“Las políticas de los talibanes de segregación de
género y la exclusión sistemática de las mujeres
de la educación, empleo y vida pública, constituye un
apartheid de género y crímenes contra la humanidad.”
Richard Bennett (Relator especial de la ONU
en derechos humanos en Afganistán)
La obra de referencia de la escritora canadiense Deborah Ellis es una evidencia clara de la vida en Afganistán gobernada por los talibanes, donde la mujer vale nada realmente.
Ellis describe las vicisitudes de las mujeres en esa sociedad, donde además de tener salir con cuanto trapo se le ordenaran vestir, no debían hacerlo solas, siempre acompañadas de su marido u hombre de familia. En las normas de los talibanes, la mujer no tiene derecho a escuela y a aprender, y casi todas las actividades en público quedan reservadas para los hombres.
El libro describe el desastre de un país salido de la ocupación soviética, donde los talibanes, con ayuda occidental en armamentos, obtuvieron la victoria en la capital, Kabul, y los sitios más cercanos. A inicios de 1989, quedaban ciudades al norte aún por ocupar, como era el caso de Mazar-i-Sharif, lugar muy próximo a la frontera con la entonces república soviética de Uzbekistán, por lo que gran parte de la población trataba de llegar a Mazar huyendo de la intolerancia de los talibanes. Eso fue lo que hizo al final la familia protagonista de esta novela.
La familia que aquí se describe era de padres profesores y niñas preparadas, residentes en Kabul. El padre era persona indeseable por ser hombre culto, por lo que su casa fue invadida por talibanes para apresar al profesor y llevarlo a la prisión sin más cargos que ser persona leída y culta.
Una casa sin hombre es un serio problema en Afganistán. Las mujeres y niñas tuvieron que buscar las vías para poder sobrevivir. La formula fue convertir a una de ellas en varón. Se le cortaba el pelo y se le vestía como a un chico. Era así como podía ir sola a la ciudad a vender cositas o a servir de lector a los miles de analfabetos con cartas recibidas del exterior, y también a comprar los víveres para la casa.
Aunque la obra se centra en la violencia de los talibanes, sin entrar en detalles, dejaba algo al descubierto lo que era Afganistán monárquico, reinado que duró 226 años, desde la fundación del Estado afgano en 1747, aunque el último rey de Afganistán, Mohammad Zahir Shah, logró promulgar una nueva constitución en 1964, la cual otorgó el derecho al voto a las mujeres por primera vez en la historia del país, permitiéndoles además presentarse como candidatas a cargos públicos. Los talibanes en aquel momento no existían, estos fueron un producto de la injerencia soviética iniciada a finales de la década de los 70.
Esta obra recorre buena parte de las dificultades de las familias afganas con la llegada al poder de los talibanes, los que no se inhibían para golpear a cuanta persona fuera considerada enemiga, incluso mujeres que se salieran de las nuevas normas de intolerancia establecidas.
Cuando esas cosas suceden, a los ciudadanos no les quedan muchas opciones. La primera es rebelarse, pero para ello necesita de un movimiento y recursos, algo difícil de planear después de una prolongada guerra entre talibanes y soviéticos. La segunda era emigrar, podía ser al norte aún en manos de fuerzas pro soviéticas, o al extranjero.
Como ya se indicó la familia emigró a Mazar, por donde pasaron los contingentes acantonados y los convoyes soviéticos en los primeros días de febrero de 1989. El puente aéreo de suministros militares y logísticos que operaba en el aeropuerto de la ciudad se clausuró progresivamente, culminando con el cruce total de las fuerzas por el Puente de la Amistad el 15 de febrero de 1989. La ciudad quedó bajo el control del gobierno afgano pro soviético de Mohammad Najibullah, el cual se mantuvo de manera precaria hasta la primavera de 1992, cuando las milicias uzbekas lideradas por Abdul Rashid Dostum se rebelaron y tomaron la ciudad por completo. Es justamente en este momento en que la hija adolescente en Kabul conoce de la toma de Mazar y supone que su familia haya sido arrestada o muerta.
Llegado al punto anterior, la adolescente y su padre, todo golpeado y liberado de la prisión, decidieron moverse a Mazar a fin de recuperar a sus familiares o ayudarles según fuera el caso.
Nada que ver con el contenido del libro, los talibanes volvieron al poder el 15 de agosto de 2021, cuando capturaron la capital, Kabul, tras una fulminante ofensiva que coincidió con la fase final de la retirada de las tropas de Estados Unidos. La ocupación foránea de un territorio no es nunca deseable, pero viendo lo que se sabía y se avecinaba, uno se pregunta de qué valió, cuando miles de soldados de Europa, Norteamérica y Afganistán perecieron, y regresó al poder la intolerancia y la opresión absoluta sobre la población femenina.
Nota: muchos datos históricos, los que no aparecen en el libro, son aportados por el autor de este artículo a fin de aclarar en qué momento ocurren los hechos descritos en la guerra.
Ricardo Labrada
6 octubre 2026
