“Mi corazón se ha vuelto capaz de acoger cualquier forma: es
pasto para las gacelas, templo para los ídolos, una sinagoga
para las tablas de la Torá y la Kaaba para el peregrino. Sigo
la religión del Amor: allá donde vayan sus cabalgaduras,
el Amor es mi religión y mi fe.”
Ibn Arabi (Místico y filósofo sufí andalusí, 1165–1240)
Esta vez es para hablar de una novela llevada al cine, cuya trama es sumamente sugerente. El argumento es del libro del escritor francés Eric-Emmanuel Schmitt, también guionista del filme, mientras que la dirección corrió a cargo de François Dupeyron.
Les puedo asegurar que el filme es muy fiel al libro, el cual me leí con mucho interés desde el inicio, donde el relato es sobre la relación entre un adolescente judío y un comerciante islámico. Al inicio uno piensa que es árabe, pero al final se descubre que era turco.
El adolescente vivía con su padre, el cual era una persona que no es que tratara bien a su hijo, al que le mentía en su pasado. Le inventaba hermano inexistente y obligaba al hijo a que hiciera todos los quehaceres de la casa, mientras que él trabajaba en oficina.
Leyendo la novela uno asume que él turco llegó a sentir afecto por el adolescente Moisés, al que llamaba cariñosamente Momo. Por su parte el joven judío tomaba el trato del turco Ibrahim con alguna reserva. A fin de cuentas, él era judío, aunque no practicaba religión, mientras Ibrahim gustaba leer el Corán.
Esa desconfianza fue desapareciendo. Momo le robaba productos en venta a Ibrahim y creía que el turco no sabía nada, lo cual no era cierto. Ibrahim, con esa sabiduría por su edad y vivencias, le iba dando lecciones de la vida a Momo.
Ibrahim sabía que Momo estaba en la edad de la pubertad cuando el niño comienza a sentir deseos carnales. Vivían en un barrio de París, justamente en una barriada repleta de prostitutas. Así, Momo no dudó en robarle a su padre algunos francos para así poder acostarse con una de esas rameras y aprender cómo se hacía el sexo. Ibrahim observaba todo y sabía casi todo lo que Momo hacía. Sentía cierta lástima por una persona huérfana de madre, al menos eso es lo que le decía su padre, y también la vida solitaria del adolescente sin ninguna guía en la vida.
El turco logró romper barreras entre judío e islámico y se ganó la confianza del chico, le ayudaba económicamente y le confiaba sus conocimientos adquiridos. El desarrollo ulterior de esta relación y su epilogo lo dejo para que lo encuentren, bien leyendo el libro o viendo el filme, disponible gratuitamente en YouTube, toda una enseñanza de algo que se debe recuperar por el bien la humanidad.
No se puede olvidar que históricamente árabes y judíos vivieron en muchos barrios de Europa con buen entendimiento y paz. Teorías raras, realmente xenófobas, han alimentado la discordia entre unos y otros en el pasado reciente y en el presente. Cada uno tiene sus costumbres y cultura, lo cual no impide que exista comprensión y hasta amistad. Eso es lo precisamente uno supone que buscaba el escritor Eric-Emmanuel Schmitt con su libro.
La peli es protagonizada por Omar Sharif, un excelente actor de todos los tiempos, quien interpretó el papel de Ibrahim, mientras que el joven actor francés Pierre Boulanger encarnó a Moisés (Momo).
Esteban Hernández
28 setiembre 2026
