«El chovinismo no es patriotismo;
el patriotismo es amor por el propio país,
el chovinismo es odio por el país de los demás.”
Robert Green Ingersoll
(filósofo, ensayista y político EE. UU.)
Había una vez un soldado del ejército napoleónico, de nombre Nicolás Chauvin, famoso por su devoción ciega al emperador a pesar de sus heridas y la derrota en batallas. Esa fe ciega llegó a llamarse chovinismo. Su popularidad se logró con la obra satírica La cocarde tricole presentada en teatro francés en 1831.
A Chauvin se le ve como un personaje inventado. No obstante, se supone que nació alrededor del 1780 en Rochefort, una localidad situada en el departamento de Charente Marítimo, al suroeste de Francia.
El chovinista es un xenófobo, el que piensa que lo suyo es lo mejor y que sus superiores son inmejorables, aunque no es más que la degradación del patriotismo y el peligro del aislamiento cultural. Muchos estudiosos lo vinculan con las raíces del imperialismo y el totalitarismo.
El chovinismo padece de muchos males, entre ellos el etnocentrismo radical o creencia ciega de que el grupo propio es superior en todo; nacionalismo idólatra, el que exalta lo propio y desprecia lo extranjero de forma sistemática; y el sesgo cognitivo, el que funciona como un prejuicio colectivo que anula la autocrítica social.
Este fenómeno negativo, del cual hay muchos contagiados en Europa y Norteamérica, también existe en países con sistemas totalitarios, donde sus fanáticos se dedican a defender políticas inaceptables y llegan hasta pelear contra aquellos que no piensan igual. En esos países totalitarios, los fanáticos entienden que lo extranjero es dañino y nada beneficioso.
Los regímenes nazi y fascista utilizaron el chovinismo como una herramienta clave para controlar a la sociedad, crear unidad y justificar sus políticas agresivas. Como instrumento les vino bien, ya que el chovinismo es un patriotismo extremo y agresivo consistente en creer que la propia nación o grupo es superior a todos los demás.
Benito Mussolini promovió la idea de revivir la gloria del antiguo Imperio romano, presentó a Italia como una potencia destinada a dominar el mar Mediterráneo y usó el orgullo nacional para eliminar los partidos políticos contrarios y silenciar las críticas.
Hitler llevó el chovinismo al extremo al mezclarlo con teorías raciales pseudocientíficas. Exacerbó el odio al extranjero al considerar a los alemanes de “sangre aria” como una raza superior y a otros pueblos como inferiores. A su vez, explotó el resentimiento por la derrota en la Primera Guerra Mundial para convencer a la población de que debían recuperar su honor.
Stalin, por su parte, abandonó la igualdad de culturas para posicionar al pueblo ruso como el “hermano mayor” y guía de las demás repúblicas soviéticas, impuso el idioma ruso y se reprimieron las lenguas, culturas e identidades locales de las minorías, se persiguió a minorías étnicas completas, como chechenos, tártaros o coreanos, mediante deportaciones masivas bajo la acusación colectiva de traición, y se exaltó a figuras del imperialismo zarista como Iván el Terrible o Pedro el Grande para fomentar el orgullo patriótico.
El estalinismo usó el chovinismo para unificar a la población frente a “enemigos externos” y justificar la represión interna. A diferencia del nazismo, que se basaba en la raza, el estalinismo justificaba su superioridad en base al éxito del sistema político y social soviético, aunque en la práctica actuara con un fuerte sesgo étnico ruso.
De esa corriente chovinista no se salva EE. UU., donde se ha manifestado históricamente a través del concepto de “excepcionalismo estadounidense” llevado al extremo, bajo la creencia de que el país tiene una misión única y una superioridad moral y política sobre el resto del mundo. Ha existido y existe la creencia de superioridad, doctrina que afirma que Estados Unidos está destinado por Dios a expandirse de costa a costa. Ha justificado la violencia, el despojo de tierras a los nativos americanos y la guerra contra México debido a una supuesta superioridad cultural y civilizatoria.
Un ejemplo claro de chovinismo fue el macartismo en la década de los 50. Esa campaña liderada por el senador Joseph McCarthy perseguía cualquier idea considerada “no estadounidense” y se equiparó la disidencia política con la traición a la patria, destruyendo las carreras de miles de ciudadanos, entre ellos artistas, bajo un patriotismo ciego.
Tampoco se puede omitir la existencia del supremacismo blanco en EE. UU. Grupos como el Ku Klux Klan o corrientes de extrema derecha fusionaron el chovinismo nacional con el racismo, afirmando que el verdadero estadounidense debe cumplir con ciertas características étnicas.
Tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, se consolidó un nacionalismo agresivo que justificó la invasión de Irak. Se rebautizaron las papas fritas (French fries) como Freedom fries (papas de la libertad) simplemente porque Francia se opuso a la guerra, mostrando un rechazo visceral a lo extranjero.
El chovinismo no llega a ser una corriente filosófica, ya que carece de sistema al no poseer un cuerpo analítico, una epistemología o una teoría del conocimiento. Surgió, como ya se dijo, de la sátira política y la comedia teatral, no de la academia o el debate conceptual, y posee un carácter irracional basado en el dogma emocional y el prejuicio, mientras que la filosofía busca la argumentación lógica.
No confundamos el nacionalismo común, que busca defender la identidad de un país, con el chovinismo radical que ataca a los demás basándose en una supuesta superioridad. El nacionalismo común se enfoca en el orgullo por la cultura, la historia y las tradiciones propias, igualmente defiende el derecho de un pueblo a gobernarse a sí mismo de forma independiente, admite que otras naciones también tienen derecho a su propia soberanía, y trabaja dentro del marco de la defensa y la preservación del propio Estado. Por el contrario, el chovinismo sostiene de forma ciega que la propia nación es perfecta y superior a todas las demás, justifica la hostilidad, la xenofobia y el desprecio hacia los extranjeros o minorías, rechaza cualquier error histórico y persigue a los ciudadanos que critican al gobierno, y suele derivar en el imperialismo, justificando la invasión de otros territorios por derecho de superioridad.
La humanidad debe luchar por la paz y el respeto entre las naciones. Una lucha sin cuartel contra cualquier manifestación de chovinismo servirá enormemente en estos empeños.
Fuentes
Delgado Daniel. 2020. ¿Qué es el chovinismo? Muy interesante, 26 agosto. https://muyinteresante.okdiario.com/historia/34973.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Fascismo_en_Espa%C3%B1a
Montenegro Arturo. 2004. El chovinismo y sus afanes. Centro Virtual Cervantes, El Rinconete, 30 junio. https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/junio_04/30062004_01.htm
Nigam Shalu. 2025. Of Nationalism, Jingoism, Othering, and Belongingness. https://www.researchgate.net/publication/392629611_Of_Nationalism_Jingoism_Othering_and_Belongingness
Ricardo Labrada
26 agosto 2026
