Visita a Croacia. I Split y cataratas Krka

Split, lugar donde la piedra cuenta miles de historias,
el aire huele a higueras y pinos, y en la mesa, el paladar
se contenta con auténticas delicias marineras.”
Palabras de un narrador sobre Split

Esta es una visita postergada dos veces, la última con boletos aéreos adquiridos. Todo fue a causa de ese “regalo” asiático, de nombre covid19. Gracias a las vacunas en el 2022 pudimos viajar al país del que conocía algo, ya que hube de visitar Zagreb, la capital de Croacia, en una misión muy breve de trabajo.

Habiendo oído y visto tanto hablar de Split y Dubrovnik, no quedaba más remedio de visitar estas urbes con mucha historia. Así que comienzo con Split y las vecinas cataratas en un primer de artículo de tres sobre lo visto en Croacia.

Un poco de historia, Split es la capital de Dalmacia, antigua provincia del imperio romano, donde nació un hombre de nombre Diocles, el que llegó lejos en su vida militar, y eso que era de familia pobre, lo que le valió escalar posiciones. Me dice Wikipedia que Diocles, cuyo nombre completo era Gaius Aurelius Valerius Diocletianus Augustus nació en el 244 y fue proclamado emperador por el ejército. Diocles persiguió intensivamente a los cristianos a partir del 303, tarea que continuaron sus sucesores, aunque todo terminó en el 324.

El emperador no estaba bien de salud y decidió abdicar en el 305, primer emperador en hacerlo. A su retiro se retiró de Roma a una zona costera al sur de Solin, donde se construyó el famoso palacio Diocleciano, toda una ciudadela amurallada, la que se conoció como Spalato hasta el inicio de la I Guerra Mundial.

Ese lugar donde se asienta el Palacio de referencia es conocido como Split, ciudad que bordea parte de la costa oriental del Mar Adriático. Para mi idea, casi de frente a Ancona del otro lado del Mar, en Italia.  

Split fue territorio dominado por el reino de Venecia, los húngaros, los austriacos, los turcos, en fin, siempre codiciado. Dicen en Croacia que, Marco Polo había nacido allí en la época del dominio veneciano, algo que ni afirmo o niego, ya que no tengo fuente para hacer una u otra cosa.

Veamos ahora que vimos allí, como siempre, no fue todo. El Peristilo es el centro del Palacio o plaza imperial principal, desde la cual Diocles lanzaba sus discursos. De por medio en el lugar, uno encuentra a un lado el Templo de Júpiter (ahora baptisterio) y del otro el museo arqueológico. La entrada al Templo nos permite ver ruinas romanas antiguas, otro tanto se puede decir del museo incluida esculturas.

Esta fortificación posee cuatro puertas, en ningún caso vi una indicación de que esta era la Puerta de Oro (al norte del Palacio), la de Plata (al este), la de Bronce o Aenea (al sur) y la de Hierro (al oeste), así que nos tocó adivinarlas en el lugar o luego revisando las fotos con otras existentes en Google. La de Oro es la entrada principal, mientras que la de Aenea da acceso a los sótanos del Palacio, donde hay varias tiendas de suvenires.

El cristianismo tuvo su aporte al convertir el mausoleo del Palacio en la Catedral de San Omnio (San Omnión o San Duje) en el siglo VIII, cuyo campanario, de 57 metros de altura, se terminó en el siglo XII y que con algún trabajo subimos hasta lo más alto para apreciar desde allí gran parte de la ciudad. En la sala de audiencias del Palacio se puede ver un gran agujero en lo más alto, el llamado Oculus.  Como ya apunté, el templo de Júpiter se convirtió en Baptisterio, igualmente obra del cristianismo.

El Palacio Dioclesiano sirvió como lugar para el rodaje del serial “Juego de Tronos”. Fue la cuarta temporada filmada allí compartida con Islandia.

Alrededor del Palacio hay calles interesantes, incluido bulevar, y una calle muy estrecha llamada Pusti me prodje, algo así como déjeme pasar por favor, además de bares, cafeterías y restaurantes, los que igualmente se extienden a lo largo del paseo marítimo o Riva, donde además del puerto-embarcadero, al salir del Palacio a la Riva encontramos el edificio de la autoridad portuaria a la izquierda y a la derecha la plaza en honor a Franjo Tudman, ex -guerrillero croata y líder militar, luego nacionalista y opositor del sistema imperante en la ex-Yugoeslavia. En esa misma plaza está la iglesia de San Francisco, construida en el siglo XVII y cuyo interior es de estilo barroco.

Hay otras plazas de interés y muy cerca del Palacio como son la República o Prokurative, la que me hizo recordar algo de la Plaza de San Marcos en Venecia por la similitud de los edificios circundantes. Está también la Plaza del Pueblo (Narodni), la que igualmente le llamaron Ancho de San Lorenzo en el siglo XIII. La otra, muy chula, por cierto, es la plaza de la fruta, aunque no vi cuando estuvimos allí venta de frutas al efecto.

La visita a Split nos dio gusto, pero no así el hospedaje, la mayoría caros en el verano. Si uno renta un auto no vale la pena hospedarse en Split. Hay un lugar cómodo y a poca distancia de esta ciudad, como lo es la isla Trogir, de la que hablaré en otra entrega sobre Croacia. Sea en Split o Trogir, debe saber si el lugar a hospedarse posee puesto para aparcar, algo allí no muy abundante como en otras ciudades europeas.   

Después de visitar Split nos dispusimos a viajar, con ida y regreso en el día, a las cataratas Krka, a 84 km de Split. Nuevamente el GPS nos llevó por una carretera accidentada y uno ingenuamente siguió las instrucciones, sin darnos cuenta de la existencia de una buena autopista con peaje, nada caro, la que descubrimos y tomamos al regreso hasta la isla Trogir.

Bellas cataratas, 17 saltos que terminan en una especie de piscina gigante, donde antes se permitía el baño a los turistas, ahora no. Uno llega al lugar, aparca gratuitamente, y se dirige a comprar los boletos de entrada, los que igualmente sirven para montar el bus que nos lleva a los alrededores de las cataratas, pero ahí no termina todo, hay que caminar por senderos arriba y abajo hasta llegar a este paraíso, parque natural.

Después de la visita en un día caluroso y soleado, nos dirigimos sin rumbo a ver algún que otro poblado en las cercanías de las cataratas. Lo que más me llamó la atención fue la tranquilidad existente, las personas muy amables, todas tratan de hablar inglés y listas para guiarlo a uno. Solo una persona, era un camionero, me habló en croata. Le respondí en ruso, no sé si llegó a entenderme.

En una próxima entrega hablaré de Dubrovnik, la siguiente urbe de visita en Croacia.

Ricardo Labrada
12 marzo de 2023

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