“El vínculo sueco (2026)” en la II Guerra Mundial

Quien controla el pasado controla el futuro.
Quien controla el presente controla el pasado.”
George Orwell

Este es el tipo de filme que debiera abundar, o sea aquel que muestra las verdades de la historia, las verdades encubiertas o las falsedades edulcoradas.

De toda la vida hasta hace un par de años hemos oído hablar de la neutralidad de Suecia, política iniciada en 1814, tras el fin de la guerra sueco-noruega, conflicto que marcó la última vez que el país nórdico participó activamente en una guerra armada.

Un país puede declararse neutral y eso no es impedimento para que una potencia la agreda o la invada, como hizo la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial con otros países de Europa. Sin embargo, hubo dos naciones neutrales que Alemania no tocó. Ellas fueron Suiza y Suecia.

En el caso de Suiza, este país no fue invadido debido a una combinación de conveniencia económica, disuasión militar y geografía hostil. Aunque Adolf Hitler despreciaba profundamente al pueblo y al sistema político suizo, y el alto mando alemán llegó a diseñar un plan de invasión detallado llamado Operación Tannenbaum, el ataque nunca se ejecutó debido a que Alemania utilizó intensamente a los bancos suizos para blanquear el oro robado a los bancos centrales y a las víctimas de los países ocupados. Suiza le permitía a Alemania comprar materias primas estratégicas en mercados internacionales y comerciar con el resto del mundo y las fábricas suizas suministraban armas e instrumentos de precisión a la maquinaria de guerra nazi. El sur de Alemania dependía en gran medida de la electricidad generada por Suiza.

En el caso de Suecia, el país nórdico ya le proporcionaba voluntariamente todos los recursos estratégicos que necesitaba, haciendo que una campaña militar de ocupación fuera completamente innecesaria, costosa y contraproducente. Suecia exportaba a Alemania entre 8 y 10 millones de toneladas de hierro al año, esenciales para la fabricación de sus tanques, cañones y municiones. De haber Hitler invadido Suecia, el hierro corría el riesgo de no ser suministrado o reducido su abastecimiento. También Suecia permitió que más de dos millones de soldados alemanes utilizaran sus vías de tren para trasladarse hacia la Noruega ocupada y el frente de Finlandia durante la invasión de la Unión Soviética. Además de materias primas, empresas suecas como SKF vendieron a Alemania millones de rodamientos de bolas de precisión, un componente crítico para los motores de aviación y vehículos de la Wehrmacht.

Suecia temía la invasión a pesar de todos estos favores y era muy cuidadosa con su relación diplomática con la Alemania Nazi. Así que, si no molestaba, sino que suministraba y permitía, no era negocio invadirla por Alemania.

La presente peli, dirigida y con guion de Thèrése Albeck y Marcus Olsson, nos muestra los vaivenes de la política sueca con la Alemania nazi. En los inicios de la guerra, la postura con respecto, incluso con los suecos judíos, de indiferencia y acatamiento de lo que dijeran las autoridades alemanas. El cumplimiento era vertical. Todo lo que se dijera sobre los abusos de los alemanes con los judíos, se entendía por las autoridades suecas como rumores infundados.

Gösta Engzell era el Jefe del Departamento Jurídico del Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia. Su oficina tenía el control absoluto sobre la emisión de pasaportes y visados de inmigración. Él se comportaba como el resto, no le daba importancia a la inmigración judía, lo cual comenzó a cambiar con la entrada en su oficina de una alemana de nombre Rut Vogl, la que luchó desde un inicio porque las cosas cambiaran. Lo que muchos no sabían es que ella era alemana-judía. No obstante, si bien ella concientizó a ese departamento, la labor emprendida por Engzell fue muy meritoria al poner todo su ingenio en favor de la causa de los judíos, al inicio suecos, luego todos los afectados en Europa. El empujón a una nueva actitud se debió al saber de las atrocidades del Holocausto y de las deportaciones en la vecina Noruega ocupada. Mucho de lo que hizo fue secretamente desde su despacho en Estocolmo.

Engzell aprovechaba vacíos legales para emitir pasaportes provisionales y documentos de protección suecos a ciudadanos extranjeros (principalmente de Noruega y Dinamarca) bajo el pretexto de que tenían familiares, negocios o «conexiones» en Suecia. También convocó una rueda de prensa sin la autorización de sus superiores proneutrales. En ella, anunció que Suecia revocaba los requisitos de visado y abría sus fronteras a todos los refugiados judíos.

El filme nos va reseñando como cada ente del gobierno reaccionaba a cada una de las iniciativas de Engzell, el desagrado por parte de las autoridades nazi. Se estima que las acciones burocráticas iniciadas o respaldadas por Engzell y su equipo resultaron en el rescate de entre 30 000 y 40 000 personas.

Muy acertada la actuación de Henirk Dorsin como Engzell y de Sissela Benn como Ruth Vogl así como el resto del reparto de esta peli, la cual está disponible en la plataforma de Netflix.

Aconsejo a aquellos interesados en conocer una historia verdadera como está presentada en este drama, no dejar de ver el filme, el cual al inicio parece una comedia, pero no lo es. La seriedad de la trama va aumentando en la medida que avanza la cinta.

Esteban Hernández
3 junio 2026

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