamiento metafísica, filosófica y espiritual que se centra en la búsqueda de la armonía absoluta con el Tao (traducido como «el camino» o «la vía»). Desde una perspectiva teórica pura, no se concibe como un sistema dogmático con códigos morales rígidos, sino como una descripción ontológica del universo basada en principios de espontaneidad, flujo natural y equilibrio dinámico.
El dinamismo del Yin y Yang, concepto teórico fundamental del taoismo, explica que el universo se compone de dos fuerzas opuestas, complementarias e interdependientes, que comprende la dualidad complementaria, o sea la realidad se explica a través de dos fuerzas primordiales opuestas pero interdependientes; la interconexión cíclica explica que nada es puramente absoluto; cada extremo contiene el germen de su opuesto, permitiendo que el universo cambie de manera constante y natural. La tercera fuerza es la conciliadora, que armoniza y equilibra la interacción entre ambos polos.
La praxis teórica del Wu Wei (inacción) se traduce en acción sin esfuerzo,pero teóricamente significa actuar en perfecta sintonía con el curso natural de las cosas; rechaza al control, omite y no admite la manipulación, el forzar las situaciones o la imposición de estructuras artificiales sobre la realidad. Por el contrario, propone la fluidez, traducido en flexibilidad y suavidad para vencer la rigidez, lo que figuradamente emula con el comportamiento del agua.
Lao-Tsé nunca ha dejado de gozar del respeto general en todos los círculos de China. Para los confucianos era un filósofo venerado; para el pueblo, un santo o un dios; y para los taoístas, una emanación del Tao y una de sus mayores divinidades.
Fuentes
Anon. 2015. Lao-Tsé. Encyclopædia Britannica Ultimate Reference Suite. Chicago.
Augustyn Adam. (s/a). Tao-te Ching. Encyclopædia Britannica. https://www.britannica.com/topic/Tao-te-Ching
Anon. 2026. Lao Tzu, filósofo chino: “Ten paciencia. Espera a que el lodo se asiente y el agua corra clara. Permanece quieto hasta que la acción correcta surja”. La Nación, 17 julio. https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/lao-tzu-filosofo-chino-ten-paciencia-espera-a-que-el-lodo-se-asiente-y-el-agua-corra-clara-permanece-nid11072026/
Duque Sara. 2006. Lao-Tsé, filósofo chino, sobre la clave para alcanzar la felicidad: “El que conoce a los demás es inteligente, el que se conoce a sí mismo es sabio”. The Objective, 15 julio. https://theobjective.com/lifestyle/2026-07-15/lao-tse-filosofo-chino-sobre-la-clave-para-alcanzar-la-felicidad-el-que-conoce-a-los-demas-es-inteligente-el-que-se-conoce-a-si-mismo-es-sabio/
Harper Collins. 1988. Dao De Jing. https://www.encyclopedia.com/religion/encyclopedias-almanacs-transcripts-and-maps/dao-de-jing
